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Randolph Bray y la industrialización de la animación
Publicado el 20 - Jul - 2013
 
 
 
 

Por Christian Bermejo (@bermejo)

Cuando hacemos referencia a la historia de la animación hay pasajes que siempre toman un plano protagónico: las sombras chinescas, el zoótropo, los pioneros de las técnicas y maestros de la animación como Hayao Miyazaki, Ray Harryhausen o incluso Walt Disney. Quizá se deba a la visión romántica y artística que tenemos de la animación, pero hasta hace unos años, poco crédito se le daba a los visionarios detrás del negocio de la animación. Una razón por esta “negligencia histórica” puede ser que algunos empresarios con el tiempo mostraron que su interés en desarrollar la animación era completamente económico, y lo abandonaron en cuanto se presentó otra oportunidad de negocio. Aún cuando este es el caso de John Randolph Bray, su terquedad y aporte a la formación de la industria de animación lo pone en los reflectores de esta historia.

Hacia el inicio del siglo XX, era evidente el poder de la animación como medio para transmitir mensajes. Pero su manufactura era completamente artesanal. Industrias multimillonarias en crecimiento como la publicidad, la propaganda militar, la farmacéutica o el entretenimiento, podían oler el potencial, pero comisionar obras resultaba un proceso lento y frustrante. Con el gran brinco tecnológico del cine y la producción audiovisual de la época, la animación debía evolucionar o estaría condenada a ser simplemente una atracción sin potencial comercial.

Randolph Bray comenzó su carrera como ilustrador y caricaturista para periódicos en Detroit y Nueva York. Se independizó, y sus primer éxito llegó con la tira cómica de The Teddy Bears. Experimentó en los siguientes años (alrededor de 1910) con diversas técnicas para poder animar sus dibujos e ilustraciones. Al descubrir las técnicas de full animation (dibujar 30 cuadros por segundo) que estaban usando los animadores de la época, llegó a la conclusión de que este método era un proceso muy costoso y representaba demasiado trabajo para poder producir las ideas que tenía en mente. En 1913 estrenó The Artist’s Dream, donde implementó una técnica para usar el mismo fondo en un plano por separado y los dibujos animados sobre acetatos transparentes al centro, en otro plano. De esta forma no debía dibujar los fondos en cada cuadro. Patentó está técnica incluyendo el manejo de cámara y velocidad de captura/reproducción. Esto significó su primer éxito comercial gracias al pago de regalías y un primer paso hacia la industrialización de la animación.

No fue el primer artista en usar animación de acetato (cell animation, origen de la animación tradicional) pero sí el pionero en su uso comercial. Al mismo tiempo y no muy lejos de ahí, Max Fleischer trabajaba en el desarrollo de la rotoscopía y Winsor McCay hacía lo propio con sus propias técnicas de animación para poder realizar sus trabajos animados en menos tiempo. En 1914 reunió a un grupo de artistas para realizar Colonel Hezza Liar in Africa y convertirse en el primer director de animación con distribución comercial. Existen reportes de que se hizo pasar por periodista ante Winsor McCay y lo visitó durante la producción del histórico Gertie the Dinosaur. Se encontró con un McCay que fue muy abierto en cuanto a sus técnicas de animación, mismas que Randolph Bray patentó como propias. Incluso intentó demandar a Winsor. Son este tipo de acciones del businessman de animación que le restan simpatía entre los historiadores y los fans del mundo animado. Es que meterse con un ícono como Winsor McCay son palabras mayores.

Hacía 1920 Randolph Bray produjo The Debut of Thomas Cat, considerado el segundo filme animado completamente a color (el primero fue Pequeño Nemo, 1911, de Winsor McCay). Después del establecimiento de su propio estudio, sus patentes y técnicas le permitieron gozar de gran éxito en los siguientes años. Trabajó con estudios del tamaño de Paramount Pictures. Durante la Primera Guerra Mundial fue comisionado por la industria militar para realizar animación in house para la milicia, así como propaganda para el público. En esta etapa trabajó, muy a su disgusto, al lado de los hermanos Fleischer para poder usar su rotoscopio. De esta forma grababan video de referencia y podían dibujar y animar secuencias fluidas para poder cumplir con sus cuotas de animación. Poco tiempo después encontró que en las patentes había un negocio más rentable y poco a poco hizo de sus esfuerzos en innovaciones técnicas y desarrollo tecnológico un motor económico.

Genio y figura, John Randolph Bray marcó el inicio la industrialización de la animación... un camino resbaladizo donde lo seguirían hombres como Max Fleischer, Walt Disney o Hanna Barbera en los siguientes años.




TAGS Hayao Miyazaki, Ray Harryhausen, Walt Disney, John Randolph Bray, The Teddy Bears, The Artists Dream, Max Fleischer, rotoscopía, Winsor McCay, Colonel Liar in Africa, Winsor McCay, Gertie the Dinosaur, The Debut of Thomas Cat, Pequeño Nemo, Winsor McCay, Paramount Pictures
 
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