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CINICIADOS > ANIMACION
 
FICHA TÉCNICA
Metegol
Metegol
 
Argentina, España
2013
 
Director:
Juan José Campanella
 
Con:
(Voces) Irene Azuela, Alfonso Herrera
 
Guión:
Juan José Campanella, Eduardo Sacheri
 
Edición:
Juan José Campanella, Abel Goldfarb
 
Música
Emilio Kauderer
 
Duración:
107 min.
 

 
Metegol
Publicado el 23 - Nov - 2013
 
 
  • Dirigir un largometraje de animación puede resultar un acción abstracta muy ajena a las responsabilidades acostumbradas para un director de cine de acción real, por la manera en que se construyen las escenas segundo a segundo. Campanella se muestra cómodo en su debut con el recurso de contar a través de la animación.  - ENFILME.COM
  • Dirigir un largometraje de animación puede resultar un acción abstracta muy ajena a las responsabilidades acostumbradas para un director de cine de acción real, por la manera en que se construyen las escenas segundo a segundo. Campanella se muestra cómodo en su debut con el recurso de contar a través de la animación.  - ENFILME.COM
  • Dirigir un largometraje de animación puede resultar un acción abstracta muy ajena a las responsabilidades acostumbradas para un director de cine de acción real, por la manera en que se construyen las escenas segundo a segundo. Campanella se muestra cómodo en su debut con el recurso de contar a través de la animación.  - ENFILME.COM
  • Dirigir un largometraje de animación puede resultar un acción abstracta muy ajena a las responsabilidades acostumbradas para un director de cine de acción real, por la manera en que se construyen las escenas segundo a segundo. Campanella se muestra cómodo en su debut con el recurso de contar a través de la animación.  - ENFILME.COM
  • Dirigir un largometraje de animación puede resultar un acción abstracta muy ajena a las responsabilidades acostumbradas para un director de cine de acción real, por la manera en que se construyen las escenas segundo a segundo. Campanella se muestra cómodo en su debut con el recurso de contar a través de la animación.  - ENFILME.COM
  • Dirigir un largometraje de animación puede resultar un acción abstracta muy ajena a las responsabilidades acostumbradas para un director de cine de acción real, por la manera en que se construyen las escenas segundo a segundo. Campanella se muestra cómodo en su debut con el recurso de contar a través de la animación.  - ENFILME.COM
 
 
por Christian Bermejo

Por Christian Bermejo (@bermejo)

Un filme argentino de futbol animado, dirigido por un director ganador del Oscar por Mejor Película Extranjera (El secreto de sus ojos, 2009), parecía una fórmula exitosa. La realidad es que Metegol ha superado todos los pronósticos. La dirección de Juan José Campanella (que también dirigió episodios de Dr. House y 30 Rock) y un presupuesto de 21 millones de dólares pusieron la barra alta para este ambicioso proyecto. Luego de un verano de largometrajes de animación que en su mayoría fueron visualmente atractivos pero poco pudieron conectar con el público, Metegol encontró en su historia y personajes un delicado balance de una estructura narrativa simple y fácil de seguir con una dosis humor lo suficientemente interesante para mantenerte enganchado en la acción y una profundidad en la manera de abordar los temas que la inyectan de originalidad. Dirigir un largometraje de animación puede resultar un acción abstracta muy ajena a las responsabilidades acostumbradas para un director de cine de acción real, por la manera en que se construyen las escenas segundo a segundo. Campanella se muestra cómodo en su debut con el recurso de contar a través de la animación.

El guión de Metegol fue realizado junto con  la mancuerna  de Campanella, el escritor Eduardo Sacheri, con quien también coescribió El secreto…, y está inspirado en el cuento “Memorias de un wing derecho”, de Roberto Fontanarrosa. Está construido a partir de diversas capas que logran atraer la atención de niños, niñas y adultos, quizá porque tanto Sacheri como Campanella entienden que “el fútbol no es sólo fútbol”, sino una serie de sentimientos –vinculados a la satisfacción y a la pérdida– que se desprenden de él. Considerando que Campanella no es un gran aficionado al fútbol, lo que le interesa es el tipo de relaciones humanas que establecen los personajes, incluso aquellos que no son propiamente humanos; por ejemplo, los muñecos de plomo que representan a los jugadores en el futbolito que crean relaciones de solidaridad y rivalidad entre ellos, en una dinámica muy parecida a la que ya habíamos visto con la trilogía de Toy Story.

La historia aborda la vida de Amadeo, un joven que vive en un pueblo pequeño, lleva una vida sencilla y rutinaria, y cuya más elaborada distracción es pasarla bien en el bar. Está enamorado en secreto de Laura y juega futbolito como nadie. Cuando crece, él sigue en el mismo lugar mientras que Grosso, un fastidioso chico, se ha convertido en el más exitoso futbolista de la orbe. Este joven estrella regresa a su terruño amenazando con alterar la paz y clamando venganza por la humillación sufrida tiempo atrás sobre la mesa de futbolito por Amadeo. Nuestro protagonista encuentra en un grupo de jugadores del lugar, aliados para poder enfrentar el desastre por venir.

La película está llena de “sabor latino” en las costumbres y conversaciones de un pequeño pueblo, pero tiene cuidado de nunca regionalizar demasiado las acciones al no revelar su ubicación real, quizá para contribuir a la universalidad del discurso. Tampoco sobreexplota la pasión por el futbol o la tradición del futbolito; nunca se obsesiona por convertirse en una película deportiva. Permite fluir la historia hacia un desenlace que, aunque predecible, transita por un camino muy disfrutable con momentos cómicos que acompañan los incidentes dramáticos de los personajes; como la veteranía del Capi –el goleador, el líder del equipo de futbolito, que mantiene una relación muy cercana con Amadeo y es capaz de percibir las dificultades (más allá del fútbol) a las que se enfrenta el joven– ,  los momentos filosóficos del ‘Loco’ –que tiene una apariencia física asociada a un hippie (principalmente por su cabello largo y con rastas), y siempre se muestra apacible y sereno, nunca se desespera, y trata de ayudar y motivar a sus compañeros cada que lo necesitan– o el carisma de Beto –un delantero rubio, preocupado muchas veces por el reconocimiento, el aplauso y la apariencia física, y sin embargo, un personaje noble también dispuesto a colaborar con sus compañeros– . La lucha sobre el campo se vuelve una metáfora del rescate de los valores del pequeño pueblo ante la industrialización del mundo.  Más que una contienda de la tradición contra el progreso, es la pelea por no perder lo propio; el arrogante Grosso tiene fama, fortuna y es el mejor jugador ¿para qué regresa a un humilde pueblo? Para evidenciar y demostrar su poder. Ante ello, Amadeo reúne a varios de los habitantes que han crecido y vivido durante muchos años en ese lugar; un cura, un ladrón, un policía, un vagabundo, el dueño del bar donde trabaja Amadeo, entre otros. Todos ellos –sin condición física, un nulo conocimiento de estrategias, y sin la técnica suficiente para practicar un deporte aparentemente sencillo– están dispuestos a enfrentar a un equipo de atletas y profesionales llenos de dinero y fama. Estos últimos no se juegan nada, sólo el simple capricho de humillar al débil. Como si se tratara de David contra Goliat, el campo de juego se vuelve el único escenario posible y verosímil donde el pobre puede obtener el triunfo, incluso a pesar de los empresarios mercenarios que lucran con el talento de los otros. Quizá, esa sea una de las razones por las cuales el fútbol goza de millones de aficionados alrededor del mundo.

La calidad técnica y artística de la animación ha sido la más agradable sorpresa. Su presupuesto fue algo sin precedentes para Argentina, e incluso para América Latina, sin embargo, aún es muy bajo para los estándares internacionales. Pese a ello, explota sus recursos con agradables visuales, con la textura de los materiales de los personajes y del escenario que apreciamos en múltiples close-up’s y secuencias que parecen explícitamente diseñadas para ello, algo muy típico en películas animadas. Uno de las grandes complicaciones de hacer un largometraje animado es el acelerado avance de la tecnología al tiempo que el reloj corre y un mal manejo de los recursos tiene como consecuencia que el presupuesto se salga de control o que la película se sienta “vieja”, pero ese no es  el caso de Metegol. Durante su paso por Cannes dejó impresionados a países de fuerte tradición en animación, como Corea, por el bajo presupuesto y buena calidad.

La película reserva la animación más fluida y complicada para las escenas de acción y se toma pequeñas pausas para que el espectador pueda apreciar el trabajo del desarrollo visual. No es casualidad: contó con consejeros de mucha experiencia, como el animador y veterano ex Disney, Sergio Pablos (Mi villano favorito, 2010). Aunque la contratación de estrellas no siempre ha sido garantía en el pasado, en este caso, la clave del éxito fue contratar supervisores importantes con experiencia en Pixar y en producciones de Hollywood para puestos claves y combinarlos con animadores emergentes para mantener los presupuestos. Juan José Campanella se ha dedicado desde tiempo atrás a los efectos visuales con su productora 100 Bares y fue parte de la base del departamento de animación. Evidentemente, Metegol no pondrá en jaque a las costosas producciones de las casas de animación estadounidenses. Pero sí sienta un precedente favorable sobre los alcances de la calidad de las producciones latinoamericanas tanto en la forma, en el fondo como en el número de espectadores.

TAGS Metegol, Juan José Campanella, Eduardo Sacheri, Abel Goldfarb, Emilio Kauderer, Irene Azuela, Alfonso Herrera, animación, fútbol, trailer
 
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