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FICHA TÉCNICA
Badlands
Malas tierras
 
Estados Unidos
1973
 
Director:
Terrence Malick
 
Con:
Martin Sheen, Sissy Spacek, Warren Oates
 
Guión:
Terrence Malick
 
Fotografía:
Tak Fujimoto, Stevan Larner, Brian Probyn
 
Duración:
94 min.
 

 
Malas tierras
Publicado el 11 - May - 2011
 
 
  • Terrence Malick ?haciendo eco voluntario o involuntario de Flaubert? notó alguna vez que la nostalgia puede destruir casi cualquier historia, y que era ella el mayor enemigo cuando filmó una película como Badlands (1973).  - ENFILME.COM
  • Terrence Malick ?haciendo eco voluntario o involuntario de Flaubert? notó alguna vez que la nostalgia puede destruir casi cualquier historia, y que era ella el mayor enemigo cuando filmó una película como Badlands (1973).  - ENFILME.COM
 
 

Badlands

Por Gabriel Lara 

Lovers on the run

Terrence Malick –haciendo eco voluntario o involuntario de Flaubert– notó alguna vez que la nostalgia puede destruir casi cualquier historia, y que era ella el mayor enemigo cuando filmó una película como Badlands (1973), situada veinte años atrás. Malick, sin embargo, halló un secreto para contrarrestarla: eligió un tono de cuento de hadas, desapegado, enrarecido.

Badlands no puede arrancar con más encanto y su premisa no puede ser más jugosa: un basurero en sus veintes (Sheen) aborda a una pelirroja adolescente (Spacek) mientras juega twirling afuera de su casa. El amor –una extraña variante del amor– nace entre ambos, pero el padre de ella (Oates) se opone. Kit toma una pistola y lo mata frente a su hija; incendian la casa y huyen. A pesar de buscar el aislamiento en el pantano y en el desierto (el Parque Nacional Badlands, en Dakota del Sur), cometen varios crímenes más: cazarecompensas, amigos y policías mueren en el camino. Cuando Kit, al ser arrestado, afirma que podría contener a un ejército si le dieran una colina y suficientes municiones, le creemos: es un gran guerrillero. Con toda seguridad, Coppola estaba tomando nota para el casting de Apocalipsis ahora (1979). 

Badlands utiliza la fórmula de lovers on the run, hasta entonces ensayada breve pero felizmente en el cine: por Sam Peckinpah en La huida (1972), por Nicholas Ray en Los amantes de la noche (1949) y por Arthur Penn enBonnie y Clyde (1967). (Hacer la historia de esta fórmula a partir deBadlands ha de ser agotador, pero podría continuar en el 74, con Ladrones como nosotrosde Robert Altman). Es probable que Malick tomara prestado más de un elemento de Bonnie y Clyde. El agradecimiento en los créditos finales al jefazo Arthur Penn es una pista. También podría serlo el dejo aliterativo entre los nombres de los personajes de cada película: Bonnie / Holly y Clyde / Kit. Ok, esto último es discutible, pero no el recurso del slide show inicial de Bonnie y Clyde que aparece –aunque más enigmáticamente– en Badlands, contrapuntado por un monólogo de Holly:

¿En dónde estaría si no hubiera conocido a Kit, si no hubiera matado a nadie, si mamá no hubiera conocido a papá, si ella no hubiera muerto? ¿Qué está haciendo el hombre que se casará conmigo? ¿Está pensando en mí? […] Durante varios días viví con miedo. Algunas veces deseaba quedarme dormida y despertar en una tierra mágica y que nada de esto hubiera sucedido. Pero nunca sucedió.

En estas líneas podemos inferir, al menos, tres cosas sobre Holly: que, a pesar de sus actos, sus preocupaciones siguen siendo adolescentes; que no piensa casarse con Kit; y que realmente cree que existe una tierra mágica. A este desapego se refiere Malick y a ese nivel –el monológico– está su compromiso.

Kit es también un desapegado. Puedes intuirlo desde el primer minuto: en sus gestos, en su actuación –es decir: en la de Kit, no de Martin Sheen. Es probable que Kit esté todo el tiempo interpretando a alguien más, que su convicción sea más férrea de lo que imaginamos. El fleco à-la-Dean, la forma en que se pone la chamarra, su desaliño intencional y el jugueteo con el cigarro son gestos exquisitos, y un comentario a la exquisitez del greaserhollywoodense: Kit es el máximo actor de método que existe y asume que, sin su presencia, las historias no existen.

La inquietud de su mirada –el mérito es de Sheen, pero también de Malick– no se quiebra nunca, salvo en ese momento brillante en que Kit baila “A Blossom Fell”, de Nat King Cole, sobre el toldo de un Cadillac robado: “si tan solo pudiera cantar así. Si tan solo pudiera cantar cómo me siento ahorita… sería un hit”. Su mirada está hundida en la oscuridad, y Kit ha dejado de actuar por un instante: ahora está soñando.

Pero Kit y Holly forman parte de algo más grande, de un universo que los entiende. Ese universo –anterior a ellos, e indiscutible– está poblado por vacas sometidas, insectos, perros muertos, pollos enjaulados, peces, ramas secas, montañas imperturbables: todos, mirados a la distancia. “Después de Ciudadano Kane (1941), puede que Badlands sea la opera prima más segura jamás filmada por un director en Estados Unidos”, dice David Thomson. Para comprobarlo están los long shots, que Malick estableció como su recurso más natural, como su rúbrica. En Badlands sirven para expresar ese universo organizado como por capas que puede ser atroz, pero que acoge a los que se atreven a recorrerlo o habitarlo dignamente. Tal idea en Badlands es menos oral que visual, pero se repetirá una y otra vez en la obra de Malick: “en este mundo, un hombre solo no es nada. Y solo tenemos este mundo”, le dice Welsh a Witt en La delgada línea roja (1998). “En eso se equivoca”, replica Witt, “he visto otro mundo. A veces pienso que fue solo mi imaginación”. 

Warren Oates

Es probable que la aparición del gran Warren Oates como el padre de Holly sea un comentario a la propia película, al origen de Badlands. Si esto es cierto –no es imposible saberlo, pero prefiero la incertidumbre–, las capas de la película son más y más generosas. Por un lado, está el Oates de las películas sobre el hampa: La pandilla salvaje (Peckinpah, 1969) (nótese que esta es la segunda mención que hacemos de Peckinpah), El día de los tramposos (Mankiewicz, 1970) o Dillinger (Milius, 1973). Visto así, Holly no es más que una heredera –de de la tradición más violenta que te puedas imaginar.

Pero está también el Oates de Tom Sawyer (Taylor, 1973), donde interpretó al pescador borracho y cariñoso Muff Potter. Ok: ambas son del mismo año, pero Badlands es muy sawyeriana: Tom y Holly comparten atributos como la orfandad y la ciega criminalidad –malandrines de buen corazón, pues. ¿Y no se refugian Kit y Holly en una sofisticada casita del árbol en los pantanos de Dakota? Ambas obras poseen, en última instancia, esa soledad austral. Tom y Holly me recuerdan a las palabras del sargento de “Diles que no me maten”, de Juan Rulfo: “Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta”. ¿Pero Kit? Con Kit no sabremos nunca.

Minucia

Cuenta Matt Zoller que Malick, para la filmación de El nuevo mundo (2005), contrató a una investigadora y a sus colegas ornitólogos para que grabaran todos los sonidos de todas las aves existentes en el área de Jamestown, Virginia. Tardaron semanas en la recolección, y quizá le sea indiferente a muchos espectadores; la anécdota está fuera del contexto de la obra, y bueno, El nuevo mundo no es Badlands, pero hay que saber esto: Terrence Malick es ese tipo de director, y algo similar habrá sucedido con su opera prima, aunque limitado por los recursos –medio millón de dólares. Hay que saber que las películas de Malick, pero sobre todo Badlands, son un buen prólogo del libro de las cosas que perderemos.

 
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