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Un amor loco
Publicado el 03 - Ago - 2012
 
 
El amor loco no se refiere solamente al de la pareja, sino al amor por el arte, por la acumulación de objetos estéticos, por las musas que encontraba en las modelos y también, en contraparte, la locura por la depresión, por la presión del diseñador. - ENFILME.COM
 
 

Por Julieta Navarrete (@Juletiux)

Yves Saint-Laurent necesita pocas presentaciones. El nombre de su marca es mundialmente conocido, más que su vida personal y su relación con el hombre que estuvo a su lado durante cincuenta años: Pierre Bergé. O al menos así era hasta L’amour fou (2010), el documental en el que Pierre Thoretton nos permite saber más de la vida del diseñador heredero de la grandeza de Dior e inventor del prêt-à-porter. El amor loco no se refiere solamente al de la pareja, sino al amor por el arte, por la acumulación de objetos estéticos, por las musas que encontraba en las modelos y también, en contraparte, la locura por la depresión, por la presión del diseñador, por el romántico concepto del artista internamente torturado que muchos genios llevan en su interior. 

Yves Saint Laurent se retiró de las pasarelas en el 2002. En su discurso de despedida mencionó a uno de sus creadores más admirado. Dijo: “Marcel Proust me había enseñado que la magnífica y lamentable familia de los neuróticos es la sal de la tierra. Yo, sin ser consciente de ello, formo parte de esa familia”. L’amour fou hace escala en el periodo de depresión y adicciones que sufrió Yves y del que Pierre fue un paciente testigo y soporte. Ambos se complementaban, por eso tuvieron una prolífica carrera juntos y pudieron soportar ese periodo de desesperación antes de la rehabilitación, en el que Yves dejó de ser el muchacho sensato que siempre había sido.

El documental no solamente retrata la parte turbulenta de la vida del diseñador, sino que demuestra también su estrecha relación con el arte, Muestra cómo se volvió un coleccionista de objetos artísticos hermosos y excéntricos. Podemos ver esbozos de su relación con Andy Warhol, quien para sus retratos siempre le pedía que se quitara los lentes. El mismo Yves nota después que había una intención más allá de lo estético cuando Warhol le pidió que se removiera las gafas al momento en que se ve a sí mismo en la obra terminada, reacción que podemos ver gracias a los viejos videos que ayudan a construir el documental; la ausencia de lentes lo muestra más vulnerable, como es realmente. 

L’amour fou es también una sucesión de musas: desde Loulou de la Falaise, Betty Catroux y Catherine Deneuve hasta Iman Laetitia Casta.Todas se complementan la una a la otra. De cada una, Yves tomaba algo distinto. Por ejemplo, Catroux le inspiró el look andrógino; Loulou le ayudó con las mezclas de colores y estilos. Para el diseñador, lo más valioso en una mujer no era la belleza, ni el cuerpo, sino el encanto, algo que se puede captar cuando alguna desfila por la pasarela. El lugar favorito de Yves era su biblioteca, donde guardaba sus fotografías y objetos personales, alejados del resto de las obras de arte que tenía. Tanto el encanto en las mujeres como principal virtud como el espacio personal como lugar favorito, demuestran que, a pesar de estar rodeado de lo excéntrico y lo hermoso, día con día, para él lo primordial eran los valores sentimentales. 

El documental mantiene un tono elegante y personal hasta que comienza a cobrar importancia vital la subasta de los objetos de arte que fueron coleccionando a lo largo de los años y guardando en diferentes casas: piezas de Mondrian Picasso, Brâncusi y Goya, objetos de diseño art déco, arte antiguo. Probablemente Saint Laurent y Bergé tenían una de las colecciones más eclécticas y prolíficas. En una nostálgica secuencia, se ve a los encargados del embalaje de las obras cuando guardan cada una con cuidado, convirtiéndose en una alegoría del adiós a Saint Laurent. Sin embargo, toda esa poética se transforma en un seguimiento a la subasta, los precios y los autores de las obras como si se tratara de una importante noticia más de Christie’s o Sotheby’s. El documental se transforma en un homenaje al objeto por sí mismo y no a los fantasmas de amor y locura que el objetó inspiró. El retrato parece incompleto, se cosifica y, de pronto, no hay más rastros de Proust, de Warhol, de Deneuve.

Pierre Bergé no teme desprenderse de las cosas de Saint Laurent con la subasta. No cree que su amor cambie en algo por venderlo todo, ni por separarse de lo material. Resignado, aplica perfectamente lo que André Breton escribiera en L’amour fou: “lo que he amado, lo haya retenido o no, lo amaré siempre.”.

 

The F Scene - Yves Saint Laurent y Bella de día

TAGS Un amor loco,
 
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