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FICHA TÉCNICA
Já, Olga Hepnarová
Yo, Olga: Historia de una asesina
 
Rep. Checa/Polonia/Francia
2016
 
Director:
Petr Kazda, Tomás Weinreb
 
Con:
Michalina Olszanska, Martin Pechlát, Klára Melísková
 
Guión:
Petr Kazda, Tomás Weinreb
 
Fotografía:
Adam Sikora
 
Edición:
Vojtech Fric
 
Duración:
105 min.
 

 
Yo, Olga: Historia de una asesina
Publicado el 15 - Nov - 2017
 
 
  • Olga quiere romper con todo y en su viaje de rebeldía radical, se enfrenta con los juegos espirales que la mente le plantea y, entre cigarro y cigarro, placer efímero y elucubraciones nihilistas, va forjando el plan decisivo con el que quiere rugir una severa declaración de principios.  - ENFILME.COM
  • Olga quiere romper con todo y en su viaje de rebeldía radical, se enfrenta con los juegos espirales que la mente le plantea y, entre cigarro y cigarro, placer efímero y elucubraciones nihilistas, va forjando el plan decisivo con el que quiere rugir una severa declaración de principios.  - ENFILME.COM
  • Olga quiere romper con todo y en su viaje de rebeldía radical, se enfrenta con los juegos espirales que la mente le plantea y, entre cigarro y cigarro, placer efímero y elucubraciones nihilistas, va forjando el plan decisivo con el que quiere rugir una severa declaración de principios.  - ENFILME.COM
  • Olga quiere romper con todo y en su viaje de rebeldía radical, se enfrenta con los juegos espirales que la mente le plantea y, entre cigarro y cigarro, placer efímero y elucubraciones nihilistas, va forjando el plan decisivo con el que quiere rugir una severa declaración de principios.  - ENFILME.COM
  • Olga quiere romper con todo y en su viaje de rebeldía radical, se enfrenta con los juegos espirales que la mente le plantea y, entre cigarro y cigarro, placer efímero y elucubraciones nihilistas, va forjando el plan decisivo con el que quiere rugir una severa declaración de principios.  - ENFILME.COM
 
 
 
por Alfonso Flores-Durón y Martínez

Olga (Michalina Olszanska) es una hermosa ciudadana de Checoslovaquia (cuando todavía era un solo país), que vive en Praga, a principios de los setenta. En Europa del Este, entonces, el tiempo transcurría de forma más lenta que en el resto del mundo, por lo que cualquiera que vea el filme juraría que se desarrolla en plenos sesenta: los coches, la ropa, la música y, también, la efervescencia con que las mujeres más liberales y liberadas asumían eso, su novedosa libertad respecto a las normas sociales, y también familiares, particularmente en un contexto político tan opresivo como el que se vivía en los países de la “cortina de hierro”, durante la Guerra Fría, parecen disecadas de años previos. Olga escribe y, en off, escuchamos sus reflexiones: abraza la tristeza y todo lo que ella representa, no soporta a su familia y sus convenciones, vive hastiada del “otro”. Cita “El americano impasible” de Graham Greene, para clarificar su punto: “¿No haríamos mejor si no tratáramos de entendernos el uno al otro y solo aceptáramos que ningún ser humano entenderá nunca a otro ser humano, ni siquiera a la esposa, el marido, la amante, los padres e hijos?”. La rotunda imposibilidad de vencer a la soledad. Aparentemente resignada, se entrega a ella dispuesta a disfrutarla y a sufrirla. Tiene relaciones homosexuales de forma casual, deja la escuela y su casa, se va a vivir a una granja destartalada y se emplea como chofer de camiones en una fábrica. Quiere romper con todo y en su viaje de rebeldía radical, se enfrenta con los juegos espirales que la mente le plantea y, entre cigarro y cigarro, placer efímero y elucubraciones nihilistas, va forjando el plan decisivo con el que quiere plantear la severa declaración de principios que hizo famoso el caso de la chica que, como ocurrió el año pasado en Francia, decidió manejar su camión por encima de muchas vidas que tuvieron la mala fortuna de cruzarse con su destino, la mañana de un día aparentemente cualquiera.

Yo, Olga... es la adaptación ficticia de un hecho que sacudió a Checoslovaquia. El 10 de julio de 1973, Olga Hepnarova, de 22 años, atropelló deliberadamente a 20 personas que caminaban por la banqueta de una calle de Praga; 8 de ellas murieron. Tomas Weinreb y Petr Kazda, escritores y directores del filme, crean un estilizado retablo, hipnotizante, para contar la historia. Eligen hacerlo en un pulcro blanco y negro que se despliega evitando los altos contrastes, en encuadres que privilegian una cámara quieta que en complicidad con la puesta en escena va conjurando una elegancia que arropa el drama que atestiguamos. Algo de Ida (Paulikowski), otro tanto de la Juana de Arco (Dreyer) hay en la genética del filme; más allá de las evidentes similitudes en el aspecto formal, en el modo en que paulatinamente, secuencia a secuencia (hasta cuando algunas parecen unidas de manera arbitraria), los realizadores penetran en el mundo interno de la protagonista para intentar entender la convulsión que agita su mente y, entonces, tal vez acercarnos a saber qué resortes disparan el que un ser humano actúe como actúa; en el caso de Olga, el que quiera hacerle daño a otros, incluso sin conocerlos. Como suele ocurrir, la misantropía está cargada de frustración, tristeza, resentimiento, y de incapacidad o repugnancia a ser parte de la comunidad, y también de entablar una relación con la realidad. Un grado de irracionalidad generalmente es necesario para complementar el cocktail. Por otro lado, también resulta atractivo en Yo, Olga... cómo, desde el mundo que mentalmente habita la joven (sobrecogedoramente interpretada por Olszanska), parece que los hombres son seres secundarios; el deseo y el amor entre mujeres no parece corresponder a un círculo lésbico, sino a un universo abierto y libre, muy femenino y sensual, si bien perturbado, en el que la consideración de género es intrascendente. Parece como si los realizadores trataran de representar la consolidación del mundo que la liberación femenina de los sesenta prometió pero que ha tardado tantos, tantos años en avanzar. Todo dentro del gesto paradójico de que la historia se desarrolla en una sociedad cerrada, rígida, intolerante y, muchas veces, cruel. Eso, y la imposibilidad de asimilar en la práctica su atracción por el ímpetu de entregarse a la soledad incidieron, claramente, en el corto circuito que se dio en la mente de Olga y que la puso en marcha para ejecutar el manifiesto irrevocable que la convirtió en una figura célebre en Checoslovaquia (la República Checa y Eslovaquia).  

 

Fecha de estreno en México: 17 de noviembre, 2017.

Consulta horarios en: Cinemex, Cineteca Nacional

 
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