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El cine de ficheras
Publicado el 21 - Nov - 2014
 
 
Sobre el cine que aportaba mucho  dinero y poca calidad a los filmes nacionales: el cine de ficheras. - ENFILME.COM
 
 
 

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Por Edmundo Bastarrachea (@algarabia)

Bombay fue el exótico nombre con el cual se bautizó en 1952 a un cabaret localizado en el centro de la Ciudad de México. Tras cambiar de nombre en varias ocasiones, se terminó llamando Bar El Pirulí. Este tugurio, donde se disfrutaba por igual del placer, el amor, los enredos y los bailes cachondos, fue el escenario de Bellas de noche, la película que inauguró el género cinematográfico conocido como Cine de Ficheras.

El cine del sexenio de Luis Echeverría, de 1979 a 1976, resultó afortunado: Rodolfo Landa, actor de la Época de Oro del cine mexicano y hermano del presidente, fue nombrado director del Banco Cinematográfico Nacional. Landa impulsó a buenos directores, como Arturo Ripstein, Jaime Humberto Hermosillo, Felipe Cazals y Paul Leduc.

«¿Cuál cine? Esto es un burdel.» Vox populi

La presidencia echeverrista terminó y entró en acción con José López Portillo (1976-1982), quien también impuso a un familiar al frente del cine mexicano: su hermana Margarita, quien, como directora de Radio, Televisión y Cinematografía, favoreció la producción cinematográfica privada y, con ello, la proliferación de un género que aportaría mucho dinero y poca calidad a los filmes nacionales: el cine de ficheras.

Abundantes desnudos femeninos, agasajos generosos al compás de bailes con sabor tropical, diálogos cómicos desbordados en albures y un muy básico argumento romántico, son los elementos esenciales que podemos ver en las películas de ficheras o «sexicomedias», que tuvieron su mayor auge entre 1975 y 1982, aunque se prolongó hasta finales de los años 80.

 

Desde Italia con amor

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Las comedias eróticas italianas de los años 70 tuvieron influencia directa sobre las sexicomedias mexicanas. Divorzio All’italiana —Divorcio a la italiana— (1962), de Pietro Germi, fue una comedia de enredos que dio pie a una serie de cintas con temáticas sexuales tratadas en forma picante, con muchos desnudos incluidos. Los reyes de las sexicomedias italianas fueron la curvilínea Edwige Fenech —la Sasha Montenegro de la península itálica— y los actores Lando Buzzanca —equivalente al galán Jorge Rivero— y Alvaro Vitali —equiparable a Alfonso Zayas.

«¿Y usted desde qué fecha ficha?» Mario Moreno Cantinflas en El Gendarme Desconocido

Por otra parte, el cine de ficheras surgió como una adaptación de obras teatrales muy exitosas desde finales de los años 60, como Las golfas (1968) y Las ficheras (1971) —que llegó a cumplir 2 500 representaciones en el Teatro Principal—, de Víctor Manuel Castro Arozamena, «el Güero» (1924-2011).

En 1975, Bellas de noche (1974), adaptación cinematográfica de Las ficheras, abarrotó de público cuatro salas cinematográficas durante 26 semanas. Fue una producción de Cinematográfica Calderón y estuvo dirigida por Miguel M. Delgado. 

La censura gubernamental impidió que la cinta se titulara Las Ficheras, como la obra de teatro. Por lo tanto, a manera de «homenaje» a Luis Buñuel, el guionista Víctor Manuel Castro tomó el título Belle de jour —Bella de día— (1967), le cambió número y horario, y así quedó: Bellas de noche.

Los 70 fueron los años de la apertura del Banco Cinematográfico y del Centro de Capacitación Cinematográfica. En esta época convivieron el cine de autor y el cine de ficheras. El primero, representado por cintas como El castillo de la pureza (1972) de Arturo Ripstein, El apando (1975) de Felipe Cazals, y La pasión según Berenice (1975) de Jaime Humberto Hermosillo. El segundo, que muchos calificarían de malo, vulgar, malhecho, con títulos como: Las ficheras (1976), Muñecas de medianoche (1978), La pulquería (1980) y Las vedettes (1983).

Fragmento de la película Muñecas de medianoche:

 

Ambientes

Las «ficheras» son mujeres que trabajan en los cabarets haciendo compañía a los parroquianos, a quienes les entregan una ficha por cada copa y por cada baile, que ellas cambian al final de la jornada por la cantidad de dinero correspondiente.

«Amor de cabaret, que no es sincero […]» la Sonora Santanera, Amor de cabaret

La esencia artificial del cabaret es la compañía comprada, el falso cortejo, la coquetería preparada, la bohemia imitada. Escenario que a algunos les pudo parecer vulgar, pero gustó a muchos, de ahí que las películas que retrataban el ambiente noctámbulo y viciado de los antros citadinos fueran un trancazo de taquilla.

No existen películas de ficheras sin música guapachosa, y la Sonora Santanera hace el soundtrack perfecto de una sexicomedia. La agrupación musical formada en 1955 por Carlos Colorado tiene como sellos distintivos: la melodía en los teclados, las trompetas como acentos, vivas percusiones, contraste de voces cristalinas como la de Sonia López con las masculinas de medio tono, que exaltan sentimientos como despecho, traición, congoja, sacrificio, y llaman a la mujer coqueta, ave sin rumbo o mariposa equivocada.

Toda escena de cine de ficheras nació y murió en un albur —juego de palabras de doble sentido que sirve para responder a algo en plan de burla, aludiendo a lo que se considera una humillación sexual—. Los títulos de las sexicomedias reflejaban especialmente este elemento básico: Las cariñosas (1979), Huele a gas (1986), Sexo, sudor y lágrimas (1987), La torta caliente (1989) y un largo etcétera.

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Arquetipos 

En el cine de ficheras ellas son las reinas, o más bien, las reinitas. El requisito es tener un cuerpo de historieta sentimental: pechos inmensos, cinturita de avispa, caderas y nalgas descomunales. No siempre son seductoras por naturaleza: también hay amas de casa aburridas del marido, coquetas sirvientas que quieren divertirse e inocentes jovencitas a punto de ser seducidas por un sátiro.

«Yo también quiero mi ficha, padrino». Germán Valdés Tin Tán en El Ceniciento

Ellos, por su parte, se desempeñan en diversas facetas: los galanes de cuerpos bien trabajados; los tipos feos, pobres y ganosos, pero simpáticos y dicharacheros, hablando siempre en doble sentido. Los protagonistas de las películas de ficheras, en general, desempeñan oficios populares: albañiles, taqueros, verduleros, lecheros, taxistas, plomeros, repartidores de gas.  Hombres sin fortuna que consiguen acostarse con mujeres buenísimas, gracias a su desvergüenza y lenguaje ingenioso. En escenas eróticas con desnudos frontales por parte de ellas, estos barbarazos se encueran cómicamente en cámara rápida y se lanzan a la cama para retozar.

Los repartos de sexicomedias se completan con maridos cornudos, padrotes despiadados, amanerados y tipos humillados por una mala mujer. Este elenco de arquetipos se deshace en desplantes sobre la pista de baile, desgrana su ociosidad lo mismo en cabarets que en habitaciones de hoteles, tejiendo melancolía o diversión con una labia salpicada de adjetivos prosaicos.

 

Una de ficheritas, por el amor de Dios

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Ripstein y otros jóvenes directores ganaron los premios Ariel, mientras, las Cariñosas y compañía se quedaron con la taquilla, al mostrar un sórdido espejo de los vicios, muy alejados de la moral sexual civilizada. A finales de los años 80, las sexicomedias fueron sustituidas paulatinamente por otros géneros, como el Cabrito Western.

Hay cosas que el cine sabe, que la vida ignora. Carlos Monsiváis

Las escenas de cine de ficheras no son aptas para gente melindrosa. Los más delicados dirán que los amantes de esas comedias tienen «una choya que no de pa’ mucho», pero esos filmes poseen una gracia difícil de igualar, que para las multitudes bien vale un refrán: «cuando la gana llega, la gana, gana». Y también merecen una súplica: «una de ficheritas, por el amor de Dios». Ya que las sexicomedias siguen incrustadas en el corazón y el gusto de muchos ficheroadictos.

 

Bonus: rumberas y ficheras

El cine de rumberas surgió en 1949 para competir con las películas Serie B hollywoodenses —producciones de bajo costo, pero de alto éxito taquillero—. Privilegió melodramas de temas sórdidos, retrataba cabarets, hoteles y el arrabal al ritmo de melodías urbanas de moda, mujeres hermosas en poca ropa y bandas de gánsters.

Rosa Carmina, Amalia Aguilar, Meche Barba, María Antonieta Pons y Ninón Sevilla fueron las protagonistas, dueñas de una belleza sin piedad y de un sex appeal inusitado. Las rumberas son personajes malditos, muchachas inocentes caídas en desgracia que triunfan como bailarinas, pero son víctimas de abusos que las dejan marcadas como «mujeres sin mañana».

En 1950 se filmaron en México 50 cintas de rumberas que atrajeron a las masas a las salas de cine. Mas poco duró su esplendor: los ataque de la Liga de la Decencia y la mano dura del regente de la Ciudad de México, Ernesto Uruchurtu, las censuraron por atentar contra la moral pública.

Las últimas cintas de rumberas en 1954 se filmaron y no se volvió a ver la sensualidad de las cabareteras en el cine mexicano hasta la llegada de las sexicomedias en los años 70.

 
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