if ($skins_show == "0") {?>
 
El ritual de ‘las tres en punto’: la sala de cine que Ingmar Bergman tenía en su casa
Publicado el 15 - Jul - 2015
 
 
Lena Bergman recuerda los hábitos cinéfilos de su padre, Ingmar Bergman. - ENFILME.COM
 
 
 

Lena Bergman recuerda los hábitos cinéfilos de su padre, Ingmar Bergman, en su cine único y privado, un granero convertido en sala de proyección, ubicado en su casa de Fårö, la isla báltica, donde el artista sueco vivió hasta su muerte en 2007.

A continuación te compartimos el texto en español de Lena Bergman, cuya traducción del sueco al inglés (realizada por Anders Lindahl) fue publicada en el sitio web del British Film Institute:

 

El ritual de 'las tres en punto' por Lena Bergman

Ingmar Bergman con su pequeña hija Lena.

Las películas que mi padre, Ingmar Bergman, disfrutaba todos los días a las tres en punto en su cine privado en la isla de Fårö, eran a menudo viejos clásicos en blanco y negro, tanto aquellos que son queridos y recordados, así como los olvidados. Entrar por la puerta de color rojizo del granero –dejando a la luz cegadora de Fårö en la penumbra que abarcaba el cine– es una experiencia especial. En un primer momento, la oscuridad parece compacta. Uno tenía que ir a tientas en el camino hacia el asiento, sentarse y dejar que los ojos se acostumbren a la escasa luz. Ahora el gran tapiz que representa La flauta mágica en Fårö emerge lentamente. Una tarde de agosto, en 1974, bajo la luna llena, la película de Ingmar titulada La flauta mágica tuvo su primera proyección en el antiguo granero, cuya transformación en un cine acababa de ser completada.

En su Ballaciner, una colección de ensayos, J.M.G. Le Clézio describe la luna, iluminada por el sol, como el proyector de cine prototípico –y la oscuridad de la noche podría ser una primera cámara oscura iluminada por otros mundos–. La luz y la oscuridad son los requisitos previos para el cine, y ¿adivinen qué? –en el tapiz hay una luna que está flotando en una pálida y misteriosa luz. También contemplamos a la Reina de la Noche, de pecho blanco y vestido de negro, blandiendo su cuchillo. Aquí, en este cine, la Reina de los reinos de la noche, pero allá está el sabio Sarastro, que ha hecho un pacto con el sol y la luz. Así que nos encontramos en presencia de estas dos fuerzas opuestas.

Tapiz de La flauta mágica en Fårö, la única decoración en el interior de la sala de cine.

He tratado de calcular el número de horas que Ingmar debió haber invertido en su sala de cine viendo películas –sentado, o quizá recostado en primera fila con sus extremidades sobre el reposapiés.

Imagínese: todos los días después de su siesta del mediodía, Ingmar se metía a su jeep rojo para llegar a su sala de cine justo antes de las tres. El solía pasar dos horas ahí. (La excepción era en sábado, cuando la proyección comenzaba a las dos en punto.)

Una película seis días a la semana, de mayo a octubre, durante aproximadamente 30 años; además, durante tres días a la semana a lo largo de julio invitaba a su gran familia, que se alojaba en Fårö, para las proyecciones de la tarde. Él pudo haber pasado alrededor de 8,000 horas en su cine. No es de extrañar, entonces, que la presencia de Ingmar se pueda sentir en ese lugar.

Ingmar Bergman en la entrada de su sala de cine.

El 14 de mayo de 1944, Ingmar alquiló e instaló un proyector de cine en la casa de Abrahamsberg, un suburbio de Estocolmo, donde ocupó un pequeño piso de dos habitaciones con mi madre, l bailarina Else Fisher. (Ella documentó a fondo estas anécdotas en su diario.) Él tenía 25 años. Vieron El gabinete del Dr. Caligari (1919) de Robert Wiene, Fausto (1926) de Murnau, y Easy Street (1917)de Chaplin. “¡Qué divertido!”, mi madre escribió en su diario (aunque el alquiler de un proyector de cine no era barato). ¿Tener tu propio cine será tan agradable como tener tu propio teatro de títeres? ¿Será como abrir la caja mágica cuando tu quieras?

Ingmar dio la bienvenida a la gente para compartir la experiencia de ver una película con él en la forma en que los demás (personas normales) invitan a sus amigos a una comida. Las cenas con Ingmar eran raras, pero compartir una película con él significaba una invitación para reunirse. Y a menudo para hablar –hubo conversaciones después de ver las películas, a menudo extensas y alegres en la penumbra del refugio del granero. Ingmar bromeaba equiparando al cine a un sofá de un terapeuta.

La proyección de la película siempre se adhirió a un ritual especial. Si muchos de nosotros [la familia] asistíamos, entonces nos reuníamos en el banco azul junto a la pared del granero. Ingmar era casi siempre el primero en llegar, sentado allí esperándonos. Abrazos. “Bueno, entonces, ¿vamos a entrar?" Había charlas desenfadas (sobre cómo había conseguido las picaduras de garrapatas) como sus ojos se reajustaron en el modo de cine, y una breve presentación de la película en cuestión. A veces nos daba una nota, cuidadosamente escrita a mano, con la lista de películas de la semana.

“No tomo ninguna responsabilidad en absoluto por esta película, usted está aquí por su cuenta y riesgo”, Ingmar decía, hundiéndose en su sillón debajo de su chaqueta de cuero desplegada, levantando un brazo para que Ingalill, su mano derecha y proyeccionista, comenzará la proyección. El gesto era tan admirado por sus nietos, era el gesto que significa que las luces pueden bajar, el proyector puede ponerse en marcha y la película puede comenzar.

Easy Street (1917) de Charles Chaplin.

Reglas del compromiso

El cine de ‘las tres en punto’ era toda una institución. Había reglas, por supuesto (tanto explícitas e implícitas):

1. Puntualidad: Todo el mundo está familiarizado con la predilección de Ingmar por la puntualidad. 

2. Continuidad: Ir al cine en días de lluvia solo, o simplemente ver películas especialmente interesantes, estaba fuera de la cuestión. Así que era pasar los días de sol en la playa o la elección de saltarse las películas más desafiantes. Lo que se necesita, en definitiva, era la obsesiva dedicación cinematográfica. (Tal vez esta dedicación también incluyó acercarse a un padre que había, previamente, estado ausente de nuestras vidas, pero eso es otro tema).

3. La voluntad: Ingmar nos dijo que le dolía ver cómo el dachshund [perro salchicha] de Liv Ullmann manifestaba su aburrimiento con una película. En otras palabras, no estaba permitido aburrirse o conciliar el sueño durante una proyección. Yo particularmente recuerdo un documental sobre un aserradero. La película seguía y seguía, el material de archivo y los registros se extendía hasta la perpetuidad.

Interior de la sala de cine de Bergman.

Algunas películas volvieron cada verano. Estos eran los más queridos y apreciados: la fabulosa Molière de Ariane Mnouchkine (1978). De Alain Corneau, Tous les matins du monde (1991), presentando preguntas conmovedoras acerca de lo que el arte y la música conllevan. Rashomon (1950) de Kurosawa. Casque d’or (1952) de Jacques Becker, protagonizada por Simone Signoret, un elemento básico a la hora de ver las películas románticas a fondo.

En cada cumpleaños, el 14 de julio, había una película de Chaplin; El circo (1928) fue probablemente el más querido por Ingmar. A menudo se veía un cortometraje a modo de apertura. Las caricaturas animadas Kapten Grogg de Victor Bergdahl, hechos en casa en su mesa de la cocina, fueron amados por Ingmar. (También hubo festivales Kapten Grogg para los nietos.) Para mí, Ingmar proyectaba su corto Karin’s Face (Karins ansikte, 1983) acerca de su madre, mi querida abuela.

Y, por último, el punto más alto de todos los veranos: La carreta fantasma (Körkarlen, 1921) de Victor Sjöström. Creo que su línea de clausura sirvió como recuerdo a Ingmar: “Señor, por favor, que mi alma llegue a la madurez antes de ser segada”.

Otra película de Sjöström –su primera producción de Hollywood– fue la última película que vi en el cine con Ingmar, en la Pascua de 2006. He Who Gets Slapped (1924), protagonizada por el maravilloso Lon Chaney, y que está ambientada en el mundo del circo. Esta fue la primera producción de la MGM, y el rugido del voraz león de circo no sólo aparece en la película, sino que también hace su debut en el famoso logotipo de producción de MGM. Es una película con conexiones a Noche de circo (Gycklarnas afton, 1953) [del propio Bergman]. La vergüenza y la humillación, el dolor del payaso blanco, la tensión entre la vida burguesa y la vida del artista, el payaso y la furia, es todo lo que hay en esta película muda magistral, hecha por el director más querido por Ingmar.

He Who Gets Slapped (1924) de Victor Sjöström.

Risa silenciosa

Nunca olvidaré cómo nos reímos de Buster Keaton en El general (1926). Un viaje en tren con vagones abiertos y Keaton sale de un túnel, inquebrantablemente serio y con su negro rostro con hollín.

La sala estalla en carcajadas. Finalmente Ingmar se pone de pie, riendo hasta que esté fuera de la respiración, exhausto, secándose los ojos.

Como espectador, Ingmar era prácticamente infantil. Y un profesional. Y emocionado. Él no se detenía en el análisis intelectual o las reflexiones de un cineasta. El mayor elogio que podría ser otorgado a una película fue: “La mejor película del verano, una verdadera película de Fårö”.

Vio las películas realizadas por la mayoría de sus colegas más jóvenes. Me llamó la atención por la generosidad de sus comentarios. A menudo estaba realmente triste y herido si a los invitados no les gusta el filme que les ofrecía.

He reflexionado a menudo lo que pasó en el cine de ‘las tres en punto’: ¿Cuál era la fascinación de Ingmar? ¿El interés puro de la película? ¿Qué fue lo que lo cautivó de esta manera?

Volviendo a Le Clézio: “El cine es siempre ahora”. Aunque, de hecho, todo ha terminado, los actores están en otra parte. O, como Ingmar exclamó mientras veía una película vieja: “Pensar que todo el mundo que vemos está muerto”.

Se sentía como si, en compañía de sus viejas películas en blanco y negro, se dejó acunado en una sala especial entre el presente y el pasado –una especie de intermedio. Los psicoanalistas hablan de la “zona de transición” que tiene que ser alcanzada con el objetivo de lograr el crecimiento y la curación que se produzca; en un contexto artístico, este es un lugar para la alegría y la creatividad. La sala de cine de Ingmar en Fårö es como una de esas zonas de transición mágicas: una habitación entre la luz y la oscuridad, entre el entonces y el ahora, y entre los vivos y los muertos.

Gösta Ekman, Ingmar Bergman, Victor Sjöström y Lena Bergman durante el rodaje de Fresas salvajes (1957).

 

LFG (@luisfer_crimi)

Fuente: British Film Institute

 
COMPARTE:
 
ANTERIOR
NOTAS
Video: Se filtra el primer trailer de ‘Warcraft’,...
SIGUIENTE
NOTAS
Video. La hija de Johnny Depp, Lily-Rose, es...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
POST RELACIONADOS
 


NOTAS
FICM Día 4


NOTAS
Cineminuto, trailers y programación del...


NOTAS
Taller Animación Cuadro X Cuadro
 
 
 
COMENTARIOS
 
RECOMENDAMOS
  • Nuestro tiempo
    Nuestro tiempo es un espejo que para muchos espectadores podrá servir como el vehículo de introspección que posiblemente fue...
  • Tiempo compartido
    Reseña: Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de...
  • Sebastián Hofmann (Tiempo...
    Entrevista con Sebastián Hofmann, director de 'Tiempo compartido'
  • Los adioses
    Reseña: El filme de Natalia Beristáin se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un...
  • Gaspar Noé
    Entrevista: "Yo pensé que Love sería más sexy, y pese a que la representación del sexo es muy frontal, la película...
  • El extranjero. 'La nube y el...
    En la primera entrega de su nueva columna mensual, titulada "El extranjero", el crítico y programador de cine, Roger Koza, cuestiona...
  • Un final feliz
    Reseña: En comparación con sus filmes anteriores, Michael Haneke coquetea decisivamente con la comedia, con el lado grotesco e...
  • El club de los insomnes
    Entrevista: Conversamos con los guionistas y directores del filme, Joseduardo Giordano y Sergio Goyri Álvarez, y con las...
  • Sebastián Cordero (Sin...
    Entrevista con Sebastián Cordero, director de 'Sin muertos no hay carnaval'.
  • Nunca estarás a salvo
    Reseña: En el cine de Lynne Ramsay, la vida cotidiana adquiere capas enigmáticas y tintes poco familiares a través de las...
 
 
enfilme © 2018 todos los derechos reservados