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La verdadera historia detrás de ‘Hasta el último hombre’
Publicado el 30 - Dic - 2016
 
 
Conoce la fascinante historia de pacifismo, valentía y convicción de Desmond Doss. - ENFILME.COM
 
 
 
por Luis Fernando Galván

Conoce más verdaderas historias que inspiraron al cine

Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016), filme dirigido por Mel Gibson y protagonizado por Andrew Garfield, narra la historia de Desmond Doss, un joven médico militar que participó en la Batalla de Okinawa en la Segunda Guerra Mundial y se convirtió – debido a que salvó a 75 hombres sin la necesidad de portar armas– en el primer objetor de conciencia en la historia de Estados Unidos en recibir, de manos del entonces presidente Harry Truman, la Medalla de Honor del Congreso en 1945.

Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, Dir. Mel Gibson, 2016).

 

Un soldado sin armas

El 1 de abril de 1942, Desmond Doss se unió al Ejército de los Estados Unidos. Jamás pensó que tres años y medio después, él estaría de pie en el césped de la Casa Blanca, recibiendo el premio más alto de la nación por su valentía y coraje bajo fuego. De los 16 millones de hombres en uniforme durante la Segunda Guerra Mundial, sólo 431 recibieron la Medalla de Honor del Congreso; uno de esos metales fue colocado alrededor del cuello de un joven perteneciente a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, quien durante el combate se destacó por no haber matado a un solo soldado enemigo. De hecho, se negó a portar y utilizar armas; sus únicas herramientas en el campo de batalla eran una Biblia y su fe en Dios.

“Estoy orgulloso de usted”, dijo el presidente Truman. “Realmente se merece esto. Considero que esto es un gran honor, incluso mucho más grande que ser presidente”.

El 1 de noviembre de 1945, bajo las órdenes generales del Departamento de Guerra, se comunicó la entrega de la Medalla de Honor de la siguiente manera:

El Presidente de los Estados Unidos de América, en nombre del Congreso, se complace en presentar la Medalla de Honor al soldado de primera clase Desmond Thomas Doss, del ejército de Estados Unidos, por su notable gallardía e intrepidez en la acción por encima y más allá del llamado del deber durante el periodo que comprende del 29 de abril al 21 mayo de 1945, mientras servía en la Separación médica (Regimiento de infantería 307,  división de infantería 77) en la acción en Urasoe Mura, Okinawa y las Islas Ryukyu.

[Fuente: Valor Awards for Desmond Thomas Doss en “Hall of Valor” de Military Times]

El presidente Harry Truman entregó la Medalla de Honor a Doss el 12 de octubre de 1945.

 

La pasión de Desmond Doss

Sin embargo, la travesía de Desmond para desembocar en aquel día, fue todo un desafío para el joven. Antes de la guerra, trabajaba en los astilleros de Newport News y dado que era una industria vital para la guerra, no fue llamado a filas cuando el conflicto armado comenzó, pero el ataque de Pearl Harbor y la ola de patriotismo que provocó también le afectaron y se presentó como voluntario. Sin embargo, había un problema: su religión lo señalaba como no-combatiente y no le permitía entrar en el ejército. Finalmente encontró́ la solución alistándose como 1-A-O (Objetor de Conciencia).

En 1942, con 23 años, Desmond entró en servicio como médico en la 77ª  División de Infantería. Cuando se unió al ejército, él asumió que debido a su clasificación como objetor de conciencia no le sería necesario llevar un arma. Él quería ser un médico de combate del Ejército, pero fue asignado a una compañía de fusileros de infantería. Su negativa a llevar un arma causó un montón de problemas entre sus compañeros de batallón; ellos lo vieron con desprecio y lo llamaron “inadaptado, poco profesional y cobarde”. Un hombre en el cuartel le advirtió: “Doss, tan pronto como entremos en combate, me aseguraré de que no vayas a regresar con vida”.

Sus comandantes también querían deshacerse de aquel joven delgado nacido en Virginia que hablaba con un acento sureño muy suave y tranquilo. Ellos lo vieron como un ser pasivo que poco aportaría a la causa; para sus compañeros, un soldado sin arma no valía la pena, así que trataron de intimidarlo, regañarlo, asignarle tareas extra que demandaban mucha resistencia física, y lo declararon mentalmente incapacitado para el Ejército. Luego intentaron llevarlo al consejo de guerra por negarse a cumplir la orden directa de portar un arma. No pudieron encontrar una manera convencerlo o de hacerlo desistir. Él creía que su único deber era obedecer a Dios y servir a su país, pero tenía que ser en ese orden. Sus convicciones religiosas inquebrantables eran lo más importante.

Desmond se había plantado en tierra de guerra con una ferviente creencia en la Biblia. Él creció en una pequeña ciudad en el borde de las montañas Blue Ridge de Virginia, donde vio a su padre alcohólico abusar de su madre. Los problemas en casa eran constantes; agobiado por la dinámica familiar, Desmond se metió en una fuerte pelea con su hermano y lo golpeó en la cabeza con un ladrillo. El evento lo dejó lleno de dolor y arrepentimiento. Desde su infancia, cuando comprendió los Diez Mandamientos, siempre reflexionó entorno al “no matarás”: “¿Por qué Caín mató a Abel? ¿Cómo en el mundo un hombre puede ser capaz de matar a su hermano?”. En la mente de Desmond, Dios le decía constantemente: “Si me amas, no matarás”. Con esa imagen firmemente incrustada en su cabeza, él se convenció de que, bajo ningún motivo, atentaría contra la vida de otro ser humano. Su educación religiosa, que incluía la asistencia a la iglesia semanalmente en el séptimo día, exasperó a los miembros del Ejército al descubrir una de las peticiones que hizo Desmond: él solicitó un pase semanal para poder asistir a la iglesia todos los sábados.

A pesar de los insultos, las amenazas y las intimidaciones, las cosas cambiaron cuando sus compañeros conocieron que este médico sin pretensiones y sumamente modesto y tranquilo, tenía una extraordinaria capacidad de curar las ampollas de los pies cansados y maltratados por tanto caminar y marchar. Y si alguien sufría un desmayo por un golpe de calor, este médico estaba a su lado, ofreciendo su propia agua. Desmond no guardaba rencor. Con delicadeza, amabilidad y cortesía se dirigía a los que lo habían maltratado.

Desmond sirvió en combate en las islas de Guam, Leyte y Okinawa. En cada una de las operaciones militares en las que participó, él expuso una extraordinaria dedicación a sus semejantes. Mientras el batallón avanzaba o atacaba, él brindaba auxilio a los heridos; siempre buscaba salvar las vidas. En más de una ocasión, él estuvo en el fragor de la batalla levantando al compañero caído y trasladándolo al refugio de seguridad, sin importar que las balas enemigas transitaban a su alrededor. Varias veces, mientras atendía a soldados heridos, Desmond escuchaba muy de cerca los murmullos de las voces japonesas.

Doss se casó con su novia, Dorothy, en agosto de 1942, justo antes de entrar en servicio activo. 

 

El infierno de Hacksaw Ridge 

En mayo de 1945, mientras las tropas alemanas se rinden en el otro lado del mundo, las tropas japonesas continúan defendiendo fieramente sus territorios, aunque sólo les queda la fuerza de Okinawa y la resistencia de la escarpa de Maeda. Los hombres en la división de Desmond intentaron capturar la escarpa de Maeda, una pared de roca imponente que los soldados llamaron “Hacksaw Ridge” (montaña de la sierra de metales). Después de que el ejército aseguró la parte superior del acantilado, los estadounidenses se sorprendieron cuando de repente las fuerzas enemigas se precipitaron en un contragolpe vicioso y fiero. Los responsables de la misión solicitaron una retirada inmediata. Los soldados se apresuraron a bajar por el acantilado; menos de un tercio del grupo logró llegar nuevamente hasta abajo. El resto yacía herido; cuerpos repartidos por todo el suelo enemigo, muchos estaban muertos y otros gravemente heridos. Un soldado solitario desobedeció las órdenes y decidió auxiliar a sus compañeros sin importarle que la muerte lo estaba rondando. La férrea determinación y el coraje inquebrantable de Desmond dieron como resultado, al menos, 75 hombres salvados ese día, un 5 de mayo de 1945, precisamente su día de reposo: el sábado.

Después de reestructurar las estrategias, los estadounidenses tomaron Hacksaw Ridge, Okinawa fue capturada sangrientamente, y varios días después, durante una incursión fallida, Desmond fue gravemente herido. Escondido en un agujero de concha con dos tiradores, una granada japonesa aterrizó a sus pies. La explosión lo envió volando provocándole gran daño en una de sus piernas y en la cadera. Él trató sus propias heridas lo mejor que pudo, pero al intentar ponerse a salvo, fue alcanzado por una bala de un francotirador que se le incrustó en el brazo. Herido, en el dolor y la pérdida de sangre, él continuaba colocando, por encima de su propia vida, la seguridad de los demás. En ese momento sus compañeros no tenían dudas al respecto: “Desmond elegiría morir para que otro más viviera”. Después de todo, esa era una de las lecciones aprendidas en la Biblia.

La escarpa de Maeda en 1945.


Condecoraciones

Además de su Medalla de Honor, Desmond recibió una Estrella de Bronce por su valor; un Corazón Púrpura por su valentía y coraje; la medalla de la Campaña Asiática y del Pacífico; la Medalla de Buena Conducta; la Campaña de Defensa de EE.UU.; y la no tan común Citación de Unidad Presidencial, que se le otorgó al 1er Batallón, 77ª división de infantería por asegurar la escarpa de Maeda.

La Medalla de Honor se estableció durante la Guerra Civil bajo el presidente Abraham Lincoln en 1862. En el centenario, en 1962, los otros destinatarios del premio seleccionaron a Desmond Doss para que los representara en una ceremonia en la Casa Blanca; ahí, él tuvo una agradable charla con el presidente John F. Kennedy. Antes de ser dado de alta del Ejército en 1946, Desmond desarrolló la tuberculosis. Pasó la mayor parte de los próximos seis años en los hospitales entre noches de insomnio y constantes temblores fríos y húmedos. A medida que la enfermedad avanzó, le extirparon, junto con cinco costillas, el pulmón izquierdo. Durante las siguientes décadas, él sobrevivió con un solo pulmón hasta la edad de 87 años, cuando murió el 23 de marzo de 2006 después de presentar dificultades para respirar. Sus restos descansan en el Cementerio Nacional, ubicado en Chattanooga, Tennessee.

Doss murió en marzo de 2006 después de sufrir una enfermedad respiratoria.

 

TEXTOS CONSULTADOS:

- DOSS, Frances M., Desmond Doss: Conscientious Objector: The Story of an Unlikely Hero, Pacific Press, New York, 2015.

- COLLIER, Peter; Choosing Courage: Inspiring True Stories of What It Means to Be a Hero, Turtleback Books, 2015. 

- DOUGARD, Martin; O’REILLY, Bill, Killing the Rising Sun: How America Vanquished World War II Japan, Macmillan, 2016.

- BULL, Malco; LOCKHART, Keith, Seeking a Sanctuary: Seventh-day Adventism and the American Dream, Indiana University Press, 2006.

 
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