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Michael Haneke habla sobre su interés en el tema del suicidio y su inmersión en las redes sociales para ‘Happy End’
Publicado el 30 - Nov - 2017
 
 
El cineasta austriaco, Michael Haneke, tenía un nuevo proyecto personal en puerta: Flashmob. Una historia que sería rodada parcialmente en Estados Unidos y seguiría a un grupo de personajes que se conectan a través de internet - ENFILME.COM
 
 
 

Lee aquí nuestro ALTAVOZ de Michael Haneke

Video. ‘Michael Haneke: My Life’, un documental

Después de la aclamada Amour (2012), ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2012, el cineasta austriaco, Michael Haneke, tenía un nuevo proyecto personal en puerta: Flashmob. Una historia que sería rodada parcialmente en Estados Unidos y seguiría a un grupo de personajes que se conectan a través de internet para compartir un fatídico incidente al final del relato. La intención del realizador era explorar la frágil relación entre los medios y la realidad. Sin embargo, Haneke decidió no materializar el guion y se concentró en Happy End (2017), una obra autorreferencial que alude a varios temas que el director ha abordado a lo largo de su filmografía –narrativas entrelazadas, la perversión e hipocresía de la clase alta, la tecnología del video, los niños malvados, las angustias alrededor de la muerte, el permanente interés en el suicidio– a partir del retrato de los Laurent, una familia rica y exitosa que vive en Calais en una suntuosa villa, atendida por una leal familia de sirvientes marroquíes.

En una reciente entrevista realizada por David Jenkins para Little White Lies, el autor austriaco explica por qué tuvo que crear una cuenta de Facebook para Happy End, y revela de qué manera su más reciente película se vincula con el proyecto de Flashmob.

LWLies: Comenzaste a escribir una película llamada Flashmob que abandonaste: ¿algunas ideas de esa película evolucionaron hasta convertirse en Happy End?

Haneke: Hay un hilo en la película que proviene de Flashmob, y se trata de la chica que envenena a su propia madre. Se basa en una historia que leí hace un par de años en el periódico: una chica que hizo exactamente eso, trató de envenenar a su madre durante un largo período de tiempo y la publicó, y escribió sobre ella en internet. Es algo que quería poner en una película durante muchos años, pero ese fue el único hilo que tomé de Flashmob.

¿Estás muy involucrado en las dinámicas de internet?

Para esta película, abrí una cuenta de Facebook. Exploré un poco, tuve algo de experiencia para hacer una investigación básica. Sería lo mismo si estuviera haciendo una película sobre un músico, por ejemplo. Me gustaría aprender más sobre su mundo. Personalmente no soy un estudiante de las redes sociales. Yo uso el correo electrónico. Yo uso internet cuando quiero investigar cosas rápidamente, por supuesto. Tengo un iPhone y lo uso para hablar con la gente. Pero ¿las redes sociales? Créeme, no tengo tiempo en mi vida para perderlo sentado frente a la computadora y surfear.

En cuanto a su página de Facebook, ¿era bajo su propia identidad o bajo la identidad de un niño?

No, no usé una cuenta usando mi propio nombre, ya que habría sido inundado por admiradores. Yo quería permanecer en el anonimato

¿Pero no eras un niño?

No, no fue así.

¿De dónde viene tu interés en el suicidio?

No podría imaginarme que, en un momento dado, dadas las circunstancias, uno quisiera terminar con su vida. Crecí y fui criado por mi tía, y al final de su vida, cuando tenía 92 años, llegó a un punto en el que no quería seguir viviendo. Ella pidió mi ayuda. Ella quería tomar algunas pastillas que le permitieran terminar con su vida. En ese momento yo era simplemente demasiado cobarde como para querer ayudarla. Intentó suicidarse y la encontré en casa y la salvé. Cuando se despertó en la habitación del hospital y me vio sentado allí, me miró y dijo: “¿Por qué me hiciste eso?”. Luego esperó, y en un momento en que yo estaba ausente en un festival de cine, ella lo hizo, y esta vez ella tuvo éxito. Pero creo que ella tenía razón en hacerlo. Creo que debería ser el derecho de una persona el poder terminar con su vida.

¿Tuvo alguna discusión con ella sobre su impulso?

Sí, hablamos al respecto y es una decisión o deseo que aprobé por completo. Ella me dijo que todos sus amigos estaban muertos, que no tenía a nadie más con quien poder hablar, que estaba aburrida, así que pasó todos sus días frente a la televisión. A primera hora de la mañana, le preocupaba si podría llegar al baño a tiempo porque no podía pararse. “La vida”, dijo, era “una serie continua de indignidades y humillaciones”, y ella pidió mi ayuda. Pero yo era demasiado cobarde. Dije que no. ¿Sabes? Si en tu testamento me has nombrado como tu heredero y si resulta que te ayudé a suicidarte, entonces yo sería procesado legalmente. Pensarían que lo había hecho para conseguir tu dinero. Pero fue una decisión que aprobé por completo y desearía no haber sido tan cobarde y haber podido ayudarla. 

Esa es una historia increíble.

Es muy común también. Creo que está mal que la sociedad imponga la obligación de mantenerse con vida en esas personas. Quiero ser claro y más específico sobre eso porque tengo miedo de ser malinterpretado, así que permítanme volver sobre eso y decir que entiendo, al mismo tiempo, que es imposible, o al menos difícil, que el Estado haga que la muerte asistida sea legal. Eso abriría la puerta al asesinato, por ejemplo, y es muy difícil de regular. Tanto más en los países de habla alemana, dado nuestro pasado y con el papel que jugó la eutanasia en el Tercer Reich. Entonces eso sería muy peligroso.

Trad. EnFilme

Fuente: Little White Lies

 
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