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Video. Tributo y análisis en torno a la obra del cinefotógrafo francés, Henri Alekan
Publicado el 13 - Oct - 2017
 
 
Aunque Henri Alekan utilizó el color, que siempre sentía que estaba ?muy por detrás de la pintura?, su principal contribución al cine fue su fotografía en blanco y negro, donde fue capaz de jugar con la - ENFILME.COM
 
 
 

El gran cinefotógrafo francés, Henri Alekan, que murió a los 92 años en 2001, estuvo íntimamente ligado a la evolución de la cinematografía europea en toda la segunda mitad del siglo XX, trabajando con extraordinarios directores que van desde Jean Cocteau hasta Win Wenders, pasando por Abel Gance, Alain Robbe-Grillet, Terence Young y Amos Gitai.

Aunque utilizó el color, que siempre sentía que estaba “muy por detrás de la pintura”, su principal contribución al cine fue su fotografía en blanco y negro, donde fue capaz de jugar con la luz y las sombras para crear un efecto dramático. Por ejemplo, en La Bella y la Bestia de Cocteau (1946), cuando el padre de la heroína se acerca a la puerta del castillo de la Bestia, Alekan sugiere el paso del tiempo evocado por la sombra del actor. Para conseguir el efecto, puso una luz en una grúa que se bajó cuando el actor se acercó a la puerta, creando una transición hechizante - todo de un solo disparo - desde una pequeña sombra del mediodía hasta otra sombra enorme que sube la puerta.

De origen búlgaro, Alekan nació en Montmartre, cerca del taller de Auguste Renoir. A los 16 años, Henri y su hermano menor, Pierre, se convirtieron en titiriteros ambulantes. “Detrás de la fachada de títeres, había un pequeño agujero a través del cual se podía mirar al público sin ser visto”, recuerda Henri. “Allí, podría expresarme sin timidez”.

Pronto el tímido Alekan se convirtió en tercer camarógrafo asistente en el estudio de Billancourt. Después de una estancia en el ejército, regresó a Billancourt en 1931 para encontrar el estudio transformado por la tecnología de sonido. La cámara tuvo que ser manipulada de tal manera que evitara el auge del micrófono por encima de las cabezas de los actores. “En los primeros días del sonido, tuve problemas terribles”, recordó Alekan. “En general, los fotógrafos estaban en pésimas condiciones en comparación con los técnicos de sonido, parecían enemigos”.

A finales de la década de 1930, como camarógrafo de Eugen Shüfftan, trabajó en dos películas de Marcel Carné, Quai des Brumes y Drle de Drame. Shüfftan se convirtió en su mentor. “Aproveché muchísimo de las magníficas lecciones de iluminación creadas por un artista y decía: Mira, no estoy haciendo iluminación naturalista, estoy iluminando lo que siento, iluminación emocional”.

Las opiniones de Alekan eran similares. “Debemos romper la banalidad del naturalismo, obtener el naturalismo en nuestra vida cotidiana, los artistas están hechos para inventar algo más”.

La carrera de Alekan fue interrumpida por la ocupación alemana de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Después de escapar de un campo de prisioneros de guerra en 1940, él y su hermano formaron un grupo de resistencia llamado el 14 de julio, basado en el sur de Francia. El grupo ayudó a la gente en la huida de los alemanes, proporcionando refugio y documentos falsos. Alekan filmó también en secreto las fortificaciones de playa alemanas. Después de la guerra, recibió varias medallas por esta obra, y la Legión de Honor.

A pesar de su desestimación del naturalismo y de su compromiso con el uso creativo de la iluminación y las sombras –como se delineó en su libro de 1979, Des Lumières et des Ombres–, el primer éxito de Alekan como director de fotografía fue la rítmicamente realista de René Clément, Bataille du Rail (Batalla del ferrocarril, 1946). Usando casi ninguna iluminación, él filmó a los trabajadores de ferrocarril repromulgando sus hazañas valientes como resistentes durante la ocupación.

Una de sus películas favoritas fue la británica Anna Karenina (1948), dirigida por Julien Duvivier, y protagonizada por Vivien Leigh. El filme está lleno de matices de iluminación, cada tono de negro a blanco es rendido magistralmente, como en la escena final cuando la heroína de Tolstoi se lanza bajo un tren. La estación exterior fue rodada al anochecer, con nubes de vapor que se elevaban desde las locomotoras. Gran parte de la magia de Wenders en su visión angélica de Berlín, Wings Of Desire (1987), proviene de la fotografía de Alekan, en su mayoría negra y blanca. Como tributo, el circo en la película lleva el apellido del fotógrafo, obviamente un lugar de la luz y de las sombras maravillosas.

A continuación te compartimos, Virtual Illumination, un videoensayo elaborado por Alex Nevill que también funciona como una carta de admiración dedicada al venerado director de fotografía Henri Alekan, explorando la iluminación de imágenes en movimiento en el contexto de una creciente confluencia de tecnologías.

 EF

Fuente: Film School Rejects, The Guardian, P.O.V.

 
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