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FICHA TÉCNICA
Être et avoir
Ser y tener
 
Francia
2002
 
Director:
Nicholas Philibert (Nénette, 2010)
 
Con:
Georges Lopez, Alizé, Axel Thouvenin
 
Duración:
104 min.
 

 
Ser y tener
Publicado el 30 - Jun - 2013
 
 
 
 
por Karen Chacek

Por Karen Chacek

Más de un crítico todavía intenta explicarse cómo es que un documental ubicado en una escuela rural por el norte de Francia, cuyos protagonistas son un maestro de apellido López, un puñado de niños de entre cuatro y diez años, y un aula que los trece comparten a lo largo del año escolar, se convirtió en el 2002 en un fenómeno de taquilla del cine de no-ficción, luego de su estreno en salas. Tan sólo en Francia, Ser y tener cautivó a un millón y medio de espectadores.

Teorías van, teorías vienen, muchos atribuyen el éxito del filme al estilo de la realización. Para el caso, Nicolas Philibert (Back to Normandy, 2007; Every Little Thing, 1997) utilizó el mismo modus operandi aplicado en sus documentales anteriores: iniciar el rodaje con la mínima información posible respecto al objetivo a filmar y dar rienda suelta a la subjetividad para que comande las acciones. Un tipo de riesgo que a Philibert le apasiona, aunque después se traduzca en muchas horas invertidas en la sala de edición.

Los ortodoxos, en cambio, consideran que la clave del documental está en el realismo conseguido: en el hecho de que los niños jamás entendieron bien de qué se trataba todo aquello; cuatro adultos, una cámara y un micrófono acompañándolos a lo largo del ciclo escolar. Es cierto, para la película se filmaron personas y situaciones reales. Sin embargo, la intención de Philibert siempre tuvo que ver con otra cosa: “Las personas olvidan que la realidad no existe mas que cuando la miramos; que mirar el mundo es una forma de reconstruirlo”. La película se aleja años luz de ser un material didáctico. De hecho, su construcción es digna de una buena ficción.

Los más exquisitos creen que el secreto del filme radica en el misterio; en las preguntas nunca resueltas. El maestro, por ejemplo, es un personaje entrañable, aun cuando no sabemos ni pizca de su vida privada.

En lo personal, yo elijo apostar a la suma de todos los puntos anteriores y agregar a la ecuación uno extra: la claridad de Philibert para retratar eso invisible contenido en las pequeñas excursiones de un grupo de niños en la nieve, en los abismos entre palabra y palabra que se producen en un dictado escolar, en las bromas espontáneas y disputas entre compañeros de aula, en la mano tensa de un niño de cinco años que traza por primera vez la forma de una letra, en la tarea de matemáticas que pone en aprietos a una familia completa, en la paciencia interminable de un maestro para quien la experiencia escolar supone más que aprender a leer, escribir y hacer números, en el primer acercamiento de un pequeño a la noción de infinito, en el sonido de los vientos de otoño y las fundas de color blanco que cubren los árboles en invierno, en el brote de las primeras flores y en el verde intenso del verano, en la despedida del maestro cuando finaliza el curso escolar y en las ganas que nos dan a los espectadores de ocupar una silla del salón de clases, para integrarnos a esa secuencia de imágenes que hace parecer a la cotidianidad como un evento asombroso.

 
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