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FICHA TÉCNICA
Annabelle
Annabelle
 
Estados Unidos
2014
 
Director:
John R. Leonetti
 
Con:
Annabelle Wallis, Alfre Woodard, Michelle Romano, Eric Ladin, Ward Horton
 
Guión:
Gary Dauberman
 
Fotografía:
James Kniest
 
Edición:
Tom Elkins
 
Música
Joseph Bishara
 
Duración:
99 min.
 

 
Annabelle
Publicado el 16 - Oct - 2014
 
 
  • Annabelle emplea una serie de referencias medievales para manifestar la eterna lucha entre el bien y el mal. En el aspecto visual recurre, como apertura y cierre del filme, a la gárgola de una iglesia. Más allá de su funcionalidad ?como elemento de desagüe de la edificación?, el objeto arquitectónico es mostrado en dos momentos con significados distintos, pues la gárgola poseía esa ambivalencia en la Edad Media. Al principio, el monstruo con cuernos es sinónimo de amenaza, de la presencia maligna que está por aproximarse; al final, la apariencia grotesca refiere a una herramienta para ahuyentar el mal del espacio sagrado. También, recuperando la tradición medieval, Annabelle representa tres momentos de la mujer (pureza, sacrificio y maldad).  - ENFILME.COM
  • Annabelle emplea una serie de referencias medievales para manifestar la eterna lucha entre el bien y el mal. En el aspecto visual recurre, como apertura y cierre del filme, a la gárgola de una iglesia. Más allá de su funcionalidad ?como elemento de desagüe de la edificación?, el objeto arquitectónico es mostrado en dos momentos con significados distintos, pues la gárgola poseía esa ambivalencia en la Edad Media. Al principio, el monstruo con cuernos es sinónimo de amenaza, de la presencia maligna que está por aproximarse; al final, la apariencia grotesca refiere a una herramienta para ahuyentar el mal del espacio sagrado. También, recuperando la tradición medieval, Annabelle representa tres momentos de la mujer (pureza, sacrificio y maldad).  - ENFILME.COM
  • Annabelle emplea una serie de referencias medievales para manifestar la eterna lucha entre el bien y el mal. En el aspecto visual recurre, como apertura y cierre del filme, a la gárgola de una iglesia. Más allá de su funcionalidad ?como elemento de desagüe de la edificación?, el objeto arquitectónico es mostrado en dos momentos con significados distintos, pues la gárgola poseía esa ambivalencia en la Edad Media. Al principio, el monstruo con cuernos es sinónimo de amenaza, de la presencia maligna que está por aproximarse; al final, la apariencia grotesca refiere a una herramienta para ahuyentar el mal del espacio sagrado. También, recuperando la tradición medieval, Annabelle representa tres momentos de la mujer (pureza, sacrificio y maldad).  - ENFILME.COM
  • Annabelle emplea una serie de referencias medievales para manifestar la eterna lucha entre el bien y el mal. En el aspecto visual recurre, como apertura y cierre del filme, a la gárgola de una iglesia. Más allá de su funcionalidad ?como elemento de desagüe de la edificación?, el objeto arquitectónico es mostrado en dos momentos con significados distintos, pues la gárgola poseía esa ambivalencia en la Edad Media. Al principio, el monstruo con cuernos es sinónimo de amenaza, de la presencia maligna que está por aproximarse; al final, la apariencia grotesca refiere a una herramienta para ahuyentar el mal del espacio sagrado. También, recuperando la tradición medieval, Annabelle representa tres momentos de la mujer (pureza, sacrificio y maldad).  - ENFILME.COM
  • Annabelle emplea una serie de referencias medievales para manifestar la eterna lucha entre el bien y el mal. En el aspecto visual recurre, como apertura y cierre del filme, a la gárgola de una iglesia. Más allá de su funcionalidad ?como elemento de desagüe de la edificación?, el objeto arquitectónico es mostrado en dos momentos con significados distintos, pues la gárgola poseía esa ambivalencia en la Edad Media. Al principio, el monstruo con cuernos es sinónimo de amenaza, de la presencia maligna que está por aproximarse; al final, la apariencia grotesca refiere a una herramienta para ahuyentar el mal del espacio sagrado. También, recuperando la tradición medieval, Annabelle representa tres momentos de la mujer (pureza, sacrificio y maldad).  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

Annabelle: La verdadera historia de la muñeca diabólica 

Gran parte del éxito y buen recibimiento –tanto del público como la crítica– que tuvo El conjuro (The Conjuring, 2013), un filme sobre una casa poseída y una serie de exorcismos, consistió en la capacidad y habilidad de su director, James Wan (Saw, 2004; Insidious, 2010), por recuperar el terror clásico de filmes como El exorcista (1973), combinarlo con el horror psicológico muy al estilo de los maestros del género de los setenta (William Friedkin, Brian de Palma o Roman Polanski) y no recurrir al gore explícito ni a los ostentosos efectos visuales que predominan en el cine de terror contemporáneo. Ahora, James Wan funge como productor de Annabelle (2014), un spin-off y precuela dirigida por John R. Leonetti (Mortal Kombat: Annihilation, 1997; The Butterfly Effect 2, 2006) que se centra en la muñeca diabólica de vestido blanco, dos trenzas adornadas con moños rojos, amplios ojos, insinuante mirada, mejillas sonrosadas y sonrisa siniestra.

Este nuevo filme inicia con material de El conjuro, retomando aquella escena donde dos jóvenes enfermeras hablan sobre los extraños acontecimientos vinculados con la muñeca que experimentan al interior de su departamento. En el filme de 2013, Annabelle estaba encerrada en una vitrina; los demonólogos (que en realidad existieron), Lorraine y Ed Warren, la condenaron a vivir ahí después de reconocer que una fuerza maligna habitaba en ella. ¿Cómo una muñeca puede ser receptora de un demonio? En Annabelle se narran sus orígenes y cómo, de un juguete cualquiera, se transformó en el medio para que el demonio aceche a sus víctimas.

El guión de Gary Dauberman nos sitúa en Santa Mónica en 1969 cuando la muñeca es adquirida por un joven matrimonio. John (Ward Horton), un médico en ciernes, le obsequia a su esposa Mia (Annabelle Wallis) la única muñeca que le falta para completar su colección: viéndola, difícilmente alguien entenderá por qué una dulce mujer querría guardar a Annabelle entre sus estantes. La muñeca de la película es por mucho más espeluznante que la original, en la que está basada la historia. Una larga y bien orquestada secuencia muestra un asesinato ocurrido al interior de la casa de los vecinos –el matrimonio de los Higgins (Kerry O'Malley y Brian Howe)– visto a través de la ventana de la habitación de Mia. Al poco tiempo, los asesinos –una mujer llamada Annabelle Higgins y su acompañante, quienes practican rituales satánicos– irrumpen en la casa del joven matrimonio. Mia, quien está embarazada, es agredida en el vientre con un cuchillo. La policía llega de manera oportuna para evitar la masacre y Annabelle, que en ese momento sostiene a la muñeca en sus brazos, muere y unas gotas de sangre caen sobre el juguete, introduciéndose a sus ojos. Con este detalle el ritual se efectúa y a partir de ese momento, el objeto está maldito y una serie de infortunios persigue a los esposos que deciden trasladarse a un apartamento en Pasadena, California para un nuevo inicio en compañía de su hija, la recién nacida Leah. 

Los personajes carecen del desarrollo suficiente para empatizar con ellos. John y Mia cumplen los roles comúnmente atribuidos a la pareja joven e íntegra que vive un idilio amoroso, cuyas grandes aspiraciones se ven amenazadas por el mal; pero fuera de ello, no hay elementos suficientemente convincentes para preocuparnos por ellos o por lo que les pueda ocurrir, y eso es un gran problema en el guión cuando la trama central depende de si sobrevivirán o no.

Annabelle emplea una serie de referencias medievales para manifestar la eterna lucha entre el bien y el mal. En el aspecto visual recurre, como apertura y cierre del filme, a la gárgola de una iglesia. Más allá de su funcionalidad –como elemento de desagüe de la edificación–, el objeto arquitectónico es mostrado en dos momentos con significados distintos, pues la gárgola poseía esa ambivalencia en la Edad Media. Al principio, el monstruo con cuernos es sinónimo de amenaza, de la presencia maligna que está por aproximarse; al final, la apariencia grotesca refiere a una herramienta para ahuyentar el mal del espacio sagrado. También, recuperando la tradición medieval, Annabelle representa tres momentos de la mujer (pureza, sacrificio y maldad). El demonio –empleando como medio a Annabelle– acecha al más débil e inocente, en este caso la pequeña y vulnerable bebé Leah; Mia es la madre condenada a ejecutar un sacrificio si es que desea salvar a su hija; y finalmente la maldad es representada en Higgins y depositada en un objeto que representa a la mujer, en este caso, una muñeca con rasgos femeninos bien definidos.

Los muñecos poseídos han sido abordados anteriormente en el cine. Además de la popular Child’s Play (1988), se encuentran Trilogy of Terror (1975), Poltergeist (1982),  Dolls (1987), o incluso un capítulo para la serie The X-Files escrito por Stephen King. En ellos hay algo espeluznante, pero también ridículo: una mirada estática y amenazante sobre el rostro de porcelana que, cuando las luces se apagan, comienzan a desplazarse con intenciones siniestras. En todos estos filmes, los muñecos, por sí mismos, poseen carácter y personalidad; en Annabelle, no. La muñeca es sólo un objeto, uno que es manejado por el demonio para cumplir su objetivo. La personalidad y carácter de ella sólo son aludidos mediante trucos en la iluminación o inducidos por el score de Joseph Bishara (Insidious, 2010) que, a pesar de ser predominantemente orquestal, las composiciones son agresivas y ásperas, constantes y estridentes sonidos de instrumentos de cuerda que aluden a la omnipresencia del mal. Y aunque, dentro del panteón de estos personajes, resulte atípico que la protagonista no tenga vida propia y sea sólo un objeto, la decisión es adecuada para mantener las expectativas del espectador de cómo resolver y justificar la importancia de un elemento inerte a lo largo del filme. 

John R. Leonetti –que previamente trabajó en varios filmes de James Wan como cinefotógrafo– recurre, estilísticamente, a una cámara fluida, que transita a placer por el interior de la casa y del departamento donde habitan Mia, Leah y Annabelle (la mayor parte del tiempo John no está en casa, la figura masculina está ausente) mostrando los pasillos y las habitaciones, y empleando de manera exagerada  la profundidad de campo para, al mismo tiempo, apreciar en primer plano la preocupación de Mia y percatarnos de las malignas presencias que la acechan al fondo de los pasillos o en las habitaciones contiguas.

Destaca una secuencia, quizá la mejor del filme, desarrollada en el sótano. La tensión se desarrolla al tener a Mia en un espacio obscuro y a su hija, Leah, sola, en un lugar alejado de su madre, pero cerca de la muñeca; la irrupción de una carriola y el sonido chillante de sus llantas (elementos que aluden a Rosemary’s Baby de Polanski) conforman una atmósfera de temor. No obstante, la abrupta manera de cortar el pánico es recurriendo a la repetición de un motivo que en un principio provoca tensión y luego se desgasta como si se tratara de una broma visual (la puerta del elevador se abre, durante cuatro ocasiones seguidas, en el sótano), así como la encarnación de la maldad; el demonio se hace presente en forma de carnero. Leonetti busca apoderarse de la imaginería y estética de los clásicos de terror de los setenta (The Omen y The Rosemary’s Baby, principalmente), olvidando que el horror, en el mejor de los casos, no se genera a partir de las imágenes aterradoras o cortes frenéticos, sino en algo más profundo. Wan lo comprendió y lo puso en práctica en El conjuro: aprovechó otros elementos (principalmente el diseño de sonido y los espacios) para provocar angustia constante y soltar oportunamente los instantes de horror; Leonetti lo ignora o, si lo sabe, es incapaz de ejecutarlo.

La muñeca poseída puede ser una idea absurda que funcionó muy bien como un ingrediente más del atractivo engranaje de terror representado en El conjuro, pero en este filme queda evidenciado que, por sí sola, esa pieza aislada fracasa. La expectativa de ver cualquier spin-off radica en los descubrimientos que pueden arrojar nueva luz sobre una historia con la que ya estamos familiarizados, añadiendo otras perspectivas a la mitología, nutriéndola y consolidándola a lo largo de los años, mientras que al mismo tiempo, sirve para atar algunos cabos sueltos que, quizá, no habían sido resueltos en los relatos anteriores. Por desgracia, Annabelle no consigue esto; al menos se agradece su moderación al optar por no ridiculizar a su muñeca al estilo Chucky. 

 
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