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FICHA TÉCNICA
Elysium
Elysium
 
Estados Unidos
2013
 
Director:
Neill Blomkamp
 
Con:
Matt Damon, Jodie Foster, Sharlto Copley
 
Guión:
Neill Blomkamp
 
Duración:
109 min.
 

 
Elysium
Publicado el 10 - Oct - 2013
 
 
  • Blomkamp espera que tomemos la injusta dualidad entre la Tierra y Elysium por sentada, que suprimamos las incoherencias de su ciencia ficción distópica hinchada por un presupuesto antes que por su narrativa. Resulta decepcionante y estrepitoso que el sudafricano se embarque en el reto de crear un futuro incómodamente similar a nuestro presente, solo para terminar empotrándolo en un marco de acción estruendosa.  - ENFILME.COM
  • Blomkamp espera que tomemos la injusta dualidad entre la Tierra y Elysium por sentada, que suprimamos las incoherencias de su ciencia ficción distópica hinchada por un presupuesto antes que por su narrativa. Resulta decepcionante y estrepitoso que el sudafricano se embarque en el reto de crear un futuro incómodamente similar a nuestro presente, solo para terminar empotrándolo en un marco de acción estruendosa.  - ENFILME.COM
  • Blomkamp espera que tomemos la injusta dualidad entre la Tierra y Elysium por sentada, que suprimamos las incoherencias de su ciencia ficción distópica hinchada por un presupuesto antes que por su narrativa. Resulta decepcionante y estrepitoso que el sudafricano se embarque en el reto de crear un futuro incómodamente similar a nuestro presente, solo para terminar empotrándolo en un marco de acción estruendosa.  - ENFILME.COM
  • Blomkamp espera que tomemos la injusta dualidad entre la Tierra y Elysium por sentada, que suprimamos las incoherencias de su ciencia ficción distópica hinchada por un presupuesto antes que por su narrativa. Resulta decepcionante y estrepitoso que el sudafricano se embarque en el reto de crear un futuro incómodamente similar a nuestro presente, solo para terminar empotrándolo en un marco de acción estruendosa.  - ENFILME.COM
  • Blomkamp espera que tomemos la injusta dualidad entre la Tierra y Elysium por sentada, que suprimamos las incoherencias de su ciencia ficción distópica hinchada por un presupuesto antes que por su narrativa. Resulta decepcionante y estrepitoso que el sudafricano se embarque en el reto de crear un futuro incómodamente similar a nuestro presente, solo para terminar empotrándolo en un marco de acción estruendosa.  - ENFILME.COM
  • Blomkamp espera que tomemos la injusta dualidad entre la Tierra y Elysium por sentada, que suprimamos las incoherencias de su ciencia ficción distópica hinchada por un presupuesto antes que por su narrativa. Resulta decepcionante y estrepitoso que el sudafricano se embarque en el reto de crear un futuro incómodamente similar a nuestro presente, solo para terminar empotrándolo en un marco de acción estruendosa.  - ENFILME.COM
 

Por Jaqueline Avila (@franzkie_)

En 2009, la ciencia ficción encontró un apogeo masivo con la exhibición de dos grandes producciones: la saga Star Trek, impulsada por JJ Abrams , y el Avatar de James Cameron. Entre estos dos monstruos que cumplían de forma natural los estándares de Hollywood, una tercera generación (con menos presupuesto) entró al juego de la mano de Distrito 9 de Neill Blomkamp, un nuevo director con un estilo propio y una mente de la que desbordaban ideas de crítica sociopolítica, que levantó amplia expectativa sobre su siguiente proyecto.

Cuatro años más tarde, el segundo trabajo de Blomkamp, también de ciencia ficción, Elysium, parte de una premisa maniquea que no destaca por su originalidad (Metrópolis, 1927; Soylent Green, 1973): la división abismal entre los ricos y pobres. Los primeros viven en una estación espacial hecha por el propio hombre, lujosa terminal, llena de verdes jardines y azules albercas, libre de enfermedades y de los típicos problemas que afectan a la humanidad del futuro (sobrepoblación, delincuencia, contaminación); mientras que el resto de la población vive en un planeta Tierra en franca decadencia –ambientado, por cierto, en territorio mexicano– y en la misma fecha en el futuro que el Avatar de Cameron: 2154.

Matt Damon interpreta a Max, el (anti)héroe que de niño sueña con llegar a la idílica utopía que representa Elysium –al igual que el Vincent (Ethan Hawke) de Gattaca (Andrew Niccol, 1997), que buscaba empeñoso viajar al espacio, a pesar de una condición genética notablemente “inferior” que se lo impedía–. Su niñez se nos presenta con absurdo sentimentalismo: sus reflexiones son alentadas por la voz en off de la monja a su cuidado en el orfanato, donde también vive la niña Frey a quien promete, algún día, llevar a Elysium. La religiosa lo anima a seguir su destino, que implica recordar de dónde viene e imaginar lo hermoso que debe verse el planeta donde vive si se le mira desde el satélite opuesto (claro, solo a la distancia).

Ya como adulto, llegar a Elysium es su única oportunidad de sobrevivir a un ataque de radiación que le dará la muerte en solo cinco días. Tal misión lo lleva a enfrascarse (previa implantación quirúrgica de una armadura que lo transforma en un supersoldado) en una lucha en contra de Kruger, un exmilitar desquiciado interpretado por Sharlto Copley (quien protagonizó Distrito 9) contratado por la ministra de seguridad, Delacourt (a cargo de Jodie Foster), para hacer su trabajo sucio en la Tierra y detener a Max en su plan de escape, aunque éste termina “accidentalmente” involucrado en el golpe de estado que la fría política planea.

Por más que se le conceda licencia a la ciencia ficción para crear realidades poco verosímiles a favor de un escenario fantástico fértil para las reflexiones sobre nuestra existencia, en Elysium, la exhibición de las disparidades económicas carece de creatividad para crear un mundo con aportes originales (el diseño de arte no supera las naves ovaladas de Star Wars, ni el diseño minimalista de 2001: Una odisea del espacio), y el guión escasea de delicadeza y contundencia. El filme es predecible e inconsistente: si los robots que mantienen el orden en la Tierra son capaces de leer las reacciones anímicas de los habitantes de ésta, ¿por qué no utilizarlos para una tarea de ensamblaje de piezas tan sencilla como la que realizan los hombres en la fábrica en donde trabaja Max? Los altísimos y derruidos edificios mostrados en las panorámicas del inicio jamás se vuelven a ver y son suplantados por barrios decadentes y marginados con viviendas de una sola planta.

El argumento de la cinta se asienta en una exaltada, que no concienzuda, imaginería creada a partir de distantes opuestos: el lujoso y millonario espacio sideral, donde cualquier utopía es posible, opuesto a la Tierra enferma, sobrepoblada por paupérrimos y sucios proletarios y criminales destinados a una existencia miserable; la repartición de idiomas está dada casi por castas: el francés es la lengua exclusiva entre los ricos de Elisyum; el inglés, entre sus gobernantes; el español mexicano, entre los marginados, y el afrikáner, para el asesino a sueldo.

La polarización del escenario de Bloompack, que inicialmente busca mostrar los males inherentes a la escisión entre ricos y pobres, gradualmente crea un vacío argumentativo que convierte la crítica social en una exageración adornada con un puñado de escenas de acción. El director nuevamente busca crear una película instalada en un intento de alegoría política avalada por cierta habilidad para crear imágenes cargadas de burdo comentario social pero falla haciéndola simplista, superficial y racista. Como cuando la malévola secretaria de seguridad, Delacourt, ordena fríamente a la defensa de Elysium la destrucción de los buques que se acercan al utópico planeta repletos de desesperados ilegales. Su razón es que está defendiendo el lifestyle de los ricos. Pero su contraparte, el presidente, más que ofrecer un argumento válido en contra, parece un imbécil distraído.

El eco mesiánico de Max como el único salvador de la humanidad entra en conflicto con su propio individualismo que da motor a la lucha por evitar su muerte. Aunque es más la casualidad y su pasado de criminal lo que lo ponen en la situación de héroe, Blomkamp intenta redimir a su protagonista insertando un amor de infancia que reaparece (con una insípida Alice Braga) para transformar en nobles las intenciones de Max y reducir así la curva narrativa al convencional enfrentamiento entre un héroe y un villano (damisela de por medio), para conseguir un clímax lógica y emocionalmente inocuo que se evapora entre las secuencias de acción.

En una entrevista concedida a propósito de Elysium, Blomkamp aseguraba que una de los retos más complejos de la realización de su segunda cinta había sido “equilibrar la metáfora política y social contra la ciencia ficción”. Las dificultades se asoman en la pantalla, ya que aún retratando una serie de problemas modernos del mundo real (racismo, pobreza, discriminación, xenofobia), la película no permite que éstos adquieran la dimensión reflexiva que merecen; así, el seguimiento es menos consecuente, y, más al estilo Hollywood, inflamando los contrastes con los beneficios de un amplio presupuesto; 120 millones de dólares en comparación con los apenas 30 millones del debut del sudafricano.

Con Elysium, el director tuvo control de altas cantidades altas a nivel presupuesto –para tratarse de su segunda película-. Sin embargo, el punto fuerte de su cinta anterior: la inteligente forma de configurar el subtexto político dentro de un relato especulativo, no es visible, y en cambio, se sobrevolara el beneficio de las grandes secuencias de acción que no son necesariamente sorprendentes. Aunque en este rubro, Blomkamp –ayudado por el mismo departamento artístico que trabajó con él en Distric 9, Phil Ivey y Weta Workshop– es visualmente correcto, (con tomas que dejan ver los pulidos escenarios de Elysium y que producen tensión cuando se contrastan con las ruinas de Los Ángeles que también son mostradas), deja una ligera sensación de déjà vu a nivel de estilo: como en un videojuego y en perspectiva en tercera persona (como lo había hecho en Distric 9), Neil utiliza desaceleración cuando filma el combate durante el secuestro de unos de los habitantes de Elysium, con el fin de hacer los impactos de las armas o del cuerpo a cuerpo más violentos. El uso de la cámara lenta es una buena idea, pero el resto de la construcción visual de esta escena es complicada sin razón aparente; mientras que algunas tomas se filman con cámaras fijas y grúas para dar una sensación de profundidad al espectador, en el resto se utiliza cámara en mano y, así, la obligada combinación de ambas técnicas, lejos de dar soltura y variedad, hace que la secuencia sea poco detallada.

Las soluciones que Blomkamp ofrece a los problemas que critica en su cinta, son simplistas y casi mágicas (SPOILER): Matt Damon se sacrifica por el resto de los no ciudadanos de Elysium. Esta torpe resolución desvía la atención de los problemas planteados y es justo en este punto en el que se extraña la anterior cinta de Blomkamp, District 9, que fijaba en la reflexión del espectador las tribulaciones que planteaba gracias a un final grisáceo que permitía que los espectadores debatieran las posibles soluciones por su cuenta (TERMINA EL SPOILER). En su segunda cinta, el sudafricano simplifica a blanco y negro los planteamientos sociales, políticos y morales.

Elysium privilegia el espectáculo y hace que la cinta caiga en un espiral descendente. Blomkamp espera que tomemos la injusta dualidad entre la Tierra y Elysium por sentada, que suprimamos las incoherencias de su ciencia ficción distópica hinchada por un presupuesto antes que por su narrativa. Resulta decepcionante y estrepitoso que el sudafricano se embarque en el reto de crear un futuro incómodamente similar a nuestro presente, solo para terminar empotrándolo en un marco de acción estruendosa.

 

 
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