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FICHA TÉCNICA
Gnomeo & Juliet
Gnomeo y Julieta
 
Reino Unido/ EE.UU.
2011
 
Director:
Kelly Asbury
 
Con:
James McAvoy, Emily Blunt, Ashley Jensen, Michael Caine, Jason Statham, Ozzy Osbourne
 
Duración:
84 min.
 

 
Gnomeo y Julieta
Publicado el 23 - Mar - 2011
 
 
La   historia se desarrolla en el jardín trasero de un barrio inglés de la   calle Verona, en donde los pueblos gnomo Rojo y Azul viven en eterna   guerra. El agresivo equilibrio montado entre ambas comunidades se rompe   el día que Gnomeo (McAvoy), del pueblo azul, y Julieta (Blunt), del   pueblo rojo, se conocen y tratan de esconder a sus familias el amor que   se profesan. - ENFILME.COM
 

Gnomeo y Julieta o cómo (nunca) debió contarse la famosa historia

 

Por Luis Vázquez

 

Todos hemos observado alguna vez en la pantalla o en libros esos pequeños gnomos de yeso o porcelana, personajes chistosos que particularmente en Europa se utilizan para adornar los jardines de los vecindarios. Por el contexto del que parecen venir y sus ojos siempre abiertos e inmóviles, crean cierta fascinación y en algunos casos algo de incomodidad (así como sucede a algunos con los payasos o las muñecas de ojos abatibles), pues nos hacen temer descubrirlos en movimiento o girando sus cabezas por la noche. Pero esto no es una película de miedo. En Gnomeo y Julieta (Gnomeo & Juliet, 2011), Touchstone Pictures decidió jugar con el lado amable de estos figurines pensando, muy a la manera de Toy Story (1995), qué podría suceder si esto fuera cierto y estos se movieran cada vez que les damos la espalda.

La historia se desarrolla en el jardín trasero de un barrio inglés de la calle Verona, en donde los pueblos gnomo Rojo y Azul viven en eterna guerra. El agresivo equilibrio montado entre ambas comunidades se rompe el día que Gnomeo (McAvoy), del pueblo azul, y Julieta (Blunt), del pueblo rojo, se conocen y tratan de esconder a sus familias el amor que se profesan.

Pero esto no tiene nada que ver con la legendaria tragedia; parece que miles y miles de lectores a través de la historia y un clásico de la literatura universal, no son suficiente garantía de éxito en taquilla. Para salvar el día, Hollywood ofrece una “divertida” comedia llena de bromas y humor ligero que probablemente harían al mismo Shakespeare dar vuelcos en su tumba.

Puede resultar realmente incómodo ver cómo un relato clásico es tan patentemente alterado y manipulado para lograr lo que los productores consideran que es “lo que la gente quiere (y pagará) por ver”. Como cuando la historia demerita al genio con una escultura del gran literato que lo muestra como un bufón amargado que no sabe que los finales tristes no son la única opción.

La última línea del gnomo galán, “este final me gusta más”, descalifica y echa por tierra el clímax emocional de la obra original (pero ¿qué puede saber ese tal William, verdad?). Lo triste de la película radica en pensar que los niños salgan con la alarmante idea de que conocen la historia de Romeo y Julieta, siendo que el guión se posiciona en sentido radicalmente opuesto al que la historia original plantea. Bien valdría que no lucraran con su nombre con el simple afán de ganar más centavos en taquilla. Como argumentó alguna vez Marge Simpson respecto a la adaptación televisada de la biografía de Bart, “cambiaron la historia lo suficiente para no tener que pagarnos un centavo por los derechos”. Y vaya que lo hicieron.

Abundan los chistes físicos de risa fácil (un gnomo exhibicionista corre gritando “tengo un lindo par de cocos”), estereotipos culturales “graciosos” (un flamingo caribeño que nadie entiende por qué carambas adquirió un acento castellano) y lugares comunes que molestan un poco por ya haber sido vistos antes en películas como Shrek o Buza Caperuza. Está también el clásico bailable de final feliz en el que desfilan todos los personajes del filme por si no nos los habíamos aprendido de memoria (aún resucitando a los muertos para que no los extrañemos y veamos que todo era “de a mentis”).

En cuanto a la animación, aunque fluida y detallada, no resulta especialmente atractiva, más bien limitada, quizá en parte por el pequeño universo de escenarios en el que se desenvuelve la historia. El 3D estereoscópico es poco notorio y se olvida a los cinco minutos después de empezada la película. Toda la primera secuencia desarrollada en la noche parece no estar planeada para ser vista con los lentes polarizados pues requiere de un cierto esfuerzo del espectador para alcanzar distinguir lo que sucede.

Por otro lado, los personajes se sienten muy planos (no se confundan, son elaborados en 3D, pero su carácter y construcción psicológica es acartonada, empezando por la pareja protagonista que no logra enganchar al público). El diseño de los personajes no conquista salvo por algunos muy secundarios, como el hongo-mascota de Gnomeo, o el comando de conejitos azules y su contraparte encontrada en la pléyade de duendecillos rojos. En los dos últimos casos tenemos pequeñas manadas impersonalizadas pero tiernas que recuerdan en simpatía –aunque no en el mismo grado- a los minions de Mi Villano Favorito (Despicable Me, 2010). Esta falta de identificación provoca que la primera parte de la película, en la que los tórtolos se conocen y se enamoran, se sienta apresurada, fría y poco empática. A veces ni si quiera las emblemáticas melodías de Elton John parecen ser suficientes para “sentir el amor esta noche”.

Aunque la película esté dirigida a niños pequeños, eso no tendría que ser sinónimo de mediana calidad, sin importar su edad, el público se merece algo más que el chiste fácil, y esta historia al igual que sus personajes y el entorno en que se realiza, se queda pequeña, muy pequeña.

 
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