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FICHA TÉCNICA
Iron Man 3
Iron Man 3
 
EE.UU.
2013
 
Director:
Shane Black
 
Con:
Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Don Cheadle
 
Guión:
Drew Pearce, Shane Black
 
Fotografía:
John Toll
 
Edición:
Peter S. Elliot, Jeffrey Ford Duración:
130 min.
 

 
Iron Man 3
Publicado el 01 - May - 2013
 
 
Esta cinta se siente como un intervalo cómico en donde tanto el héroe como el villano dependen de un disfraz para cumplir sus objetivos. - ENFILME.COM
 

Por Enrique Sánchez (@RikyTravolta)

Una vez más, Robert Downey Jr. encarna al personaje más popular del mundo cinematográfico de Marvel, y lo hace de una manera cínica, impertinente y narcisista; si uno no está dispuesto a recibirlo de esta forma, todo se viene abajo. Tony Stark (Downey Jr.) no es un héroe nato, y muchas veces sus acciones no están motivadas por un deseo de hacer el bien, sino por la necesidad de cumplir con el papel de Iron Man: salvar el mundo y reclamar ante las cámaras el crédito que cree que se merece. Con o sin traje mecánico, es un hombre que vive su vida como si se tratara de una película, y a pesar de ser el más ególatra de los héroes de Marvel –el menos interesado en tender la mano al desprotegido–, nada se lo toma muy en serio. Es como si estuviera consciente de que aún está por venir una segunda parte de Los Vengadores (2012), y se mueve en una zona de confort donde, lejos de cualquier peligro de desaparecer de la franquicia, puede relajarse y adornar cada situación con su insolencia agridulce. Más que un eslabón forzado en la serie de películas de Marvel −como lo fue en su momento Iron Man 2 (2010) para Los Vengadores−, esta cinta se siente como un intervalo cómico en donde tanto el héroe como el villano dependen de un disfraz para cumplir sus objetivos.

El director Shane Black −quien le dio un nuevo aire a la carrera en decadencia de Downey Jr. con Kiss Kiss Bang Bang (2005)− retoma la fórmula de acción que lo hizo famoso hace más de veinte años, cuando escribió los guiones de películas como Lethal Weapon (1987) y The Last Boy Scout (1991). Su método es simple, y toma como base a un renegado que se ve inmerso en un mundo lleno de acción en el que los malos son execrables y los buenos, santurrones. El héroe, por supuesto, se encuentra en medio de ambos bandos y, en vez de aportar un balance, sirve para ridiculizar este orden. En Iron Man 3, Black transporta su propia fórmula al universo de Marvel creado por Disney, en donde personajes como Thor y Hulk parecen haber sido creados por el bien de los efectos por computadora, dejando que sus emblemas conocidos por medio mundo hablen por sí solos. Tony Stark ha sido la excepción. Al igual que hizo Jon Favreau en Iron Man (2008) y Joss Whedon en Los Vengadores, Black es fiel a la naturaleza sardónica del personaje, y no solo evita idealizarlo, sino que lo expone como una sátira de los héroes que lo acompañaron anteriormente.

Luego de pelear contra el ejército de extraterrestres que azotó a Nueva York, Stark se ha convertido en una especie de ermitaño que trabaja encerrado en su sótano, construyendo armaduras mecánicas −que, como es de esperarse, más tarde formarán parte de un espectáculo fastuoso de efectos visuales− de manera compulsiva, y con síntomas evidentes de estrés postraumático. Son precisamente los momentos más emblemáticos de su aventura con los Vengadores −aquéllos donde aparecía de manera heroica− los que él quisiera borrar de su mente. Dioses, extraterrestres, bombas atómicas, gigantes verdes, son algunas de las cosas que lo han llevado al borde del colapso, y todo esto ha dañado seriamente su relación con Pepper Potts (Paltrow), la única mujer que lo ama realmente por −y a pesar de− ser el hombre que es. Pepper se ha convertido en la figura principal de las industrias Stark, y un día se presenta ante ella Aldrich Killian (Pearce), un químico que acaba de realizar un experimento que implica manipular el código genético humano, y quien busca el apoyo de la compañía. Mientras tanto, Estados Unidos es amenazado por Mandarín (Kingsley), un terrorista del tipo Bin Laden que tiene un gusto por lo teatral a la hora de amenazar al presidente del país en cadena nacional. Sus ataques incluyen una serie de bombardeos que, de manera incidental, hacen eco del reciente atentado en el maratón de Boston. Poco se puede decir sobre la relación entre Killian y Mandarín sin revelar un giro importante en la trama, pero vale la pena mencionar que este giro enaltece de buena manera el papel de Kingsley, al mismo tiempo que afecta seriamente al de Pearce, que termina por encarnar a un personaje ordinario, restringido por las convenciones del género, y rodeado de maleantes que parecen zombies rellenos de lava.

Luego de sufrir un ataque en su propia mansión, Stark termina lejos de casa y con su nuevo traje destrozado (en esta cinta las armaduras que antes parecían indestructibles fallan y se despedazan a cada momento). Es entonces que el magnate se ve en la necesidad de pedir la ayuda de un niño de diez años llamado Harley (Ty Simpkins), quien parece inmune al cinismo de Stark. La relación entre ambos bien pudo haber agregado un tono empalagoso innecesario a la historia, si no fuera por que Stark mantiene siempre una actitud cínica con el muchacho, y éste no solo se muestra entretenido con el descaro de su héroe, sino que le responde de la misma manera. Es algo muy diferente a lo que el público esperaba cuando salió el primer trailer de la película, en donde vimos a un Iron Man demacrado que arrastraba su armadura por la nieve. Muchos pensaron que Black presentaría al héroe con un aspecto decadente y lo compararon con el Batman de The Dark Knight Rises (2012), pero no fue así, e incluso frente a las circunstancias más trágicas, el director evita el drama y se esfuerza por darle un aspecto jocoso al personaje de Downey Jr.

Una de las fallas de la película es el curso que va siguiendo el personaje de Guy Pearce. Mientras que el Mandarín es el tipo de villano original y cautivador que por lo general tiene medido su tiempo en pantalla para no restarle importancia al héroe, Killian es del tipo que termina por convertirse en la excusa para un tercer acto lleno de explosiones, persecuciones y rescates. Se trata de una secuencia emocionante, plagada de efectos visuales (el 3D, por cierto, no añade mucho a estas escenas) y un pequeño ejército de trajes mecánicos. Aunque a Black no le importa mucho cómo llegar a este final −ni siquiera el cómic en el que se basa el argumento de la película tiene gran peso−, es interesante notar que en la mayoría de estos momentos Tony está parcial o totalmente despojado de su armadura. A veces, incluso, se encuentra salvando al mundo desde la comodidad de un cuarto aislado.

Es bien sabido que la antigua rivalidad entre DC y Marvel hoy en día tiene como campo de batalla al mundo del cine. Cada compañía ha seguido rumbos muy distintos con respecto a sus adaptaciones cinematográficas: DC ha decidido continuar −en Man of Steel y, dentro de unos años, en Justice League− con el tono oscuro que Christopher Nolan utilizó en su trilogía de Batman; Marvel, por su parte, ha apostado por los personajes amenos y las tramas convencionales, y aunque no siempre le ha funcionado −como en el caso de Thor (2011) o Iron Man 2− sus películas son como una atracción de Disneylandia que pretende ser apta toda la familia.

Iron Man 3 quizás sea la más problemática de las cintas de Marvel, pues se ha visto con la difícil tarea de estar a la altura de Los Vengadores, la cual terminó por convertirse en el tercer filme más taquillero de todos los tiempos. Además de marcar el inicio de una nueva fase de películas de superhéroes, el filme explota al máximo la figura de por sí polémica de Downey Jr. (¿quién ya olvidó que hace poco más de diez años este actor tuvo su “etapa Stark”, cuando vivía de excesos y se jactaba de ello?). La explicación que se nos ofrece sobre la falta de intervención de los Vengadores en esta nueva catástrofe suena bastante absurda −es una cuestión que le corresponde al gobierno de los Estados Unidos, no a los superhéroes−, pero Iron Man quizá sea el único superhéroe que pueda sacar a flote su propia película luego de Los Vengadores, y esto se debe en gran parte a la fusión que el actor ha hecho con su personaje. Cincuenta millones de dólares fue su sueldo por la película del 2012 (diez veces más de lo que recibieron sus compañeros Samuel L. Jackson y Scarlett Johansson), y para este punto Disney no dudaría en aumentar la cantidad para mantenerlo en el papel. Sabemos que algo están haciendo bien cuando un superhéroe pasa tanto tiempo sin ponerse la máscara y todo marcha sobre ruedas.

 
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