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FICHA TÉCNICA
The Odd Life of Timothy Green
La extraña vida de Timothy Green
 
EE.UU
2012
 
Director:
Peter Hedges
 
Con:
Jennifer Garner, Joel Edgerton, CJ Adams, Odeya Rush, Dianne Wiest
 
Guión:
Peter Hedges, Ahmet Zappa
 
Fotografía:
John Toll
 
Edición:
Andrew Mondshein Duración:
104 min
 

 
La extraña vida de Timothy Green
Publicado el 01 - Dic - 2012
 
 
En una mágica analogía de lo que padecen las familias cuando uno de sus hijos es adoptado o sufre de alguna discapacidad, física o mental - ENFILME.COM
 

Por Édgar Beltrán (@edgarAllanys) 

En una mágica analogía de lo que padecen las familias cuando uno de sus hijos es adoptado o sufre de alguna discapacidad, física o mental, La extraña vida de Timothy Green nos invita a anhelar la aceptación de aquello que ante la sociedad resulta anormal o poco convencional. Lo hace a través de una familia que lucha por demostrar que el hijo al que han adoptado, no por ser especial debe ser tratado de manera diferente; nos obliga a reflexionar sobre cómo vemos a aquellos que nos rodean. Si bien la película no es de las mejores de Disney, sí es un buen intento de regresar a las historias fantásticas y conmovedoras a las que los estudios nos tenían acostumbrados y que en los últimos años solo alcanzan de la mano de Pixar (Up, 2009) o en sus propias animaciones (Ralph el Demoledor, 2012), por estar persiguiendo números en taquilla con sus live actions (Las crónicas de Narnia, 2008; Soy el número 4, 2011).

El anhelo por un hijo que parece imposible de obtener, esa añoranza que miles de parejas comparten y sufren, ha sido llevada muchas veces al cine de maneras dramáticas y desgarradoras, pero pocas veces, mágicas y conmovedoras, como en La extraña vida de Timothy Green. La búsqueda incansable de tener un hijo es el punto de partida de este filme. Solo que aquí, sus creadores se toman la licencia para darle la vuelta a las alternativas que siempre han existido y que muchas veces parecen inalcanzables para los padres, al menos en nuestro país. La adopción siempre ha sido concebida como un acto de amor. Quizá por lo desgastante que resulta el proceso sea tan gratificante cuando se alcanza el objetivo. Y, cuando el sueño por fin se cumple, ¿qué se está dispuesto a hacer para proteger aquello que tanto se deseaba? 

Cindy (Garner) y Jim Green (Edgerton) conforman un joven matrimonio con problemas de fertilidad, que recibe el regalo de un hijo que –literalmente– nace en su jardín; al adoptarlo deben enfrentar toda clase de críticas por parte de familiares y amigos que parecen incapaces de entender el acto de amor que representa una adopción. Preocupados por el “qué dirán”, los Green ocultan ante todos el pequeño detalle de que de las piernas del pequeño Timothy cuelgan hojas de árbol. Si bien la historia no es por demás innovadora, sí consigue lo que se propone; durante los minutos que el espectador ve la cinta, además de disfrutarla, reflexiona sobre cómo la vida puede ser tan sencilla o difícil como nosotros mismos queramos. Lo logra aunque las actuaciones de la pareja protagónica dejen mucho que desear, pues Garner sigue en su personaje de la eterna niña atrapada en el cuerpo de un adulto de Si yo tuviera 30 (2004) y en cuanto a Edgerton se le ve exagerado. No es tan fácil saber si fueron los actores los que no pudieron transmitir tanta emoción sin exagerar, o si fue el director, Peter Edges, el responsable de tanto brinco, grito y gesto fuera de lugar. Otros de los actores, como M. Emmet Walsh (La boda de mi mejor amigo, 1997), quien interpreta al tierno y amigable Tío Bob, de igual forma debe expresar la excitación de la llegada del recién adoptado, pero él lo hace de manera delicada, cuidada. 

El acierto más grande en el casting del filme es el pequeño Timothy, bien actuado por el joven actor CJ Adams, que con su sola presencia inspira ternura. Además mantiene con naturalidad una escena frente a la ganadora de dos Oscar, Dianne Wiest; por otro lado, un error bastante obvio es la elección de la actriz que interpreta a la mejor amiga de Timothy, Joni (Rush), pues entre ellos surge una extraña relación que nos hace pensar en el noviazgo; aún cuando nuestro protagonista tenga once años y la amiga aparente quince, pues está visiblemente más desarrollada. Resulta un tanto molesto ver las escenas, que debieran ser tiernas, entre ellos dos, pues parece que –ya adolescente– Joni estuviera abusando de la inocencia de Timothy. 

Si bien Disney ha distado en sus películas de mostrarnos la tragedia en la vida de sus personajes, en el caso de Timothy Green lo hace de una manera inteligente, como lo requieren temas tan complejos como la muerte, el amor, la adopción o la aceptación del ser (eso sí, sin sufrimiento y matizado, para alcanzar la clasificación AA), buscando que cada una de sus escenas signifique mucho más del hecho de querer arrancar lágrimas al público. En una secuencia compleja, pues nunca serán fáciles las escenas en que se dé por terminada la vida de una persona, Timothy ve partir a uno de sus familiares, lo ve irse poco a poco y hasta pareciera que lo invita a morir. La fotografía y el arte, delicados pero justos, juegan un papel imperante en estas escenas, como el momento en que Timothy nace del jardín o en donde el pueblo entero descubre el secreto del niño. Cada detalle cuenta, incluso la ausencia de un objeto representa algo en el arte. La muerte está presente en toda la película, en cada hoja que se desprende de las piernas de Timothy, en cada mirada de nostalgia anticipada que el niño arroja a sus padres, pues nos prepara para la inevitable despedida que acontecerá más tarde. Casi por igual, la película también nos roba carcajadas con secuencias divertidas y entrañables; el guión tiene sus aciertos y cualidades; una de ellas, la capacidad de transmitir, casi a la par, la tristeza y la felicidad, el odio y el amor. Sorprende que el guionista del filme, Ahmet Zappa, haya debutado con esta historia. 

Mientras que la deforestación se aborda de forma fluida pero superficial, el filme se centra en la adopción, siguiendo las pautas que el proceso jurídico exige. Este fue el reto más loable del director Peter Hedges (nominado al Oscar a Mejor Guión Adaptado por About a Boy, 2002), que balancea comedia y drama, mientras aborda una cuestión tan solemne y seria, sin caer en el cliché de los abogados regordetes y graciosos, o delgados, de anteojos alargados y malhumorados. Del otro lado de la balanza está el final anticlimático que, al acelerarse, entorpece el ritmo con el que se había llevado la historia hasta ese punto. 

Como en tantas otras películas de fácil resolución, en las que pareciera que el tiempo se comió la historia o que nos dejan esa sensación de que veremos algunas escenas eliminadas del final en el material extra de un dvd, en ésta, el amor −por arte de magia− derrumba todo obstáculo que se interpone en el camino hacia la felicidad, aunque, paradójicamente, haya sido ese mismo amor el que trajo en un inicio dichos obstáculos. Aunque nuestra vida no sea así de sencilla, puede resultar fácil identificarse con los personajes, pues los errores que cometen tienen que ser remediados por ellos mismos, no por nadie más. La simpleza que plaga la historia de Timothy Green es su principal arma en contra de las dificultades que, los actores, el director o los mismos estudios Disney −pareciera−le pusieron en contra. Ésta, su simplicidad que se deriva de su inocencia, es la principal arma en contra de la majestuosidad de otras películas de los estudios (Piratas del Caribe, 2011), misma que que la hace salir avante a pesar de no tener el presupuesto o de contar con las estrellas más reconocidas; quizá esto, al final de cuentas, es lo que logra que el público sienta y disfrute la historia, pues no hay una barrera de efectos especiales que neutralice la esencia del momento.

2 de diciembre, 2012

 
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