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FICHA TÉCNICA
A Royal Affair
La reina infiel
 
Dinamarca-Suecia
2012
 
Director:
Nikolaj Arcel
 
Con:
Mads Mikkelsen, Alicia Vikander, Mikkel Boe Folsgard
 
Guión:
Rasmus Heisterberg, Nikolaj Arcel
 
Fotografía:
Rasmus Videbæk
 
Edición:
Kasper Leick, Mikkel E.G. Nielsen Duración:
137 min
 

 
La reina infiel
Publicado el 13 - Mar - 2013
 
 
la película trata sobre el cambio político que aconteció en el país debido a las reformas instauradas por Struensee durante su cargo como regente de facto. - ENFILME.COM
 
por Enrique Sánchez

Los acontecimientos en los que se basa La reina infiel valen la pena conocerse simplemente por su importancia histórica. En la segunda mitad del siglo XVIII, la princesa Caroline Mathilde de Gran Bretaña se casó con el rey Christian VII de Dinamarca y, desdeñada por su marido −un gobernante ineficiente que padecía de un trastorno mental−, la joven terminó envuelta en un romance con el médico real, Johann Friedrich Struensee, quien no solo ejerció como regente del país, sino que además era un amigo íntimo del rey. A simple vista parece el tipo de ingredientes que un productor de televisión aprovecharía para hacer una telenovela trillada, pero el triángulo amoroso entre estas personas no solo resultó ser el material adecuado para una película multipremiada alrededor del mundo, sino que fue determinante para delimitar el desarrollo de un país entero, en una época en la que la sociedad occidental se apresuraba cada vez más hacia la modernidad.

La película comienza con un prólogo que nos sitúa en el apogeo de la Ilustración. Los humanistas como Voltaire, Montesquieu y Rousseau comenzaron una revolución intelectual en Europa que enaltecía los derechos del individuo, y esto influyó en el pensamiento de la gente de tal manera que, como ya sabemos, culminó con diversos levantamientos en contra de la tiranía, de entre los cuales el más relevante fue la Revolución francesa. Pero las ideas de la Ilustración no solo cambiaron la mentalidad del pueblo, sino que afectaron también a personas de la nobleza. Caroline Mathilde fue una de ellas.

La futura reina de Dinamarca −interpretada por la sueca de mirada taciturna,Alicia Vikander− aparece en esta primera parte de la cinta como una princesa soñadora que se acerca al final de su propia película de Disney. Ha esperado toda su vida para ser feliz por siempre al lado de un hombre perfecto, pero su descripción de la situación no suena muy alentadora, pues además de abandonar su hogar por un país ajeno, se encuentra casada con una persona a la que no ha conocido aún. Eso no le ha impedido soñar con que el hombre que lo espera en Dinamarca sea un príncipe azul. En la vida real, el rey Jorge III de Inglaterra estaba tan ansioso por juntar a su hermana con Christian VII que ni siquiera se llegó a enterar de las excentricidades del monarca, a quien muchos simplemente percibían como un loco. Caroline se entera de su triste realidad de la peor forma: viviéndola en carne propia. Su primer día al lado de Christian VII (Folsgaard) es desagradable y molesto, pues el monarca, que se porta como un niño, no parece sentirse atraído hacia Caroline, y es evidente que siente más cariño hacia su perro que hacia su nueva esposa. El hecho de que sus demostraciones de afecto hacia el animal sean auténticas, y no un acto de humillación premeditado hacia Caroline, hace que todo sea más triste.

Los hombres que conforman el gabinete −un montón de conservadores que temen perder sus privilegios reales− no tienen problema con que el rey actúe como un loco, pues eso les de la oportunidad de manejar el país a su antojo. Todos ellos encuentran apoyo en la reina madre, Juliana Maria de Brunswick (Dyrholm), cuyo único interés es mantener su linaje a salvo. Pero el cambio se asoma cada vez más inevitable, y culmina con la llegada de Johann Friedrich Struensee (Mikkelsen), un doctor alemán con ideales humanistas que pasa de ser el médico real al consejero personal de Christian. Más allá de un simple asesor, Struensee se convierte en un amigo íntimo del rey y, de vez en cuando, funge como la voz de su consciencia. La cultura superior del médico llama rápidamente la atención de la reina, quien desde su llegada a Dinamarca ha perdido no solo a su familia, sino el placer de la lectura, o siquiera la posibilidad de tocar el piano para alguien que lo aprecie. Ella vive en un mundo lleno de lujos, pero vacío a nivel emocional, y Struensee representa el alivio intelectual y afectivo que Caroline buscaba en sus sueños antes de llegar a Dinamarca. Así es como comienza el romance entre ambos.

El director Nikolaj Arcel −que también fue guionista de la versión sueca deThe Girl with the Dragon Tattoo (2009)− construye dos tramas bastante intrigantes y las entrelaza de manera natural. Por un lado, la película trata sobre el cambio político que aconteció en el país debido a las reformas instauradas por Struensee durante su cargo como regente de facto (en otras palabras, tenía el poder de un rey), las cuales propiciaron la abolición de la tortura, de la censura en la prensa y de los privilegios de los nobles, por mencionar algunos ejemplos. Por otro lado, tenemos el conflicto amoroso entre Struensee y Caroline, que amenaza con partirle el corazón al rey, no precisamente por afecto hacia su reina, sino por el amor filial que siente por Struensee. Y aunque el médico responde a este amor de la misma forma, es Caroline −la última mujer con la que debería de ilusionarse− la única con la que comparte su visión humanista del mundo. El director muestra a Caroline, Christian y Struensee como tres personas que a pesar de encontrarse en el eslabón social más alto se ven forzados a actuar en contra de sus deseos y terminan destrozados por su propia soledad. A diferencia de muchos otros dramas de época que muestran las penurias de la plebe −la carencia, el hambre y las calles sucias, llenas de indigentes−, La reina infiel se concentra en la opulencia de la clase noble: en castillos, riquezas, banquetes y bailes ostentosos. Es un espectáculo de pomposidad que retrata de buena manera el modo de vida de la clase noble, pero que evita mostrar cualquier atisbo de pobreza en la sociedad, no porque no exista, sino porque basta con ver la miseria emocional en la que se encuentran los tres protagonistas para saber que hay un grave problema en esta nación.

La elección del actor que habría de interpretar a Struensee no podía ser más adecuada. Mads Mikkelsen ha tenido una carrera prolífica en el cine desde su debut en 1996 con la película Pusher, de Nicolas Winding Refn, pero fue desde el año pasado que se ganó la atención y el cariño del público con su papel protagónico en La caza (no es una sorpresa que hace poco haya sido elegido para encarnar a Hannibal Lecter en la serie de NBC, Hannibal). El actor danés tiene un don para interpretar personajes vehementes que se contienen hasta que ya no es posible, y cuando explota, el resultado es cualquier cosa menos exagerado. El de Struensee es un escalón más en su carrera en ascenso. Su dinámica con la actriz Alicia Vikander es natural y cálida, y hace que nos olvidemos de la considerable diferencia de edad que hay entre ambos: la joven tiene 24 años, y Mikkelsen, 47. Esto no es problema porque Vikander cumple con las exigencias de su papel al ponerse en los zapatos de una mujer que se ve obligada a madurar de un día para otro. No hay muchas mujeres hoy en día que abandonen su país natal, se casen, se embaracen y se pongan en el trono de una nación, todo esto en tan solo un par de días. El único rastro de inocencia que nos deja ver luego de llegar a Dinamarca es cuando toca el piano frente a la realeza, pero incluso este don es menospreciado por su nueva familia. Y está la sorpresa debutante: el actor de 28 años, Mikkel Folsgaard, quien se adueñó del personaje de Christian VII cuando aún se encontraba estudiando teatro en Dinamarca. Lejos de ser el típico monarca incompetente y despreciable, Foolsgaard interpreta al rey danés con una inocencia emotiva parecida a la de Mozart en Amadeus (1984), de Milos Forman.

La tragedia de la reina infiel no fue que su esposo estuviera loco, sino que no la amara, y aunque éste probablemente ha sido el caso de muchas mujeres en distintos tronos a lo largo de toda la historia, fue una situación por completo inaceptable para un espíritu como el de Caroline, digno de la Ilustración. Lo que sucedió entre Caroline y Struensee fue más que un simple drama emocional, y tuvo repercusiones reales en la historia de Dinamarca. Esto hace que la película cuente con la afortunada e inusual capacidad de provocar curiosidad por la historia de este periodo. No describiré el final de la cinta −es extraño que un acontecimiento histórico pueda considerarse spoiler−, pero es importante mencionar algo que está en los libros: a pesar de que Struensee fue acusado de cometer delitos de alta traición contra la corona y el país, la realidad es que su influencia sobre Christian VII fue tal que determinó la educación humanista del heredero al trono, Frederick VI. Nunca un acto de infidelidad había venido acompañado de consecuencias tan afortunadas para el destino de una nación.

 

 
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