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FICHA TÉCNICA
Aires de esperanza
Labor Day
 
Estados Unidos
2013
 
Director:
Jason Reitman
 
Con:
Kate Winslet, Josh Brolin, Gattlin Griffith, Tobey Maguire, Tom Lipinski
 
Guión:
Jason Reitman
 
Fotografía:
Eric Steelberg
 
Edición:
Dana E. Glauberman
 
Música
Rolfe Kent
 
Duración:
111 min.
 

 
Labor Day
Publicado el 14 - Mar - 2014
 
 
  • El filme le exigió a su realizador, Jason Reitman ir más allá de la capa irónica con la que había decorado sus trabajos anteriores para adentrarse en un terreno mucho más serio, pero que, por su poca experiencia en el género, lleva a la exasperación y lo sumerge en un inexplicable sentimentalismo. Su filmografía podría calificarse como cínica, debido a sus amargos antihéroes siempre dispuestos a lanzar comentarios agudos de sobra. Labor Day carece de tales estribillos irónicos. Reitman, al narrar los sucesos desde la perspectiva de Henry, opera desde la empatía en lugar de la experiencia propia de cada uno de los personajes.  - ENFILME.COM
  • El filme le exigió a su realizador, Jason Reitman ir más allá de la capa irónica con la que había decorado sus trabajos anteriores para adentrarse en un terreno mucho más serio, pero que, por su poca experiencia en el género, lleva a la exasperación y lo sumerge en un inexplicable sentimentalismo. Su filmografía podría calificarse como cínica, debido a sus amargos antihéroes siempre dispuestos a lanzar comentarios agudos de sobra. Labor Day carece de tales estribillos irónicos. Reitman, al narrar los sucesos desde la perspectiva de Henry, opera desde la empatía en lugar de la experiencia propia de cada uno de los personajes.  - ENFILME.COM
  • El filme le exigió a su realizador, Jason Reitman ir más allá de la capa irónica con la que había decorado sus trabajos anteriores para adentrarse en un terreno mucho más serio, pero que, por su poca experiencia en el género, lleva a la exasperación y lo sumerge en un inexplicable sentimentalismo. Su filmografía podría calificarse como cínica, debido a sus amargos antihéroes siempre dispuestos a lanzar comentarios agudos de sobra. Labor Day carece de tales estribillos irónicos. Reitman, al narrar los sucesos desde la perspectiva de Henry, opera desde la empatía en lugar de la experiencia propia de cada uno de los personajes.  - ENFILME.COM
  • El filme le exigió a su realizador, Jason Reitman ir más allá de la capa irónica con la que había decorado sus trabajos anteriores para adentrarse en un terreno mucho más serio, pero que, por su poca experiencia en el género, lleva a la exasperación y lo sumerge en un inexplicable sentimentalismo. Su filmografía podría calificarse como cínica, debido a sus amargos antihéroes siempre dispuestos a lanzar comentarios agudos de sobra. Labor Day carece de tales estribillos irónicos. Reitman, al narrar los sucesos desde la perspectiva de Henry, opera desde la empatía en lugar de la experiencia propia de cada uno de los personajes.  - ENFILME.COM
  • El filme le exigió a su realizador, Jason Reitman ir más allá de la capa irónica con la que había decorado sus trabajos anteriores para adentrarse en un terreno mucho más serio, pero que, por su poca experiencia en el género, lleva a la exasperación y lo sumerge en un inexplicable sentimentalismo. Su filmografía podría calificarse como cínica, debido a sus amargos antihéroes siempre dispuestos a lanzar comentarios agudos de sobra. Labor Day carece de tales estribillos irónicos. Reitman, al narrar los sucesos desde la perspectiva de Henry, opera desde la empatía en lugar de la experiencia propia de cada uno de los personajes.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

Por Luis Fernando Galván (@luisfer_crimi)

Él, un fugitivo en búsqueda de un refugio; ella, una desdichada recluida en su casa. Frank (Josh Brolin) y Adele (Kate Winslet) “deben conocerse” o al menos así lo presiente él cuando, después de escaparse del hospital de la prisión, conoce a la triste ama de casa y madre soltera. Orquestado por el realizador canadiense, Jason Reitman (Juno, 2007; Up in the Air, 2009), Labor Day –adaptación de la novela homónima de Joyce Maynard– retrata el cruce de dos seres desventurados que se conocen y conviven durante un largo fin de semana de 1987. Los sucesos son mostrados desde la perspectiva de Henry (Gattlin Griffith), hijo de Adele, que con tan sólo 14 años de edad es testigo del desmoronamiento y posible renacimiento de su madre. Una cámara nos guía pacientemente por las calles de un vecindario de New Hampshire hasta llegar al frondoso suburbio donde se encuentra la casa de Adele.

Adele es una mujer profundamente deprimida desde su divorcio con Gerald (Clark Gregg); no sólo vive afectada por la pérdida de su marido y padre de su hijo, sino que también la confianza en ella misma ha desaparecido y el amor propio parece extinguirse. Encorvada con la mirada cabizbaja y opaca, Adele padece agorafobia y sólo sale una vez al mes al supermercado para hacer las compras y abastecerse de los alimentos necesarios para no tener que regresar durante los siguientes treinta días. En una de estas salidas de compras aparece Frank luciendo una mancha de sangre que se filtra en su playera blanca. La herida es producto de una apendicetomía reciente en un hospital de la prisión, lugar del que se ha escapado. Frank se acerca al pequeño Henry y le pide ayuda. Lo conduce hacia donde se encuentra Adele, y con su mano alrededor de la parte posterior del cuello del muchacho, les pide que lo lleven a dar un paseo. Aunque su actitud es amable, también es contundente, provocando que Adele se sienta más nerviosa y temerosa. Con las manos temblorosas, la mujer conduce hacia su casa. La música de Rolfe Kent (Sideways, 2004) crea una atmósfera amenazante y perturbadora; los sonidos punzantes caen sobre una familia aparentemente secuestrada. No obstante, la intimidación pronto se borra; Frank limpia el piso, lava la ropa, fija las tablas sueltas de la casa, cambia el filtro de la caldera, le enseña a Henry cómo lanzar una bola curva en el beisbol y cómo cambiar las llantas del automóvil. Él resulta el marido perfecto; el padre perfecto, también. Pero esto es una fantasía de los “secuestrados”. Mientras los vecinos y los noticieros de televisión locales difunden la información sobre el fugitivo, ellos están entusiasmados con el nuevo jefe de familia. Incluso, por miedo o admiración, permiten que Frank finja un secuestro para que Adele y Henry no sean acusados como cómplices de su fuga y responsables de brindarle asilo a un criminal.

Adele se enamora paulatinamente de Frank, aunque una mujer que requiere atención y cariño se pudo haber enamorado de cualquiera. Ella reprime sus instintos, pero le brinda refugio al prófugo. Surge un idilio amoroso entre ambos, y de la misma manera que se retrata un moderado paisaje otoñal, Reitman opta por sugerir un erotismo muy suave y delicado, en lugar de una pasión intensa y desbordada. Esta sutil tensión erótica incluye contactos físicos que al principio se muestran dubitativos y temerosos por parte de ella; decisivos y tajantes por parte de él. Es una atmósfera sensual; agradable para los personajes, pero muy aparatosa e inverosímil para los espectadores; los pequeños pedacitos de su amor terminan por resultar agobiantes para el público. En una escena, uno de los vecinos (JK Simmons) toca la puerta de la casa de Adele y les entrega una canasta llena de duraznos; Frank –ni tardo ni perezoso, y manifestando su instinto hogareño– dispone de todos los ingredientes necesarios para preparar un pastel de durazno (huevos, agua, harina).  Cuando llega el momento de mezclarlos, sumergen sus manos en el interior de los recipientes; sus dedos se entrelazan, sus manos juguetean. Inevitablemente se trata de una reminiscencia de la famosa escena de la cerámica de Ghost (1990), llegando al punto máximo de la exageración.

Para Henry, son momentos de incertidumbre, de confusión; es demasiado joven para entender las necesidades de su madre, y al mismo tiempo anhela la aprobación masculina. Busca protegerla, pero un fugitivo de gentil corazón se ha ganado el cariño de ambos. Abrumado por el romance que se vive al interior de su casa, Henry busca pasar menos tiempo con ellos. Conoce en la biblioteca a Eleanor (Brighid Fleming) –la niña nueva del vecindario; desaliñada, descarada, franca, precoz y sarcástica– con quien mantiene un rápido y fugaz primer amor. Ella le advierte que el sexo conduce a los adultos a la locura, y que por lo tanto, su madre terminará olvidándose de él para quedarse con Frank. Las palabras de Eleanor coinciden con los planes de su madre; escapar hacia Canadá en compañía de Frank. El joven debe pasar por un difícil proceso de aprendizaje y asimilación para comprender la etapa de “sanación” que atraviesa su madre. Es el fin de semana en el que Henry debe convertirse en hombre; requiere madurar y entender que a su madre le urge enamorarse de nuevo y sentirse amada para salir de su confinamiento.

Spoiler Alert

El proceso de la sanación  es comprendido por el espectador hasta el momento en que Adele, dispuesta a emprender la huida a Canadá, le confiesa a Frank el largo calvario de abortos involuntarios que la sumieron en la depresión. “A pesar de ser una gran mujer, siempre estaba triste”, le confiesa Gerald a Henry en un intento por justificar su separación de Adele para, al poco tiempo, involucrarse con su secretaria, Marjorie (Alexei Gilmore). La confesión de Adele sólo sirve para reforzar el creciente lazo entre ambos. Pues, a lo largo del filme, hemos sido testigos de varios flashbacks que muestran la tragedia de Frank: un veterinario militar casado con la bella Mandy (Maika Monroe) y con un bebé. Una felicidad que se apaga cuando descubre que su hijo es producto de la infidelidad. En un ataque de rencor, Frank golpea a su esposa; su cabeza termina impactándose contra el suelo, pierde la vida, y Frank es condenado a prisión por homicidio. “Yo nunca dañé a alguien intencionalmente”, termina confesando el prófugo.

Fin del spoiler

Jason Reitman tiene una fijación por aquellos personajes que son orillados a la soledad. En Thank You for Smoking (2005) y Up in the Air (2009) moldeó a dos hombres encargados de ejecutar acciones “sucias”. El primero, Nick (Aaron Eckhart), promovía el consumo del tabaco, daba la cara para defender a su compañía y enfrentaba solo a las organizaciones de salud; el segundo, Ryan (George Clooney), era contratado por las empresas para despedir gente. Dos hombres con buen uso de la palabra, envolventes en sus discursos, persuasivos, carismáticos, pero ganándose enemigos. En Juno (2007) y Young Adult (2011) las protagonistas se ven en la necesidad de encarar, en distintas etapas de la vida, la falta de apoyo y el destierro. La primera, una joven de 16 años interpretada por Ellen Page, debe decidir sobre su temprano embarazo y cargar con la irresponsabilidad del padre; la segunda, una escritora (Charlize Therion), regresa a su pueblo natal para superar su crisis existencial de los 30, producto del miedo a quedarse sola, intentando volver con su antiguo novio de la escuela. Los cuatro personajes son amantes del sarcasmo y la ironía, y así afrontan las dificultades de sus respectivas vidas. Pero, mientras los hombres son exitosos e incluso indiferentes hacia la soledad a la que han sido orillados; las mujeres son vulnerables y exigen sentirse deseadas como una condición para su sobrevivencia. Ahora, en su quinto largometraje, Reitman hace coincidir la soledad masculina con la femenina para marcar un nuevo paso en su trayectoria; Labor Day se aleja del sarcasmo, se olvida del toque cómico  empleado en sus filmes anteriores para proponer un encuentro amoroso entre dos almas solitarias y necesitadas.

El filme le exigió a Reitman ir más allá de la capa irónica con la que había decorado sus trabajos anteriores para adentrarse en un terreno mucho más serio, pero que, por su poca experiencia en el género, lleva a la exasperación y lo sumerge en un inexplicable sentimentalismo. Su filmografía podría calificarse como cínica, debido a sus amargos antihéroes siempre dispuestos a lanzar comentarios agudos de sobra. Labor Day carece de tales estribillos irónicos. Reitman, al narrar los sucesos desde la perspectiva de Henry, opera desde la empatía en lugar de la experiencia propia de cada uno de los personajes; y cuando sabemos por qué Adele se la vive deprimida y por qué Frank estuvo en la cárcel, parece que al director se le ha olvidado desde dónde nos estaba contando la historia. Se utiliza la figura de un criminal que escapó de la cárcel para desplegar una sensación de peligro mucho más sofisticada que la amenaza que puede representar Frank; es una sensación de peligro asociada al desbloqueo de las emociones reprimidas. Ese es el verdadero miedo que tiene Adele; volver a querer y sentirse querida. Por su parte, Frank posee un carácter simbólico como el detonante para que Adele salga poco a poco de su caparazón. Pero también es la figura paterna; el hombre preocupado por Henry que le enseña las actividades que todo hombre debe saber, y lo alienta a hacer bien las cosas. Reitman, al igual que los protagonistas, demuestra que tiene la capacidad de ir más allá de sus raíces y probar algo diferente. Es un buen intento, pero el resultado no es afortunado si se compara con sus obras anteriores. Es un filme que, en busca de la sobriedad y rigor, tropieza con los lugares comunes y los arquetipos de la novela de amor; la mujer dañada y frágil que anhela la llegada del hombre que la libere de su “prisión”.

 
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