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FICHA TÉCNICA
Los adioses
Los adioses
 
México
2017
 
Director:
Natalia Beristáin
 
Con:
Karina Gidi, Daniel Giménez Cacho, Tessa Ia, Pedro De Tavira
 
Guión:
Javier Peñalosa, María Renée Prudencio
 
Fotografía:
Dariela Ludlow
 
Edición:
Miguel Schverdfinger Duración:
85 min.
 

 
Los adioses
Publicado el 23 - Ago - 2018
 
 
  • ¿Qué papel desempeña la mujer en el plano social, artístico y creativo? El segundo largometraje de ficción de Natalia Beristáin se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un velado comentario social sobre nuestros ajetreados tiempos a partir de una figura emblemática de la literatura mexicana: Rosario Castellanos. La directora enfatiza, y pone en el centro del debate, temas que aún no han sido resueltos ni superados: la emancipación, la autonomía, la lucha por la igualdad de género, el logro profesional de las mujeres y la maternidad. Pero el feminismo -como estandarte del filme- nunca se pinta con colores agresivos, sino con extrema delicadeza. Así, cada reclamo social es transmitido por la prosa, el verso y las epístolas de la propia Rosario.  - ENFILME.COM
  • ¿Qué papel desempeña la mujer en el plano social, artístico y creativo? El segundo largometraje de ficción de Natalia Beristáin se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un velado comentario social sobre nuestros ajetreados tiempos a partir de una figura emblemática de la literatura mexicana: Rosario Castellanos. La directora enfatiza, y pone en el centro del debate, temas que aún no han sido resueltos ni superados: la emancipación, la autonomía, la lucha por la igualdad de género, el logro profesional de las mujeres y la maternidad. Pero el feminismo -como estandarte del filme- nunca se pinta con colores agresivos, sino con extrema delicadeza. Así, cada reclamo social es transmitido por la prosa, el verso y las epístolas de la propia Rosario.  - ENFILME.COM
  • ¿Qué papel desempeña la mujer en el plano social, artístico y creativo? El segundo largometraje de ficción de Natalia Beristáin se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un velado comentario social sobre nuestros ajetreados tiempos a partir de una figura emblemática de la literatura mexicana: Rosario Castellanos. La directora enfatiza, y pone en el centro del debate, temas que aún no han sido resueltos ni superados: la emancipación, la autonomía, la lucha por la igualdad de género, el logro profesional de las mujeres y la maternidad. Pero el feminismo -como estandarte del filme- nunca se pinta con colores agresivos, sino con extrema delicadeza. Así, cada reclamo social es transmitido por la prosa, el verso y las epístolas de la propia Rosario.  - ENFILME.COM
  • ¿Qué papel desempeña la mujer en el plano social, artístico y creativo? El segundo largometraje de ficción de Natalia Beristáin se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un velado comentario social sobre nuestros ajetreados tiempos a partir de una figura emblemática de la literatura mexicana: Rosario Castellanos. La directora enfatiza, y pone en el centro del debate, temas que aún no han sido resueltos ni superados: la emancipación, la autonomía, la lucha por la igualdad de género, el logro profesional de las mujeres y la maternidad. Pero el feminismo -como estandarte del filme- nunca se pinta con colores agresivos, sino con extrema delicadeza. Así, cada reclamo social es transmitido por la prosa, el verso y las epístolas de la propia Rosario.  - ENFILME.COM
  • ¿Qué papel desempeña la mujer en el plano social, artístico y creativo? El segundo largometraje de ficción de Natalia Beristáin se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un velado comentario social sobre nuestros ajetreados tiempos a partir de una figura emblemática de la literatura mexicana: Rosario Castellanos. La directora enfatiza, y pone en el centro del debate, temas que aún no han sido resueltos ni superados: la emancipación, la autonomía, la lucha por la igualdad de género, el logro profesional de las mujeres y la maternidad. Pero el feminismo -como estandarte del filme- nunca se pinta con colores agresivos, sino con extrema delicadeza. Así, cada reclamo social es transmitido por la prosa, el verso y las epístolas de la propia Rosario.  - ENFILME.COM
  • ¿Qué papel desempeña la mujer en el plano social, artístico y creativo? El segundo largometraje de ficción de Natalia Beristáin se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un velado comentario social sobre nuestros ajetreados tiempos a partir de una figura emblemática de la literatura mexicana: Rosario Castellanos. La directora enfatiza, y pone en el centro del debate, temas que aún no han sido resueltos ni superados: la emancipación, la autonomía, la lucha por la igualdad de género, el logro profesional de las mujeres y la maternidad. Pero el feminismo -como estandarte del filme- nunca se pinta con colores agresivos, sino con extrema delicadeza. Así, cada reclamo social es transmitido por la prosa, el verso y las epístolas de la propia Rosario.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

Considerada como una de las grandes voces de la literatura mexicana del siglo XX, Rosario Castellanos nació en la ciudad de México en 1927 y murió prematuramente en 1974, mientras estaba en Tel Aviv, donde ocupó un puesto institucional como diplomática. La causa de la muerte es uno de los accidentes domésticos más desafortunados y triviales que puede ocurrir: una mortífera descarga eléctrica. Su papel como representante de México en suelo extranjero es un síntoma de una mujer coherente con su pensamiento, dispuesta a renunciar a la estabilidad del matrimonio y los placeres que la proximidad de un hijo puede dar. Todo ello en nombre de la ruptura de las convenciones porque, como lo demostró a lo largo de su obra, llevó a cabo la búsqueda de su ser auténtico en contraste con la imagen femenina que se le había impuesto socialmente.

Los adioses (2017), el segundo largometraje de la cineasta mexicana, Natalia Beristáin (No quiero dormir sola, 2013), retoma sucintamente la colección Cartas a Ricardo que Rosario Castellanos le escribió a su esposo, Ricardo Guerra, para, a partir de una premisa sencilla y en apariencia simple -dos amantes se reencuentran después de no verse durante varios años- aventurarse a confeccionar un drama introspectivo y refinado que supera los tropos del filme de época y de la biopic convencional con la intención de erigirse no sólo como el retrato complejo de una mujer fuerte y vulnerable, sino también como un discurso feminista coetáneo y pertinente a los tiempos convulsos -y confusos- del siglo XXI.

La directora elige la técnica literaria denominada in media res para abrir su filme con una secuencia que se lleva a cabo al interior de una librería, justo durante la presentación de la novela Balún Canán. Ahí, en plena edad adulta, Rosario (Karina Gidi) y Ricardo (Daniel Giménez Cacho) se reencuentran. Ambos recuerdan cómo se conocieron de jóvenes (interpretados por Tessa Ia y Pedro De Tavira) en las asambleas estudiantiles de la universidad; evocan sus primeras discusiones y encuentros que posibilitaron aquella intensa relación amorosa juvenil que luego se fragmentó en la distancia cuando ella se trasladó de la Ciudad de México a Madrid para realizar estudios de Literatura y Estética. Él desea reconquistarla; ella, como lo expresa en las cartas que le envió, reconoce que lo sigue amando. Ambos deciden reiniciar su romance, pero la vida en pareja es mucho más compleja de lo que creen. Ávida de plasmar su creatividad e imaginación en el papel, Rosario trabaja día y noche. Al ver el compromiso, entusiasmo y dedicación que deposita su mujer en su carrera, Ricardo no puede ocultar sus celos profesionales. La escritora entra en conflicto cuando reconoce que aquel hombre que la motivó y la inspiró se ha trasformado en una barrera que atenta contra su crecimiento personal y profesional.

El guion -escrito por María Renée Prudencio (Club Sándwich, 2013) y Javier Peñalosa (Camino a Marte, 2017)- se ocupa de varios aspectos de la feminidad, profundizando en la vida conyugal de Castellanos; una turbulenta relación con Ricardo, quien, a pesar de ser profesor de filosofía e ideólogo marxista y sus aparentes inclinaciones progresistas, se mostraba impaciente con las actitudes revolucionarias de las que Rosario fue portavoz. Mediante el uso de la voz en off y los flashbacks, la directora alterna pasado y presente en un juego de enclavamiento que invita al espectador a descubrir la figura de esta mujer fascinante y atormentada (en algún momento sufrió de depresión como resultado de un aborto involuntario); una elección estilística coherente y efectiva para restaurar el lenguaje poético que distingue la obra literaria de la autora mexicana. Si bien es cierto que hace falta una exploración más detallada sobre la obra de Castellanos -no se revelan los orígenes ni las raíces políticas de sus textos, tampoco sus motivaciones estéticas-, también es claro que el tono elegido por la directora y los guionistas es precisamente el de configurar la figura de una mujer compleja, con todas sus contradicciones, sus límites y sus miedos. En este sentido, a lo largo de 85 minutos, Beristáin logra mostrar las contradicciones, tribulaciones y cambios de tono de su personaje no como una muestra de incongruencia, sino más bien como una evidencia de la evolución de Rosario. Al mostrarla como joven introvertida y solitaria -por ejemplo, aquel plano general en el que Tessa Ia, sentada en las escaleras y ensimismada en la lectura y escritura, se siente agobiada ante el bullicio de la gente que sube y baja los escalones- se alude a esa primera etapa de la autora (quien se limitaba a describir los modos de actuar y las actitudes de las mujeres abnegadas y frágiles como ocurre precisamente en Balún Canán). Conforme crece, vemos las reacciones de Rosario ante dichas actitudes (similar a lo que narran los cuatro relatos que conforman Álbum de familia, cuyos personajes femeninos identifican los tabúes sociales y los confrontan dispuestas a quebrantarlos) para desembocar en una redefinición de la mujer desafiando la imagen que la sociedad le ha asignado (El eterno femenino es el mejor exponente de cómo la mujer confronta ese mundo dominado por hombres).

Apoyándose en el elegante tratamiento visual de la imagen por parte de la cinefotógrafa Dariela Ludlow (Los bañistas, 2014), Beristáin opta por una paleta de colores orientada a tonos beige y una iluminación tenue con la intención de resaltar la presencia de la impecable Karina Gidi en encuadres finamente orquestados. Hay una ósmosis perfecta en ambas versiones de Rosario; tanto Gidi como Tessa Ia mantienen sonrisas tibiamente marcadas con miradas elocuentes de una mujer que se sabe fuerte y frágil al mismo tiempo. Por otra parte, Gidi y Giménez Cacho, interpretando a los personajes en plena madurez, marcan el centro de gravedad de la película; seres frágiles y majestuosos, casi misteriosos, que se acarician y seducen, se lastiman y repelen, y después de compartir toda una vida, casi no se reconocen. Rosario está representada principalmente en interiores -casa, universidad, biblioteca, librería-, espacios cerrados que sirven para hacer una observación precisa de las luchas cotidianas de la mujer, sumergida no sólo bajo las paredes y los techos de los recintos que habita, sino también hostigada por otro tipo de barreras que provienen principalmente de las costumbres y los tabúes de la década de 1950. De esta manera se representa la gestación de la rebelión de las palabras que emerge desde adentro; su rostro a menudo se llena de nuevas sombras e interminables silencios; una mujer que se mira a sí misma con todas sus imperfecciones, sus ángulos oscuros, sin distorsiones, sin intimidarse. Rosario escribió sobre sí misma, tratando de capturar su propia forma, describiendo las dinámicas del dolor; aunque sabe dónde viven sus heridas, nunca se echó hacia atrás para mostrar la sangre.

La escritura es una pasión visceral y estructurada, en el sentido de que todo lo que se plasma sobre el papel corresponde al trabajo diario y continuo de Rosario. Su máquina de escribir forma parte fundamental de la banda sonora de Los adioses; las teclas de la máquina marcan el ritmo de la vida cotidiana. Además de convertirse en una ola de sonidos insoportables para el oído de Ricardo, el constante tecleo se ve interrumpido cuando llega una de las elecciones más dramáticas y sufridas en la vida de la escritora, que por amor a su pareja decide tener un hijo: “el halo de la maternidad”, necesario para socialmente triunfar como mujer, impide que Rosario se dedique a su trabajo. A partir de ese momento, Beristáin plantea una serie de cuestionamientos urgentes para la época actual, incluso haciendo olvidar el contexto histórico en el que se desarrolla el relato. ¿Qué significa ser una mujer dentro de una sociedad dominada por el pensamiento masculino? ¿Qué papel desempeña la mujer en el plano social, artístico y creativo? Los adioses, entonces, se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un velado comentario social sobre nuestros ajetreados tiempos a partir de una figura emblemática de la literatura mexicana. La directora enfatiza, y pone en el centro del debate, temas que aún no han sido resueltos ni superados: la emancipación, la autonomía, la lucha por la igualdad de género, el logro profesional de las mujeres y la maternidad. Pero el feminismo -como estandarte del filme- nunca se pinta con colores agresivos, sino con extrema delicadeza. Así, cada reclamo social es transmitido por la prosa, el verso y las epístolas de la propia Rosario.

 
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