if ($skins_show == "0") {?>
RESEÑAS >   EN PANTALLA
 
FICHA TÉCNICA
Macbeth
Macbeth
 
EE.UU. - Reino Unido - Francia
2015
 
Director:
Justin Kurzel
 
Con:
Michael Fassbender, Marion Cotillard, Sean Harris
 
Guión:
Jacob Koskoff, Michael Lesslie, Todd Louiso
 
Fotografía:
Adam Arkapaw
 
Edición:
Chris Dickens
 
Música
Jed Kurzel
 
Duración:
115 min
 

 
Macbeth
Publicado el 30 - Nov - 2015
 
 
Reseña: Para su Macbeth, Justin Kurzel se inclina por una lectura psicológica. - ENFILME.COM
 
por Sofia Ochoa Rodríguez

El primer largometraje del director Justin Kurzel es el retrato de un despiadado asesino, que existió en la vida real, a finales de los noventa, en Australia. La historia que cuenta en Snowtown (2011) comienza mostrando cómo el asesino, John Bunting, arrastra al crimen a Jamie (Lucas Pittaway), un chico sin padre a quien de alguna manera adopta. Con poco diálogo pero imágenes crudas y contundentes, tomadas con distancia pero con una mirada profunda de la vida diaria, arma un retrato psicológico de un joven que evoluciona de víctima de violación por parte de un vecino y de su hermano mayor, a sangriento victimario, y que nunca termina de asumir completamente ninguna de las dos etiquetas, como si todo fuera tan horrorífico e insoportable para él, que no pudiera terminar de concientizarlo aunque forme ya parte de su cotidianidad. Un arco similar es el que le vemos desarrollar al australiano en Macbeth, la clásica tragedia de Shakespeare escrita aproximadamente en 1606, en la que a partir de la profecía de tres brujas, que le vaticinan la corona real al capitán Macbeth -pero que también le advierten que los sucesores al trono vendrán de otra estirpe, de la de su amigo Banquo-, se desatan una serie de asesinatos que desestabilizan el poder en Escocia y terminan en una guerra civil. 

Para quien deteste los spoilers, Macbeth y Shakespeare en general, son un buen ejemplo de que conocer el final de una historia no necesariamente la arruina. Cuando el desenlace se anuncia desde el inicio de la película, el narrador adquiere mayor responsabilidad. Tiene el deber de contar los sucesos de tal forma que capte la atención del espectador en los detalles, en el desarrollo de los sucesos, en las transformaciones de los personajes, y que el final que ya conoce le parezca imposible, inexplicable, totalmente indeseable o irrelevante. En ocasiones, de esta manera, el público experimenta una total incomodidad, como si tuviera la opción de, con su conocimiento de lo que vendrá, cambiar el flujo de los hechos solo mirando, a sabiendas de que es imposible hacerlo. Esto es particularmente relevante en Macbeth; porque justo este protagonista, al saber cómo se desarrollará la historia y entender sus implicaciones, intenta oponerse al flujo de los acontecimientos, logrando solo hundirse más en ellos.

Uno de los motivos por los que las obras de Shakespeare siguen tan vigentes y son todavía tan exitosas, es su elasticidad, su capacidad de ser adaptadas y la multiplicidad de posibles interpretaciones que tiene. Para su Macbeth, Kurzel se inclina por una lectura psicológica. El texto original, adaptado por Jacob Koskoff, Michael Lesslie y Todd Louiso, conserva la cronología en la sucesión de los eventos, la belleza de las palabras, pero además de estar ligeramente comprimida, es con las imágenes con lo que puntualiza Kurzel su propia visión. La película no comienza como la obra original, con la profecía, sino con un prólogo visual en el que vemos primero a una frágil y afligida Lady Macbeth enterrando a su hijo pequeño al lado de un compungido Macbeth. Más adelante, lo vemos a él en el campo de batalla, destrozando vigorosamente hombres con su espada pero al mismo tiempo ausente, desconcertado frente a la muerte, sobre todo de los más jóvenes. Son estas imágenes las que establecen el contexto en el que, como entre sueños, las tres brujas recitan su fatídico vaticinio.

Macbeth, interpretado con un estoicismo perturbador por Michael Fassbender, flota en la ambigüedad que le producen la intensidad de emociones: el luto por la pérdida de su hijo, el desgaste de la batalla, el shock frente a la muerte, el éxtasis derivado de la victoria, el orgullo al ser reconocido por el rey con un título nobiliario, la ansiedad que le produce saber cómo se harán realidad –y si lo serán– las palabras de las tres misteriosas mujeres, y la presión que ejerce Lady Macbeth para que apresure el curso del destino a través del derramamiento de sangre. Macbeth pierde comando de sí mismo durante un lapso de tiempo suficiente para que se geste el desastre en su Escocia. Lady Macbeth no es menos víctima de sí misma, del desamparo frente a la pérdida del hijo y la ausencia de su marido, de su propia ambición, de su corta visión, de su deseo de poder y de su capacidad para chantajear a su esposo. Marion Cotillard complejiza la nostalgia que fácilmente refleja su rostro, en una serie de capas emocionales que se resisten a ser abarcadas de un solo vistazo. La última secuencia en la que la vemos –en la que otra vez Kurzel aporta una interpretación psicológica acentuada por su capacidad para explorar las psique de sus personajes a través de las imágenes- la muestran como a una mujer débil, perturbada, como una huérfana de su estirpe. No es que alguno de estos dos no sea culpable o merezca ser perdonado, ambos saltaron al abismo del mal; también fueron víctimas de sí mismos, y son ellos los que terminan propiciando su castigo.

Las palabras de Shakespeare son abundantes en iluminadoras metáforas. Y Kurzel las antepone a escenarios sobrios: Los interiores son poco decorados, en los que se realza –con velas y vitrales por los que pasa poca luz– la aparente religiosidad de los personajes, oscilante entre el dogmatismo y la brujería; apenas podemos ver sus rostros compungidos en claroscuros, como si la oscuridad que los oculta los ayudara a sobrellevar sus penas. En los exteriores, la naturaleza domina la vista. En proporción, el hombre pareciera serle indiferente, pero en realidad Kurzel evoca la idea renacentista de la correspondencia: se creía que la naturaleza se componía de cuatro elementos, y el cuerpo humano, de cuatro humores. La locura (como en el caso de Macbeth) era causada por el desorden de estos humores, y en correspondencia no solo el orden natural, también el político, entraba en caos. Vemos el aire inclemente, la lluvia filosa, la tierra áspera, el fuego infernal insinuarse en la guerra en una bruma roja, la nieve quemándolos. La frialdad de la atmósfera se enfatiza con el estruendo de la música metálica compuesta por Jed Kurzel, hermano del director. Eso es el Macbeth de Kurzel: más que malicia o ambición por ambición: confusión visceral; obsceno deseo de control frente a la melancólica impotencia de la pérdida definitiva.

Kurzel tiene el ojo para acercarnos a Shakespeare no solo con los momentos que más evidentemente están cargados de profundidad psicológica, también impregna de verosimilitud el transcurrir de la vida de los personajes. Incluso aunque parezcan atravesar una cadena de clímaxes interminables, los detalles están dotados de tal naturalidad que nos parecen cercanos, actuales, sin que eso demerite la grandilocuencia de los diálogos, de las acciones, de los paisajes o de las escenas de batalla. Macbeth es un tirano asesino y traidor, obsesionado con el poder y el control, incapaz de confiar en quien lo rodea, cuya enajenación acaba por destruirlo a él y a su reinado. Y aunque a través de Kurzel podamos conocer sus reveses y así, sentirnos más cercarnos a él, hoy día conocemos tanto sobre la vida de los tiranos, sobre la red de intereses que los sostienen, sobre los métodos que utilizan para limpiar su imagen pública, que cuesta trabajo imaginar que uno de esos sea perseguido por los fantasmas de la culpa que acabaron con el personaje de Shakespeare. Quizá estemos viviendo una época en la que el humanismo está llegando a su fin, arrasado por un cinismo y un utilitarismo devastadores. O quizá estemos despertando y madurando nuestra inocencia sobre temas públicos.  

 

 

 
COMPARTE:
 
ANTERIOR
EN PANTALLA
Pacto criminal
SIGUIENTE
EN PANTALLA
Dulces sueños, mamá
 
 
 
 
 
 
 
 
 
POST RELACIONADOS
 


NOTAS
McConaughey en Dallas Buyers Club


EN PANTALLA
Buscando a Eric
 
 
 
COMENTARIOS
 

CALIFICACIÓN DE LA GENTE:
3 personas han votado


 
RECOMENDAMOS
  • Tiempo compartido
    Reseña: Sebastián Hofmann confecciona un fascinante híbrido que oscila de la sátira social al thriller de...
  • Sebastián Hofmann (Tiempo...
    Entrevista con Sebastián Hofmann, director de 'Tiempo compartido'
  • Los adioses
    Reseña: El filme de Natalia Beristáin se revela como una táctica inteligente para hablar de feminismo y hacer un...
  • Gaspar Noé
    Entrevista: "Yo pensé que Love sería más sexy, y pese a que la representación del sexo es muy frontal, la película...
  • El extranjero. 'La nube y el...
    En la primera entrega de su nueva columna mensual, titulada "El extranjero", el crítico y programador de cine, Roger Koza, cuestiona...
  • Un final feliz
    Reseña: En comparación con sus filmes anteriores, Michael Haneke coquetea decisivamente con la comedia, con el lado grotesco e...
  • El club de los insomnes
    Entrevista: Conversamos con los guionistas y directores del filme, Joseduardo Giordano y Sergio Goyri Álvarez, y con las...
  • Sebastián Cordero (Sin...
    Entrevista con Sebastián Cordero, director de 'Sin muertos no hay carnaval'.
  • Nunca estarás a salvo
    Reseña: En el cine de Lynne Ramsay, la vida cotidiana adquiere capas enigmáticas y tintes poco familiares a través de las...
  • El tercer asesinato
    Reseña: Probablemente el género familiar es lo primero que relacionamos con la filmografía de Hirokazu Kore-eda;...
 
 
 
 
 
enfilme © 2018 todos los derechos reservados