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FICHA TÉCNICA
Manchester by the Sea
Manchester junto al mar
 
Estados Unidos
2016
 
Director:
Kenneth Lonergan
 
Con:
Casey Affleck, Lucas Hedges, Michelle Williams, Kyle Chandler
 
Guión:
Kenneth Lonergan
 
Fotografía:
Jody Lee Lipes
 
Edición:
Jennifer Lame
 
Música
Lesley Barber
 
Duración:
137 min.
 

 
Manchester junto al mar
Publicado el 17 - Feb - 2017
 
 
  • Después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en 'You Can Count on Me' (2000) y la culpa desde la perspectiva juvenil en 'Margaret' (2011), el realizador estadounidense, Kenneth Lonergan, elabora 'Manchester junto al mar', una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.  - ENFILME.COM
  • Después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en 'You Can Count on Me' (2000) y la culpa desde la perspectiva juvenil en 'Margaret' (2011), el realizador estadounidense, Kenneth Lonergan, elabora 'Manchester junto al mar', una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.  - ENFILME.COM
  • Después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en 'You Can Count on Me' (2000) y la culpa desde la perspectiva juvenil en 'Margaret' (2011), el realizador estadounidense, Kenneth Lonergan, elabora 'Manchester junto al mar', una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.  - ENFILME.COM
  • Después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en 'You Can Count on Me' (2000) y la culpa desde la perspectiva juvenil en 'Margaret' (2011), el realizador estadounidense, Kenneth Lonergan, elabora 'Manchester junto al mar', una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.  - ENFILME.COM
  • Después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en 'You Can Count on Me' (2000) y la culpa desde la perspectiva juvenil en 'Margaret' (2011), el realizador estadounidense, Kenneth Lonergan, elabora 'Manchester junto al mar', una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.  - ENFILME.COM
  • Después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en 'You Can Count on Me' (2000) y la culpa desde la perspectiva juvenil en 'Margaret' (2011), el realizador estadounidense, Kenneth Lonergan, elabora 'Manchester junto al mar', una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.  - ENFILME.COM
  • Después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en 'You Can Count on Me' (2000) y la culpa desde la perspectiva juvenil en 'Margaret' (2011), el realizador estadounidense, Kenneth Lonergan, elabora 'Manchester junto al mar', una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.  - ENFILME.COM
  • Después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en 'You Can Count on Me' (2000) y la culpa desde la perspectiva juvenil en 'Margaret' (2011), el realizador estadounidense, Kenneth Lonergan, elabora 'Manchester junto al mar', una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

Uno de los aspectos más crueles de la tragedia –definida por el filósofo alemán, Arthur Schopenhauer, como “el fatal precipicio de los justos y de los inocentes”– radica en que el mundo no deja de seguir su marcha. No importa lo devastado que se encuentre el individuo, la vida continúa en sus distintas y mutables formas adquiriendo matices que incluyen la aflicción, la amargura, el resentimiento, la resignación y el regocijo. Esa amplia gama de emociones contrastantes suele ser abordada desde su cotidianidad y complejidad por el cineasta neoyorquino, Kenneth Lonergan, quien –después de examinar la orfandad, la maternidad y las relaciones fraternales en You Can Count on Me (2000), así como la culpa desde la perspectiva juvenil en Margaret (2011)– elabora Manchester junto al mar (Manchester by the Sea, 2016), una profunda y conmovedora exploración sobre cómo los sacrificios ofrecen una vía de esperanza y expiación para un hombre herido por sus pequeños descuidos del pasado.

Lee Chandler (Casey Affleck) es un hombre solitario que vive en Boston, donde realiza diversas labores de mantenimiento (limpieza y plomería, principalmente) en un edificio de apartamentos de los suburbios de la ciudad. Al recibir la noticia de la muerte de su hermano, él decide emprender el regreso a su lugar de origen, Manchester-by-the-Sea (o simplemente Manchester) –un pueblo de pescadores ubicado en el condado de Essex en Massachusetts–, donde vive su sobrino Patrick (Lucas Hedges), un joven de 16 años. De esta manera, Lee se ve obligado a acercarse a un pasado doloroso en el que está involucrada su exesposa, Randi (Michelle Williams), y debe hacerle frente a una de las voluntades que su hermano expresa en el testamento: convertirse en el nuevo tutor de Patrick. 

El guion sólido y contundente –escrito por el propio Lonergan– se basa en una escritura íntegra, auténtica y creíble que describe el viaje interior del protagonista sin utilizar artilugios ni acrobacias narrativas. Además de capturar la vida de la clase obrera de Nueva Inglaterra con una precisión y honestidad loables, el texto tiene la capacidad de retratar los momentos más oscuros de la vida de Lee mientras mantiene algunas pinceladas de humor y ternura, todas ellas vinculadas a la incapacidad del personaje para vincularse con los demás seres humanos. La risa y el llanto se encuentran en una serie de olas emocionales impredecibles que transmiten una inestabilidad profundamente humana y momentánea (como esos días en los que cualquier persona llora a mitad del día sin ninguna razón, o cuando intenta no reírse mientras asiste a un funeral).

Oscilando sutilmente entre la tragedia y el melodrama, el filme recorre con mucha eficacia, mediante una serie de escenas en retrospectiva, las graves heridas que los accidentes de la vida le han infligido al protagonista, que aún no han cicatrizado y que, de no hacerlo, probablemente continuarán sangrando. Lonergan demuestra su habilidad como un sagaz narrador que sabe perfectamente tejer los tiempos (pasado y presente) y las emociones en un panorama lleno de tensión que evita el sentimentalismo en favor de un intenso y penetrante trayecto emocional centrado en el poder de los lazos familiares y en la superación del tormento interior. Al mismo tiempo, el director indaga respecto a las cosas que el protagonista perdona y las acciones por las que no puede perdonarse; el lento proceso de seguir adelante después de su catástrofe personal, así como su negación constante a la sanación.

Mediante un acertado trabajo de edición y montaje de Jennifer Lame (Frances Ha, 2012), Lonergan recurre a delicados e inesperados cortes  para agitar ligeramente al espectador y mostrar los flashbacks de una manera que imita la memoria humana –inesperada, aleatoria, pero siempre conectada a la realidad, desprovista de hiperestilizadas secuencias oníricas– con la intención de mantener un relato de ficción naturalista, intimista y verosímil, y teniendo como resultado la inmersión total del espectador en el estado emocional de Lee.

La magnífica y cautivadora actuación de Casey Affleck permite sentir las dos vidas de Lee. El antes y el después de que su mundo se desploma obligan al personaje a transitar de un estado a otro, donde en la segunda vida no hay lugar para el brillo y la alegría que sí existían en la primera. El desempeño del actor está a la altura de la notable y pulcra puesta en escena donde el encanto natural del entorno –capturado por el cinefotógrafo Jody Lee Lipes (Bluebird, 2013; Trainwreck, 2015)– consiste en la combinación de atmósferas invernales, paisajes costeros e interiores opresivos que responden a las emociones de luto y melancolía del protagonista, un hombre hermético y agresivo, cuyos hombros se inclinan bajo el peso de la desgracia pasada, pero que ofrece un brillo de calidez y humanismo debido a su sencillez, honestidad y transparencia, y que debe confrontarse con los horrores del lenguaje corporal después de que alguien muere, la recepción de las condolencias incómodas y las deficiencias de no saber cómo reaccionar ante la pena de otra persona. De hecho, la reacción de Lee a la muerte de su hermano es extraña al principio; está molesto, pero se muestra frío y muy práctico sin recurrir a gritos dramáticos. Al contrario, él opta por un proceso de duelo mucho más reservado, discreto y prudente. Esta atmósfera también se extiende hacia la conducta inicial de Patrick, un adolescente de carácter despreocupado que, de repente, debe reprogramar su vida y ajustar sus planes.

El tiempo que Lee y Patrick pasan juntos no está poblado de aquellos momentos en los que los personajes miran hacia atrás con cariño los recuerdos del familiar fallecido, tampoco se consuelan mutuamente, sino que adoptan el lema de “la vida sigue su curso”. De esta manera, la relación de los dos protagonistas –tío y sobrino– se colorea por una amplia gama de matices ásperos, amargos y divertidos (a veces se respira la camaradería de dos amigos adolescentes; en otras, Lee adopta la figura del padre riguroso; y también hay momentos en los que Patrick es una especie de nuevo hermano para Lee; pero nunca son extraños ni ajenos) gracias a una dirección que los abraza desde diversos ángulos: a través de primeros planos que descansan cerca de sus rostros, una steadicam que sigue sus pasos, y planos generales que muestran los vínculos de la persona con el espacio en que se desenvuelve.

En el fondo de las acciones, se erige un frío paisaje –preciosista y melancólico a la vez– que se convierte en copartícipe de la historia: Manchester-by-the-Sea es un pueblo de pescadores orgulloso de su identidad que asume al mar como un elemento geográfico compartido con la ciudad de Boston, pero también se sabe distante en el aspecto cultural de la misma manera que Lee se siente alejado de todas las personas que se cruzan en su camino. Lonergan posee una magistral mano para, alejándose del acto voyerista del dolor que sólo busca generar emociones forzadas, concentrarse en analizar desde una perspectiva social y antropológica el comportamiento de aquellos que están obligados a hacer frente a una modificación sustancial en sus vidas otorgándole al espectador la capacidad de leer la psicología de los personajes sin juzgarlos y sólo le basta con diseccionar la biografía personal de Lee para conocerlo a él y también a aquellos que lo rodean.

Es una decisión audaz de Lonergan el hecho de no llevar a Manchester junto al mar hacia la conclusión convencional, sino hacia un escenario auténtico que conjuga lo devastador y lo esperanzador. El director sabe que las lágrimas y los reclamos no siempre pueden otorgar la salvación, y prefiere mostrar que hay otras maneras de lidiar con los fantasmas del pasado, sin importar que estás no sean condescendientes ni complacientes. Lonergan realiza con elocuencia un examen matizado de cómo la tragedia nos altera y la forma en que reaccionamos para seguir relacionándonos con el mundo. En última instancia, el filme narra los efectos de la pérdida mediante la historia específica de Lee, pero con alcances universales a partir del cómo canalizar un sentimiento tan privado como el dolor.  En este sentido, el director comprende que este pesar es, innegablemente, una de las experiencias universales que todo ser humano está condenado a experimentar. Y por ello confecciona un retrato de cómo esta sensación aflictiva impacta violentamente en la existencia cotidiana del hombre fracturando su interioridad.

 
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