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Amores que ¿casi? matan
Publicado el 14 - Feb - 2014

 
 
Del amor al odio hay solo un paso. El cine nos ha demostrado varias veces lo que ocurre cuando una pareja ha cruzado esa delgada línea. Protagonistas que del amor y la pasión han pasado al maltrato, el odio y la humillación. - ENFILME.COM

Del amor al odio hay solo un paso. El cine nos ha demostrado varias veces lo que ocurre cuando una pareja ha cruzado esa delgada línea. Protagonistas que del amor y la pasión han pasado al maltrato, el odio y la humillación. Los juegos de seducción y venganza tienen lugar aquí, empujando a los involucrados a las aguas turbulentas de un río desbocado que nunca volverá a correr por el mismo cauce.

Les dejamos un repaso de las parejas más autodestructivas en la pantalla grande. 

Ultimo tango a Parigi
(El último tango en París, 1972) Dir. Bernardo Bertolucci

A veces la autodestrucción comienza como un inocente juego de seducción. Así sucede con los protagonistas de Last Tango in Paris, Paul (Marlon Brando), un hombre de 45 años, viudo, y Jeanne (Maria Schneider), una actriz amateur de 20 -comprometida con otro hombre-; son dos desconocidos que inician una relación sadomasoquista y furtiva. París, un piso vacío, desnudo como el alma de estos dos náufragos que se encuentran para hacer el amor en ese lugar. Bertolucci traza el retrato amargo y sórdido de un personaje decadente (Brando) y las retorcidas relaciones a las que empuja a Jeanne, mujer de ambigua fragilidad. Ella construye un héroe romántico ideal atraída por su magnetismo sexual, casi animal. Paul destruye ese héroe irreal, mientras se reconstruye a sí mismo. A la ternura de ella, él responde con sadismo. El desgarramiento en ambos desemboca en un foso emocional donde solo cabe la muerte tras el ocaso.

VSM (@sofiasanmarin)

Tabú
(Tabu, 2012) Miguel Gomes

Por más que muchos duden de su existencia y le atribuyan su fama al ámbito de la leyenda, hay otros tantos que pueden ofrecer testimonio pleno de su materialización; varias numerosas películas (de desigual calidad) lo certifican. El amor a primera vista es tan intenso, arrebatador, fulminante, deleitoso e inescapable (cuando se presenta), que suele traer consigo, integrado en su halo, un aguijón que exige a los involucrados, más tarde o más temprano, purgar por la envidiada gracia con que fueron tocados. En ocasiones, el gozo es tan sublime que la expiación resulta demoledora; particularmente si los enamorados se transforman en amantes que transgreden todo cuanto intente interponérseles. Aurora es una bellísima portuguesa, que lleva una vida serena, próspera con su apuesto marido en Mozambique, cuando era colonia de su patria. Pero el azar, o el destino, le coloca enfrente a Ventura, también paisano, de aventura por la región, y ninguno de los dos es capaz, desde el primer cruce de miradas, de dominar la detonación de sus impulsos. Cada descarga de placer que experimenten, cada profanación que osen consumar, se sumará suscitando una réplica que clausurará toda esperanza de posible redención.

AFD (@SirPon)

La pianiste
(La pianista, 2009) Dir. Michael Haneke

El joven prodigio Walter (Benot Magimel) no se imagina a qué está cediendo cuando se pone a los pies de su pequeña y de faz aniñada maestra de piano, Erika (Isabelle Huppert). Lo malo con ella no es que lo rechace con frialdad en un inicio, ni que lo cele, ni que visite tiendas pornográficas para satisfacerse, ni que guarde bajo su cama una caja con complejas reglas de placer masoquista, o que duerma con su controladora madre,  ni que se flagele los genitales. Hay en su rostro gélido, en su casi ausencia de gestos, en su entrega al control y a la rigurosa disciplina que ella misma imparte, demasiada locura que podría hacerse pasar por misterio, causada por un pavor al sentir con el alma. Pero más le vale a Walter resignarse: el amor no siempre lo puede todo, incluso cuando se está dispuesto a entregarse completamente.

SOR (@SofOchoa)

Blanco
(Trois Coleurs: Blanc, 1994) Dir. Krzysztof Kieslowski

De la emblemática trilogía de Kieslowski, Tres Colores, se desprende su segundo episodio, Blanco, donde se nos presenta a una de las parejas más corrosivas de todos los tiempos. Es difícil no identificarse con el simpático Karol Karol (Zbigniew Zamachowski) vejado y deportado por aquella malvada francesa Dominique (Julie Delpy). Y claro muchos disfrutarán el elaborado plan maquiavélico del polaco para tomar venganza contra su exesposa. Pero ¿se han puesto a pensar que Karol Karol la había dejado muy abandonada después de la boda, pues este es el motivo por el que Dominique logra obtener tan fácilmente la anulación de matrimonio, después de la ceremonia no hubo consumación?  Y, si no se aviva el fuego… pues Dominique no era de piedra y tenía sus necesidades.

 AS(@albertosandel)

Contra la pared
(Head-On, 2004) Dir. Fatih Akin

Luego de, intencionalmente, chocar con su automóvil en un muro, Cahit (un alcohólico y depresivo alemán de ascendencia turca) es internado en un centro de ayuda para suicidas. Ahí conoce a Sibel, una joven (también de familia turca que vive en Alemania) que intentó quitarse la vida cortándose las venas. Ella ve en Cahit la esperanza para liberarse de su conservadora e intransigente familia y le pide matrimonio. El hombre, que no valora su propia vida, la rechaza porque es incapaz de amar a alguien. Ante la insistencia y la amenaza de un nuevo acto suicida de Sibel, Cahit acepta, por lástima, casarse con ella. Paulatinamente, él se enamora, pero Sibel, acostumbrada a divertirse con los hombres, mantiene una vida basada en la promiscuidad. Probablemente, cuando ella se percate que también lo ama, sea demasiado tarde. Akin muestra cómo dos personas, sumidas en la depresión y el caos, hacen un intento por seguir adelante con sus vidas, pero un matrimonio arreglado podría resultar ineficiente para sus propios intereses.

LFG (@luisfer_crimi)

Infiel
(Faithless, 2000) Dir. Liv Ullmann

Marianne tenía un esposo, Markus, que la amaba; una hija, Isabelle, que confiaba en ella; y un amigo, David, que la sedujo. La protagonista se pregunta, “¿Qué hacer cuando la atracción –sexual y emocional– es más fuerte que la familia?”. Una infidelidad que, al principio, es una aventura emocionante, peligrosa y satisfactoria. No obstante, cuando la confianza se ha quebrado, la traición arroja devastadoras consecuencias para Markus e Isabelle. Pero el que está más gravemente herido es Ingmar Bergman, el escritor de esta historia, que tiene que vivir con la culpa de haber defraudado a la única mujer que realmente amaba, Liv Ullmann. Es una reflexión sobre el pasado, y en este intento por exorcizar sus demonios, errores y egoísmo, el escritor  consigue hundirse más profundamente en su pesar.

LFG (@luisfer_crimi)

Twentynine Palms
(29 palmas-Pasiones salvajes, 2003) Dir. Bruno Dumont

Con 29 palmas-Pasiones salvajes (Twentynine Palms, el nombre de una ciudad en el desierto de California), Bruno Dumont recrea la historia de una pareja en la que sus protagonistas no tienen más remedio que ser parte de su propia destrucción. El amor de esta relación siempre es de naturaleza animal, pero como éste adquiere formas diferentes en ambos protagonistas, cualquier intento de fusión está condenado a la fricción. Él, David (David Wissak), un fotógrofo americano; ella, Katia (Katia Golubeva), su amante rusa. Ambos vagan por el desierto (evocando el Zabriskie Point, 1970, de Michelangelo Antonioni), y nosotros somos testigos de su travesía, de sus actividades rutinarias, de la incomprensión entre ambos al solo poderse comunicar en un francés que les es extranjero, de las diferencias: a ella no le gusta el helado, a él le encanta; ella camina descalza por todas partes, mientras que él tiene problemas para hacer el amor sin sus zapatos.

JAR (@franzkie_)

Luna Amarga
(Luna Amarga, 1992) Dir. Roman Polanski

En Luna amarga (Bitter Moon, 1992), Roman Polanski usa el sadomasoquismo para volcarnos ante una pareja cuyo vínculo es el sexo y la pasión. El drama sigue la lógica de la obsesión y, como podría esperarse, resulta en un instinto destructivo. Luna amarga va tras el recuento en flasbacks de la sádica relación entre los personajes de Oscar (Peter Coyote), un hombre mayor que intenta ser escritor y Mimi (Emmanuelle Seigner), una mujer joven, bellísima. La sensualidad de Mimi se desborda en juegos sexuales que paulatinamente se hacen mórbidos, hasta que Óscar se ve reducido a un esclavo de los muslos, las caderas, los senos, el pubis de su pareja. Y comienza a odiarla por eso. La pasión se transforma en odio. Con la misma furia con la que alguna vez fueron cómplices del placer de la carne, ahora, ambos gozan destruyéndose el uno al otro.  Y así, la muerte de los amantes llega no como el agobiante resultado del fracaso amoroso, al contrario, Bitter Moon de Polanski propone que sin sufrimiento no hay amor, reconfirgurarlo, matarlo, revivirlo, sirve solo para seguir sufriendo, es decir, para seguir amando.

JAR (@franzkie_)

Happy Together
(Chun gwong cha sit, 1997) Dir. Wong Kar Wai

Lai Yiu-Kai (Tony Leung) y Ho Po-Wing (Leslie Cheung), tienen una relación homosexual  apasionada y tormentosa. Viajan desde Hong Kong a Argentina con la idea de ‘volver a empezar’, pero la llegada al nuevo país parece empeorar las cosas y Ho de repente abandona a Lai. Un día Ho reaparece, pero las cosas ya no son iguales. Las discusiones, y los arrebatos de Ho hacen amarga la vida de convivencia, son dos hombres envenenados de su propio amor, una pareja que no puede vivir ni junta ni separada. La distancia geográfica de su país acentúa la lejanía en el que ambos se encuentran. Esta lejanía es el primer signo del desarraigo de los personajes, no sólo geográfico sino también afectivo. Se sienten perdidos en una ciudad extraña y, en la melancolía, se encuentran indefensos y vulnerables ante su condición de homosexuales y de extranjeros. Por eso cada tanto “vuelven a empezar” esa relación  tormentosa, ese amor fou inconsistente y esa trágica contradicción de los sentimientos que no permite la armonía ni tampoco la ausencia.

VSM (@sofiasanmarin)

La viuda negra
(La viuda negra, 1977) Dir. Arturo Ripstein

Matea es una huérfana que creció en un orfanato católico. Un cuerpo tan repleto de deseo, creciendo en un ambiente que paradójicamente le ofrece el completo opuesto a sus necesidades, donde quienes la rodean ven en su turbulencia y fragor, el mal, lo perverso.  Así es el juego de La viuda negra, lleno de irónicas contradicciones, constantes máscaras, doble moral. Matea (Isela Vega), ama de llaves de la parroquia, y el padre Feliciano (Mario Almada), mejor conocido como Feliz, no son felices en el mundo corrompido, pero logran encontrar un refugio para la pasión y el amor, logran crear su propio espacio donde toda la hipocresía se extingue y sólo existen ambos. Pero el fuego que sostiene esta utopía los llevará a ser destruidos por la sociedad que les teme pero que los encuentra absurdos y prefiere ignorarlos. Uno sufre la muerte física, mientras al otro se le exilia, se le condena a una muerte social.

AS(@albertosandel)

 
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