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Boxeadores
Publicado el 17 - Ago - 2015

 
 
Top10: El boxeador como figura trágica que personifica una división entre el cuerpo y el espíritu, ya que el tiempo dicta el deterioro de la carne, y como ser humano está destinado a una caída severa. - ENFILME.COM

Al lado del vaquero, el gángster y el detective, el boxeador se erige como una figura que personifica el concepto de la masculinidad estadounidense. El pugilista surgió como un personaje popular en el cine de Hollywood con la llegada del sonido y apareció en más de un centenar de largometrajes estrenados entre 1930 y 1960. Durante la década de 1975 a1985, el boxeador experimentó una reaparición en numerosas películas, incluyendo el enorme éxito comercial de Rocky y la aclamada por la crítica, Toro salvaje.

El boxeador encarna la presencia física, las habilidades de los puños y la fortaleza del cuerpo: un hombre fuerte lucha por el poder en una metrópoli dominada por el dinero; su cuerpo se convierte en una mercancía que se consume en esta lucha por el dominio. Como resultado, el cuerpo del boxeador dramatiza un discurso sobre las condiciones de opresión. Este tipo de peleador es una figura trágica porque personifica una división entre el cuerpo y el espíritu, ya que el tiempo dicta el deterioro de la carne, que está destinada a una caída severa. La agonía del combatiente desencadena una búsqueda de valores más allá del cuerpo, que plantea interrogantes sobre la ambición. En orden cronológico, te presentamos diez filmes sobre boxeadores.

LFG (@luisfer_crimi)

James Corbett
Gentleman Jim, Dir. Raoul Walsh, Estados Unidos, 1942.

Además de ser un minucioso retrato de la modernidad, industrialización y costumbres estadounidenses de la primera mitad del siglo XX, así como abordar el tema del multiculturalismo al centrarse en el contexto de una sociedad trabajadora de migrantes irlandeses, Gentleman Jim (1942) recupera la figura de James Corbett (interpretado por Errol Flynn), el primer campeón mundial de boxeo bajo las reglas del marqués de Queensberry, donde se exigió por primera vez el uso de los guantes de boxeo en las peleas profesionales. La ferviente ambición y el optimismo desmesurado de Corbett lo convierten de un banquero a un destacado pugilista. Él es insolente y agresivo, pero al mismo tiempo se erige como un seductor irresistible poseedor de franqueza y carisma. Raoul Walsh dirige con maestría las secuencias de los combates en el cuadrilátero; Errol Flynn, como el Corbett de la vida real, es rápido y difícil de alcanzar por los puños de sus oponentes. Hay varios primeros planos de la movilidad de pies del campeón, probablemente éstos pertenecen a un doble, a un verdadero boxeador, aún así, el trabajo físico de Flynn es el de un actor comprometido con el desgaste y potencia de un atleta de alto rendimiento.

LFG (@luisfer_crimi)

Roberto “El Kid” Terranova
Campeón sin corona, Dir. Alejandro Galindo, México, 1946.

La complejidad de una ciudad que se abría paso hacia la modernidad; los conflictos del barrio, la agitación de vivir en la urbe, el diverso mosaico de personajes urbanos. En ese contexto, el cineasta mexicano, Alejandro Galindo, configura un emotivo y cruel relato sobre el ascenso y caída de un boxeador proveniente del barrio. Roberto "El Kid" Terranova (interpretado por David Silva) es un vendedor de nieves de La Lagunilla; en un pleito callejero, el joven llama la atención de un manager deportivo que lo convierte rápidamente en un destacado boxeador. Sin embargo, cuando Roberto debe enfrentarse a Joe Ronda (Víctor Parra), un boxeador estadounidense, florece el complejo de inferioridad de Roberto. El hombre es derrotado no por su desempeño en el cuadrilátero, sino por su mentalidad de perdedor. El idioma inglés (visto por el protagonista como símbolo de superioridad) se abalanza contra él como si fueran más puños pegándole en su orgullo. Galindo propone una crítica a la noción de progreso y superación; de manera realista, el director se concentra en el complejo de inferioridad del mexicano, sus miedos e inseguridades como frenos que no le permiten crecer. Los enfrentamientos de box fueron filmados en la antigua Arena México y varios exboxeadores brindaron asesoría durante el rodaje; entre ellos destacaron  “Pancho” Rosales y Antonio Padilla “El Picoro”.

LFG (@luisfer_crimi)

Charley Davis
Body and Soul, Dir. Robert Rossen, Estados Unidos, 1947.

El filme se centra en Charley Davis (interpretado por John Garfield), un hombre judío neoyorquino de orígenes humildes dispuesto a alcanzar la fama en el mundo del boxeo. Su madre y su novia desaprueban su decisión, y él, paulatinamente, pierde sus escrúpulos entendiendo que así es la única manera de escalar los peldaños. Sin embargo, este boxeador invicto conserva una ingenuidad emocional que lo orilla a tocar el rostro sombrío y corrupto del deporte. Body and Soul genera una serie de cuestionamientos morales alrededor de las víctimas físicas y emocionales que se ven en la necesidad de negociar su dignidad a cambio de no volver a la pobreza. Robert Rossen, desde las estrategias del film noir, rompe con los esquemas complacientes de éxito y superación de los filmes deportivos para introducirse al mundo de la corrupción rastreando los vínculos entre mafiosos, promotores y boxeadores, todos ellos al servicio del dinero. El cinefotógrafo, James Wong Howe, comprendió que en algunas escenas debía estar un poco fuera de foco para añadirle mayor dramatismo a las escenas de combate; Howe decidió utilizar cámara en mano para dotar de movimiento y energía las peleas. El recurso posibilitó que el sudor y la sangre de Garfield se perciban palpables y cercanos a los ojos del espectador.

LFG (@luisfer_crimi)

Midge Kelly
Champion, Dir. Mark Robson, Estados Unidos, 1949.

Midge Kelly (interpretado por Kirk Douglas) es un hombre perseverante y ambicioso, que se empuja a sí mismo hasta llegar a su meta sin importar cuántas cabezas pise en su camino. Aunque mantiene los conceptos de lealtad y solidaridad en la esfera familiar, él no tiene reparos en engañar a conocidos y amigos, incluso, el acto de la traición no representa ningún obstáculo. Es un mero oportunista en una tierra donde unos se devoran a otros. El director, Mark Robson, deposita un especial interés en recuperar las dinámicas al interior de los gimnasios de entrenamiento, las oficinas de los directivos del deporte y, por supuesto, los grandes cuadriláteros como escenarios centrales de los combates. Aunque Kirk Douglas interpreta a su personaje con un exceso de entusiasmo, el actor se muestra agresivo y dispuesto a que su cuerpo esté al servicio del desgaste y temperamento violento de Midge. En una de las mejores secuencias del filme, se retrata el entrenamiento del boxeador: Kirk salta la cuerda, golpea las bolsas pesadas a gran velocidad, hace varias flexiones y continúa lanzando golpes, todo ello con un congruente y emocionante acompañamiento de la banda sonora de Dimitri Tiomkin, que deposita ritmo y cadencia a cada movimiento de Douglas.

LFG (@luisfer_crimi)

Davey Gordon
Killer’s Kiss, Dir. Stanley Kubrick, Estados Unidos, 1955.

Fear and Desire (1953), dirigida, fotografiada y editada por Stanley Kubrick fue sólo un esqueleto guardado en el armario del director, o al menos él así veía su primer largometraje al cuál consideró “un torpe ejercicio amateur de una rareza completamente inepta, aburrida y pretenciosa”. Por esta razón, Killer’s Kiss (1955) fue considera por el autor como su ópera prima. Con escaso presupuesto (el dinero provenía de familiares y amigos), Kubrick elaboró un relato sencillo sobre la miseria urbana neoyorquina centrándose en tres personajes: un boxeador (Jamie Smith), una bailarina (Irene Kane) y el jefe de una mafia (Frank Silvera). El primero (un hombre en plena decadencia) protege a la segunda (una dulce y refinada mujer) del tercero (un abusivo y cruel hombre). Kubrick escenifica un combate de boxeo con cortes rápidos; la escena es vista por el espectador desde afuera del cuadrilátero, en un ángulo a la altura de las butacas y con las cuerdas como elementos intermediarios entre el público y los peleadores. Una exhibición de jabs, uppercuts, crochets, hooks, y swings que se fusionan con el sudor y la saliva de los pugilistas y, a diferencia de muchos otros filmes de box, aquí hay un interés primordial en mostrar las estrategias a la defensiva de los combatientes.

LFG (@luisfer_crimi)

Rocky Balboa
Rocky, Dir. John G. Avildsen, Estados Unidos, 1976.

Para Rocky Balboa, un humilde cobrador que recauda deudas en Filadelfia, el boxeo es sólo un pasatiempo. En Rocky (1976), el primer filme de la extensa saga creada y protagonizada por Sylvester Stallone, Apollo Creed (Carl Weathers) lanza la posibilidad de que un completo desconocido se enfrente a él en un combate por el título mundial; el elegido es Rocky, simplemente porque su sobrenombre, “El semental italiano”, le resulta atractivo a Creed. El protagonista, que a esas alturas trabaja en una pequeña tienda embalando carne, comienza su arduo entrenamiento con la ayuda de Mickey, un excampeón. Resulta memorable la conjunción de aquellos momentos donde vemos a nuestro héroe preparándose para el combate: las “torturas” en el gimnasio, las carreras por las calles de la ciudad hasta subir corriendo las escaleras exteriores del Museo de Arte de Filadelfia, los animales muertos (que cuelgan del techo de las cámaras frigoríficas) que son empleados como costales de box, todo ello, acompañado del tema musical “Gonna Fly Now” de Bill Conti, hace que nosotros, como espectadores, estemos entusiasmados con acompañar a Rocky en su esquina. No obstante, lo que parece ser una reinterpretación de David contra Goliath, sufre un cruel y drástico cambio al final del relato. El director, John G. Avildsen, mantiene una firme postura de hacer verosímil su historia, y decide que el protagonista debe caer; no es suficiente el esfuerzo y el coraje para vencer al mejor peleador. El esquema complaciente de logros deportivos asociados a la superación personal se ve quebrantado en este filme, cuando, en ese último asalto, Apollo es declarado ganador del combate.

LFG (@luisfer_crimi)

Jake la Motta
Raging Bull, Dir. Martin Scorsese, Estados Unidos, 1980.

Jake la Motta (Robert De Niro) es un joven boxeador que se entrena duramente con la ayuda de su hermano y mánager Joey (Joe Pesci). Su sueño es convertirse en el campeón de los pesos medios. Pero Jake es un paranoico muy violento que descarga su agresividad en el deporte y en la vida cotidiana. Incluso su hermano es víctima de su enfermizo carácter. La Motta es lo que los especialistas denominan un fajador, sinónimo de un duelo descarnado, acaso un kamikaze que salía a escena sabiendo que durante el primer round recibiría un severo castigo por parte de su oponente. Replegaba su cabeza a la altura del pecho, el cogote señalando al contrario como si tuviera cuernos, y se cubría la zona hepática con los antebrazos, de ahí el sobrenombre de ‘Toro Salvaje’. No conocía más defensa que el ataque. Era un peso medio de reverso impredecible. Lento de piernas y descompasado en sus movimientos, su principal virtud radicaba en la fuerza explosiva, como un ser primitivo cuya única meta es sobrevivir; pero residía también en cierta habilidad para esquivar golpes (o preverlos) y mucho apetito de victoria. Pero su compleja personalidad le impide convertirse en un estratega –al fin y al cabo lo que debe ser todo buen boxeador– sobre la lona, y su capacidad para dar golpes es demencial. Cuando alcanza el éxito, su vida se convierte en una pesadilla. Por un lado, su matrimonio marcha cada vez peor debido a sus contantes salidas nocturnas con otras mujeres; por otro, la mafia lo presiona para que amañe combates. La Motta cae a los infiernos víctima de sus propias paranoias.

VSM (@SofiaSanmarin)

Muhammad Ali
Ali, Dir. Michael Mann, Estados Unidos, 2001.

Muhammad Ali, conocido como Cassius Clay Jr. antes de convertirse al Islam, es considerado uno de los más grandes deportistas del siglo XX, no sólo por los triunfos arriba del cuadrilátero, sino también por la manera en que se involucró en luchas sociales y humanitarias a favor de los afroamericanos. En su filme de 2001, Michael Mann elabora un retrato íntimo, honesto y respetuoso del gran boxeador. Además de sus extraordinarias capacidades atléticas y físicas, Alí conocía el significado y la responsabilidad de los valores físicos y morales, por lo que su coraje no sólo era una cualidad en la pelea de box, sino en la vida diaria. Will Smith asimila la abrasiva, audaz y carismática personalidad de Alí fuera del cuadrilátero y, al interior de él, se desenvuelve con soltura y rapidez.  En los momentos donde Alí se muestra solitario, dubitativo, reflexivo y melancólico, es cuando Mann logra apoderarse del boxeador para convertirlo en una especie de asceta en un contexto adverso.

LFG (@luisfer_crimi)

Maggie Fitzgerald
Million Dollar Baby, Dir. Clint Eastwood, Estados Unidos, 2004.

Maggie (Hilary Swank) es una voluntariosa joven sin nada que perder por conseguir su objetivo, ser una boxeadora, y dar algo de sentido a su existencia a través de su relación con Frankie (Clint Eastwood), ese entrenador de vuelta de todo, reticente a prepararla, y Eddie (Morgan Freeman) ese antiguo boxeador que ve en ella posibilidades. Entre combate y combate vamos conociendo a Frankie y a Maggie, el primero, un entrenador que se culpa de que su amigo Eddie, quien ahora trabaja con él en un gimnasio, hubiera perdido un ojo cuando era un púgil, y la segunda, una obstinada muchacha que desea convertirse en la campeona de su categoría. Ambos son almas solitarias y arrastran ciertos problemas familiares que condicionan sus vidas. Él no se lleva bien con su hija, y ella tampoco percibe el afecto de su madre y de sus hermanos. Frankie deja que Maggie se adentre en su rutina, tomándole cariño con el tiempo y convirtiéndose así en su segundo padre. Por debajo de todo eso transcurren los verdaderos temas de la película: la conciencia de la propia madurez, la culpa por los pecados del pasado, la sublimación de una amistad de años en la que basta una palabra o una mirada para expresar las más contundentes verdades y, por encima de todo, el terrible sentimiento de la pérdida paterna.

VSM (@SofiaSanmarin)

Tae-shik y Sang-hwan
Crying Fist, Dir. Seung-wan Ryoo, Corea del Sur, 2005.

Tae-shik (Choi Min-sik), un antiguo medallista de plata en boxeo, vive en la ruina. Este hombre solitario se gana la vida alquilándose como un saco de arena para todo aquel que quiera pegarle a cambio de unas monedas. Por otro camino se encuentra Sang-hwan (Ryoo Seung-beom), un atlético joven que ha puesto sus habilidades al servicio de la delincuencia. Ambos, llenos de furia y dispuestos a darle un nuevo giro a sus respectivas vidas, se verán las caras cuando se inscriban en un campeonato local que busca a los nuevos talentos del boxeo. Aunque todo indica que el cuadriláetro es el escenario principal, el director surcoreano, Seung-wan Ryoo, utiliza el cuadrilátero como una metáfora de la vida moderna: sobrevivir es lo único que importa. Cuando estos dos sujetos han tocado el abismo y conocido lo peor del ser humano, se despiertan sus instintos de sobrevivencia a través de las emociones fundamentales: la rabia y la esperanza. El boxeo se convierte en la posibilidad de redención y salvación de una vida miserable; el triunfo representa un poco de dinero, algo de reconocimiento por parte del público, pero para ellos sólo es el primer paso para iniciar de cero y llevar una vida normal.

LFG (@luisfer_crimi)

 
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