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Madres memorables en el cine
Publicado el 09 - May - 2014

 
 
Vistas por Polanski, von Trier, Sokurov, Almodóvar, Bergman, Ramsay... 10 madres entregadas, perversas, desobligadas, seductoras, de todo. - ENFILME.COM

El tiempo pasa, algunos se van, otros vienen, las fronteras se mueven, los valores cambian, las formas de relacionarse también, pero hay un lazo que a pesar de los devenires se ha mantenido inmaculado: el de la madre con su hijo. Aquí dejamos una lista en orden cronológico de películas que exploran ese amor que aparece de forma muy parecida al milagro, que se alimenta con el sudor del día a día y que, sin eximirnos de nuestra vana y viciosa condición humana, nos vincula con conceptos más allá de nuestro entendimiento.

Dejamos fuera a Mother (2009), el excelso thriller coreano de Joon-Ho Bong, acucioso retrato de una madre en toda su tridimensionalidad, porque el filme hasta el momento sólo se ha visto en festivales.

SOR(@SofOchoa)

Publicado originalmente el 10 de mayo de 2012.

Dos mujeres
(La ciociara, Vittorio De Sica, 1960)

En medio de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Más allá de un estudio sobre la guerra y las consecuencias políticas, Dos mujeres se convierte en el retrato casi íntimo de una mujer que lo da todo por mantener a salvo a su hija. Cesira (Sophia Loren) puede no entender completamente lo que está pasando en la guerra, pero le queda claro que su papel es el de proteger a su hija Rosetta (Eleonora Brown). Los horrores de la guerra y la indiferencia social ante las injusticias marcarán a ambas, pero el amor de madre siempre quedará imborrable, aunque no quede nada más en el mundo. 

JNM (@Juletiux)

Mamma Roma
(Mamma Roma, Pier Paolo Pasolini, 1962)

Un relato desgarrador en donde una mujer que se hace llamar Mamma Roma (Anna Magnani) trata de empezar una nueva vida luego de trabajar varios años como prostituta en las calles de Roma, por lo que empieza a vender frutas para poder vivir de manera decente con su hijo Ettore (Ettore Garofolo). A pesar de que él es su orgullo, la madre sufrirá al ver que el joven Ettore tiene un carácter débil y se encuentra rodeado de personas que lo manipulan a su antojo, lo que la obligará a esforzarse aun más por el bienestar de su hijo.

ESR (@RikyTravolta)

El bebé de Rosemary
(Rosemary’s Baby, Roman Polanski, 1968)

Más allá de si el departamento está embrujado, de si los vecinos le rinden culto a Lucifer o de si su esposo ha hecho un pacto con el diablo para tener éxito en su profesión de actor, el que Rosemary (Mia Farrow) dé a luz al hijo de Satanás refleja ese miedo de muchas embarazadas por la incertidumbre de no saber qué clase de persona traerán al mundo, y de si, llegado el momento, serán capaces de amamantar, cuidar y proteger a ese desconocido que solo por nacer tiene la comprometedora etiqueta de ‘hijo’.

SOR(@SofOchoa)

Sonata de otoño
(Autumn Sonnata, Ingmar Bergman, 1978)

El que las relaciones cercanas se mantengan contenidas, con silenciosos resentimiento hasta que un día la olla exprés emocional estalla estrepitosamente, parece ser una característica de la forma en que se desarrollan en Escandinavia, particularmente en Suecia; al menos si nos atenemos a las que por décadas cinceló el maestro Ingmar Bergman en celuloide. En Autumn Sonnata Liv Ullmann es la hija de una renombrada pianista, Ingrid Bergman. La hija invita a su madre a pasar unos días a su casa; tienen más de siete años sin verse. Al principio todo es cortesía, buenos modales y esfuerzo sobrehumano por, a través de las palabras y los gestos, apuntalar la que quizá es la relación humana más emblemática, la de madre con hija, toda vez que a través de ella se hereda el legado de la procreación y cuidado de la especie. Pero instante tras instante se resquebrajan todos los intentos, se agrietan las intenciones y por cada hendidura ocasionada se fugan los demonios que han tenido anestesiados por largo tiempo. Las recriminaciones, reproches, insultos y soterrados deseos, en un ambiente progresivamente claustrofóbico, son expuestos en todo su poderío gracias al trabajo de luz y cámara de Sven Nykvist y las arrebatadoras interpretaciones de consumadas actrices. Todo orquestado, como de costumbre, por el genio de Ingmar Bergman.

AFD (@SirPon)

Máscara
(Mask, Peter Bogdanovich, 1985)

A Rusty Dennis (Cher) le gustan las drogas y el alcohol, es parte de una pandilla de motociclistas con cuyos miembros (varios) comparte su vida sexual, no está interesada en trabajar y, sin embargo, es una madre perfecta. Su hijo Rocky tiene una enfermedad comúnmente conocida como lionitis que desfigura los huesos del cráneo y le ha dado una apariencia nada agradable para los que lo rodean. Rusty se empeña en defenderlo demostrando que más allá de la vida que lleva (cosa que incluso se muestra dispuesta a cambiar) su amor maternal no tiene límites.

AVE(@AloValenzuela)

Madre e hijo
(Мать и сын, Mat i syn, Aleksandr Sokurov, 1997)

A Alexandr Sokurov siempre se le ha endosado el título de ‘heredero de Tarkovski’. Un honor y simultáneamente una carga. A este gran artista no le ha pesado; en cambio sí ha tomado en serio el prolongar el legado espiritual de su predecesor. Mother and Son es un filme que Tarkovski seguramente habría querido hacer. Es una oda al amor de un hijo por su madre que estremece tanto por su belleza como por su simplicidad. Sokurov nos presenta el último día de vida de una madre y la forma en que lo vive con su hijo. No hay sentimentalismos ni drama, pero hay un intenso dolor que es retratado de forma cercana a lo onírico, que nunca se aleja del todo de la experiencia real e inevitable que ambos viven. Ecos de la Pasión de Cristo, a la inversa, resuenan constantemente en este magistral ejemplo de un amor trascendental, puro, pero inevitablemente trágico.

AFD (@SirPon)

Todo sobre mi madre
(Pedro Almodóvar, 1999)

Las familias creadas por Almodóvar nunca fueron tan extravagantes como en Todo sobre mi madre, una cinta donde la palabra “madre” adquiere una profunidad casi inexplorada por los cineastas con el personaje de Manuela (Cecilia Roth), una mujer que inicia una odisea por la ciudad de Barcelona para encontrar al padre de su hijo y transmitirle una desafortunada noticia. Una película para las madres que no temen a nada para honrar el recuerdo de sus hijos.

ESR (@RikyTravolta)

Bailando en la oscuridad
(Dancer in the dark, Lars Von Trier, 2000)

La tragedia convertida en musical retrata los sacrificios que muchas madres son capaces de realizar por sus hijos. El hijo de Selma (Björk) está quedándose ciego por una enfermedad degenerativa. El dinero escasea y Selma tiene que trabajar arduamente a pesar de que tiene la misma enfermedad y está perdiendo paulatinamente la vista. La música, los sueños y el amor de madre como enemigos de la desesperanza y las dificultades a veces no parecen ser suficientes, pero Selma no se dará por vencida. Solo al ser una madre abnegada –refugiada no en lo que ve, sino en lo que escucha– Selma podrá obtener su libertad.

JNM (@Juletiux)

Mi madre
(Ma mére, Christophe Honoré, 2004)

No todas las madres son ejemplares, o al menos, no lo son convencionalmente. El director francés Christophe Honoré, basándose en el libro homónimo de Georges Bataille, retrata en Mi madre la relación de madre e hijo desde una perspectiva perversa y escalofriante, donde el papel de la madre no es el de la tierna protectora, ni el de educadora de valores familiares, sino el de la guía sexual más intensa y libertina de todas. Tras la muerte de su padre, Pierre (Louis Garrel) descubrirá de la mano de su madre Hélène (Isabelle Huppert) la carnalidad intrínseca en el ser humano llevada hasta sus límites. 

JNM (@Juletiux)

Tenemos que hablar de Kevin
(We Need to Talk About Kevin, Lynne Ramsay, 2011)

Ninguna madre sabe cómo será su hijo, pero todas están sometidas a esa ley no escrita y condenatoria que manda: amarás a tu hijo por sobre todas las cosas. Para Eva (Tilda Swinton), esas cosas son, para empezar, su vida de soltera, relajada, viajera y hedonista; algo que le cuesta hacer a un lado. Su hijo de instinto impecable no tarda en darse cuenta de la carga que él le significa y en hacérselo notar cobrándoselo en cada detalle, cada día de su vida, todos los años, hasta que ese comportamiento termina formándolo como criminal. ¿Contexto o naturaleza? No importa. Eva está condenada al menos a intentar amar a ese joven mate a quien mate.

SOR(@SofOchoa)

 
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