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Sociedades Filmicas de Tamaulipas. La historia de un cineclub
Publicado el 12 - Jul - 2012

 
 
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Por Fabián Ramos
Fabián Ramos nos relata el proceso por el que pasó de tener un cineclub cuando era niño a crear las So - ENFILME.COM

Sociedades Fílmicas de Tamaulipas. La historia de un cineclub.

Por Fabián Ramos, creador de Sociedades Fílmicas de Tamaulipas.

En la primavera de 1984, mi madre, que viajaba constantemente a la frontera por cuestiones de trabajo, llegó de improviso con una videocasetera Beta, un aparato que aún no se comercializaba fácilmente en la ciudad. De inmediato me inconformé. Yo había pedido un Atari en premio a mis medianamente buenas calificaciones, apenas cursaba el cuarto año de primaria. No eran buenos tiempos y ella tuvo que decidir entre el Atari y la videocasetera, seguramente pensó que podría ser de mayor provecho que yo viera películas en lugar de pasarme horas y horas alienado jugando Donkey Kong o Gyrus. Junto a la video casetera venían cuatro películas: Operación Dragón (1973), Poltergeist (1982), Juegos de Guerra (1983) y The Warriors (1979).

En el fondo, lo que mi madre quería evitar era que me pasara las tardes en el cine Olimpia, situado a media calle del edificio de departamentos en el que vivíamos justo en la calle Aquiles Serdán 117, en el viejo centro de Tampico. Es que todas las tardes, apenas terminaba mis tareas escolares (y aunque no), don Pillo el boletero del cine me dejaba entrar a las funciones dobles del Olimpia.

Así pude ver todo el cine japonés de Godzilla y las peores historias de artes marciales inimaginables.

Evidentemente con la videocasetera era un niño privilegiado con un artilugio del futuro. No pasó mucho para que la ocurrencia de hacer funciones de cine para todos mis amigos del edificio me llegara. Así, una tarde de esa primavera, hice sin saberlo, mi primera función de cineclub. Marcos, Miguelín, Obed, el Fuchi, el Cremas, Lencho, Crispín y su hermana Muñeca, fueron los presentes. Todos menos Marcos pagaron veinte pesos de aquellos; el boleto incluía un vaso de Coca Cola servido en vasos de mole Doña María y un mega tazón de palomitas que teníamos que rolar entre todos. Aclaro que al Fuchi lo mandamos arriba del ropero en una especie de Gayola, por evidentes razones olfativas que ustedes imaginarán. Al poco tiempo le comenzaron a llamar el Cine-Fabián a lo que a esas alturas eran ya unas pintorescas funciones de cine caseras. Además de los hermanos adolescentes de mis usuales clientes, también a veces llegaban vecinas del primer piso, el grupo de obreros del segundo piso que en la Navidad me regalaron mis monitos de luchadores, niños del edificio de atrás, iba también doña Lina junto a su hija Rosa, quienes me hacían de comer cuando mi madre estaba de viaje, e incluso don Sebas, un jubilado que se dedicaba a bajar las cortinas metálicas de una buena cantidad de comercios del centro. Yo no alcanzaba a entender a mi corta edad, lo que realmente estaba ocasionando como convivencia vecinal. Un día, con tristeza, tuvimos que cambiarnos de casa. Así, con todo y videocasetera nos fuimos hasta el otro extremo de la ciudad, de un barrio popular a un fraccionamiento en donde yo pasé a ser el único niño.

Tiempo después, pasando mis 18 años, las circunstancias me llevaron a visitar constantemente el Distrito Federal, donde conocí y asistí a un cineclub de Ciudad Universitaria, el de Arquitectura en el teatro Carlos Lazo. Eso fue suficiente para hacerme asiduo al cine con implicaciones estéticas. Pasaron varios años más, hasta 1999, cuando un amigo recién nombrado funcionario municipal de la colindante Cd. Madero, me pidió coordinara el cineclub municipal que tenía dos años sin funcionar. Mi tiempo en este cineclub de nombre Doña Cecilia (ella fue la Jeremías Springfield de Cd. Madero) fue de cuatro años de prueba y error, que me permitieron prepararme y delinear lo que haría de mi vida en los años posteriores. A este cineclub le siguió el de Casa de Cultura de Tampico hasta en tres etapas distintas, que terminaron apenas en 2011. El cineclub del Espacio Cultural Metropolitano fue paralelo de 2007 a 2011. El dejar ambos proyectos ahora me ha permitido regresar a Cd. Madero. En un nuevo espacio, en el que recién cumplimos un año en este mes de julio. Estos no han sido los únicos cineclubes que he coordinado en el transcurso de trece años, ha habido más, por temporadas cortas en galerías, instituciones y universidades que así me lo han pedido.

Sin embargo debo confesar que fue mucho tiempo el que trabajé aislado entre Tampico y Cd. Madero. Si bien recurrí diversas instituciones para armar las programaciones, fue hasta 2010 que entendí la forma en que los cineclubes habían no sólo evolucionado, también se habían diversificado. El primer Foro Iberoamericano de Cineclubes Comunitarios al que asistí me mostró el nuevo sendero.

Salir de mi zona de confort de cineclubes tradicionales para llevar cine a grupos con desventajas sociales o con un entorno adverso. Comencé con lo que llamo Sociedades Fílmicas en una cárcel estatal de Tamaulipas. El resultado de este proyecto fue un cineclub y un documental realizado por los propios internos. Ahora, a tumbos e incertidumbres, levanto una red de cineclubes en la Sierra de Otontepec en el norte de Veracruz. Va a paso firme, seguro pero lento. Mientras tanto pienso cómo resolver la nueva Sociedad Fílmica que empezaré apenas en un par de meses, el de una primaria cercana a mi casa donde el treinta por ciento de sus niños son discapacitados. A veces me preocupa cómo poder cumplir con los compromisos de estas sociedades, algunas personas me miran con extrañeza cuando descubren que no hay dinero de por medio en las Sociedades Fílmicas. A veces les respondo que soy un millonario excéntrico, pero creo que no me creen. Para mí basta recordar el viejo edificio de Aquiles Serdán, aquel donde viví mi niñez acompañado y querido por todos los inquilinos, ellos como mi madre y yo, le respondimos a la adversidad. Sin duda el cine nos hizo ser mejores vecinos,  nos acercó y solidarizó.

Hasta comenzar a escribir este texto entiendo perfectamente lo que son las Sociedades Fílmicas. Creo que todo es cíclico, lo que recibes, lo vuelves a ofrecer, no importa el tiempo que haya pasado, las circunstancias en que se den o el lugar donde podamos realizarlas. No tengo idea de dónde estaré dentro de trece años, vaya ni lo sé dentro de uno, de lo que sí estoy seguro es de qué estaré haciendo. Un cineclub y una Sociedad Fílmica.

12/07/2012

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