Cuarenta y siete samuráis sin señor feudal, o rōnin, liderados por Kuranosuke Oishi (Hiroyuki Sanada) se unirán al paria mestizo, Kai (Keanu Reeves), para buscar venganza por la muerte de su señor. Esta historia se basa en una leyenda tradicional japonesa, quizá la más emblemática del código de honor samurái, el Bushidō. A la leyenda prototípica se le han agregado la presencia de criaturas fantásticas e incluso el personaje de Reeves fue creado para esta adaptación.
La leyenda ya ha sido llevada a la pantalla en tres ocasiones por el cine japonés: la primera en 1941, Genroku Chûshingura de Kenji Mizoguchi, conocida en español como La venganza de los 47 samuráis; la segunda de 1962, dirigida por Hiroshi Inagaki, Chûshingura; y la más reciente, de 1994, de Kon Ichikawa. La cinta ha sido muy criticada por el ritmo y el tono que maneja; ha sido tachada de marcha fúnebre en la que el humor está prácticamente ausente. La actuación de Sanada se muestra sobria, mientras que Reeves se desenvuelve de manera acartonada, lo cual resta credibilidad a su personaje. Por otra parte, se intenta mantener un estilo similar al de las clásicas cintas de artes marciales orientales, pero el estilo hollywoodense le estorba, de tal forma que no logra amalgamar ni un tono completamente épico y solemne, ni desarrollar en su completa totalidad la historia de amor paralela entre el paria Kai y la hija del señor feudal. El guión se muestra un tanto desnivelado, pues otorga demasiado tiempo en desarrollar el hecho de la muerte del amo, mientras el segundo movimiento se muestra bastante apresurado, con prisa por dar resolución al acto de la venganza, lo cual impide una completa transformación, o mejor dicho, una evolución rítimica y orgánica de los personajes, dando por resultado una trama carente de verdaderos picos dramáticos.
AS(@albertosandel)
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