La vida es ridícula. -Rosalyn Rosenfeld
Lee aquí nuestra reseña de American Hustle
Los extravagantes Estados Unidos de finales de los años setenta sirven como el escenario de fondo para narrar la historia de un falsificador, Irving Rosenfeld (Christian Bale). El cuarentón de protuberante estómago -Bale subió 18 kilogramos de peso para interpretar este papel- está casado con la rubia y emocionalmente divergente ama de casa, Roselyn (Jennifer Lawrence), y posee una fiel amante y compañera de engaños, Sydney (Amy Adams). Ambos llevan una vida cimentada en las apariencias y en la frase que reza que “la gente cree lo que quiere creer" (people believe what they want to believe). Todo les ha resultado. Venden “créditos” en bancos que no existen. Se hacen pasar por personas que no son para generar confianza en sus víctimas. Todo funciona, hasta que un policía, Richard DiMaso (Bradley Cooper), va tras ellos. Ya que los tiene en sus manos, les pide que trabajen para él “atrapando” –vía burdos engaños- grandes peces del mundo de la mafia y la falsificación, y, también, a unos cuantos políticos, incluido el alcalde Carmine Polito (Jeremy Renner) para, con ello, aminorar su sentencia y no pasar el resto de sus días en la cárcel.
La más reciente cinta del asiduo merecedor de nominaciones al Oscar, David O. Rusell, American Hustle, posee un soundtrack, dirección de arte y vestuario, notables, capaces de embriagar a cualquiera con su estética kitsch y su elegante composición. Sin embargo, el guión, también de O. Rusell, carece de tensión; las actuaciones –que deliberadamente son construidas en la procaz libertad de la improvisación que ya había ejercitado en Silver Linings Playbook (2012)- están impregnadas de la familiaridad de quienes, se sabe, ya han trabajado previamente en equipo con el director americano. En este caso, la técnica resulta en un paradójico distanciamiento con el público en el que el despliegue de talento parece más un acto para sí mismos, que para la audiencia, en el que cada quien hace lo que sabe hacer –Bale es el estafador feo, resentido pero también compasivo; Adams, su desafiante, sensual y ambiciosa compañera de engaños; Lawrence, la picaresca amarga y vulnerable joven madre y esposa; Cooper, el voluble y ansioso policía-. Pese al refinado humor negro de algunos de los diálogos, la reiterada individualidad de sus protagonistas, condena a la débil empatía de los personajes con el público. En conjunto, las espontáneas actuaciones y el drama neurótico, estridente, pero al mismo tiempo cómico de American Hustle, crean una especie de farsa neo-noir que busca hacernos creer que estamos siendo parte de su egoísta diversión.
JAR (@franzkie_)