Película: Blanco de verano - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Blanco de verano
Blanco de verano
 
México
2020
 
Director:
Rodrigo Ruiz Patterson
 
Con:
Adrián Ross, Sophie Alexander-Katz, Fabián Corres
 
Guión:
Rodrigo Ruiz Patterson, Raúl Sebastián Quintanilla
 
Fotografía:
Sarasvati Herrera
 
Edición:
Ernesto Martínez Bucio
 
Música
85 min.
 
Duración:
 

 
Blanco de verano
Publicado el 18 - Nov - 2021
 
 
Desde FishTank de Andrea Arnold (a quien parece dedicarle algunos guiños) podemos encontrar muy pocos filmes que penetren con tanto decoro, tanta sensibilidad y también tanta cariñosa ternura, el dolor y el enojo afincado dentro del cuerpo y el alma de los adolescentes. - ENFILME.COM
 
 
 
por Alfonso Flores-Durón y Martínez

En los márgenes de Ciudad de México, en una zona de condominios horizontales de interés social, reside Rodrigo (Adrián Ross) con Valeria (Sophie Alexander-Katz), su madre. Su relación con ella es cariñosa y muy (muy) íntima. Cuando se le dificulta dormir, a media noche, Rodrigo intercambia su cama por la de su madre y, siempre, es bien recibido. Se saludan y despiden de beso en la boca (kikos) y son cómplices durante las llamadas telefónicas del padre de Rodrigo con Valeria, porque el chavo prefiere no hablar con él y ella le hace el paro; en retribución, él se encarga, gustoso, de servirle sus cervezas a ella quien, a cambio, le enseña a el siempre necesario baile de “cartón de cervezas”. Pero una noche que Valeria se va de fiesta -por supuesto con la bendición de Rodrigo-, regresa de madrugada… y acompañada de un hombre. El hijo se da cuenta porque escucha esos sonidos guturales que produce el goce y, cuando quiere penetrar a la habitación de su madre, la entrada le es negada por una Valeria ostensiblemente agitada. A la mañana siguiente, Rodrigo conoce el rostro y el nombre del intruso: Fernando (Fabián Corres). Y muy pronto, sin demasiado ceremonial de por medio, ni diálogo, ni tiempo para asimilarlo, Valeria convierte de tres la comunidad que era de dos; además, en un espacio demasiado reducido. Intempestivamente, Rodrigo es lanzado a un viaje de autoconocimiento intensivo, sin manual, y sin afán. Su reacción la manifiesta en sus intentos de sabotaje a la relación (pinta los trajes de Fernando, propicia desencuentros entre él y su madre, se distancia de ella…) con escapadas a un deshuesadero donde hace de una camper su refugio, una guarida que se convierte en su territorio, el lugar en el que puede él seguir siendo el protagonista de su vida y no ya un actor de reparto, aunque sea solo. Lo arregla, lo goza y también lo ocupa para desahogar la furia que suele contener (aunque, también, de pronto lo haga silenciosamente en su habitación). Parece incapaz de digerir el cambio, y pese a los momentos con disfraz familiar que llegan a confabular los adultos (de viaje, enseñándolo a manejar o jugueteando); a los esfuerzos tanto de Valeria como de Rodrigo por crear un ambiente de calidez en el cual puedan vivir lo más armoniosamente compenetrados posible; e, incluso, quizá a los intentos del propio Rodrigo por aceptarlo y dejarse integrar a la nueva ecuación, algo superior lo anima al rechazo. Siendo de por sí la adolescencia un momento de tanta turbulencia interna, esperar que en ella además se comprenda la naturaleza de las relaciones íntimas y, peor aún, se espere que se quieran compartir los afectos más sagrados con extraños, parece un despropósito con el que Rodrigo no parece estar dispuesto a condescender.

La razón fundamental para que Blanco de verano sea un éxito cinematográfico (porque, sí, lo es) descansa en su guion. Hay filmes en los que el texto escrito es solo el punto de partida para la posterior concreción del filme; en este caso es una ruta de viaje trazada de forma pormenorizada (o, al menos, eso parece) por Rodrigo Ruiz Patterson y Raúl Sebastián Quintanilla, que atiende todos los detalles por mínimos que parezcan ser, desde el diseño de los personajes y las situaciones en que son involucrados, hasta la dinámica de las relaciones entre ellos y las resoluciones para cada caso y para el del conjunto de todos. Blanco de verano es un filme visto desde la óptica del adolescente a quien de un momento a otro, literalmente, se le derrumba su mundo, sin contar ni con las herramientas, ni los materiales para intentar reconstruirlo adecuadamente. Sabemos que hasta las mejores intenciones suelen fracasar cuando no son ejecutadas con el cuidado que ameritan. Y la madre parece no haber sabido manejar la circunstancia que ella misma creó, como quizá debía o hubiera resultado mejor para los tres; empezando por su propia y legítima búsqueda de la felicidad, o lo que se le parezca. Pensó que todo se acomodaría solo sin necesidad de hablar las cosas, aclararlas, explicárselas al hijo, tal vez negociar algunos detalles con él. Y generalmente, también sabemos, esa es justamente la receta perfecta para el desaguisado. Pero, pese a ello, Ruiz Patterson con habilidad consigue algo que no es sencillo en el cine: crear vínculos de simpatía del espectador con cada uno de los personajes, con la ayuda de las notables interpretaciones de su conjunto actoral. Los tres están intentando acomodarse, se esfuerzan, hacen concesiones, pero simplemente algo impide que todo cuaje.  La vorágine que experimenta Rodrigo y se manifiesta incluso en respiraciones revolucionadas exige de una operación quirúrgica que va mucho más allá del amor y los buenos deseos.

El director todo lo capta de modo cercano, ceñido a los personajes, haciendo que la cámara de Sarasvati Herrera haga el cuarteto con ellos (captando constantemente imágenes bellas y cautivantes) y recurriendo constantemente a elipsis que le permiten llevar bien amarrada la narración y al mismo tiempo oxigenándola, dejando algunos espacios abiertos para que el espectador también participe activamente en la elaboración de la trama y los significados de su discurso. Juega con las percepciones y preconcepciones, siendo ambiguo por momentos (empezando por el escarceo con el incesto que sugiere al principio y da solidez a todo lo que ocurre posteriormente), pero en todo momento compasivo. Desde FishTank de Andrea Arnold (a quien parece dedicarle algunos guiños) podemos encontrar muy pocos filmes que penetren con tanto decoro, tanta sensibilidad y también tanta cariñosa ternura, el dolor y el enojo afincado dentro del cuerpo y el alma de los adolescentes, como lo hace Blanco de verano.  

@SirPon20

Blanco de verano estrena el 18 de noviembre 

Consulta los horarios en: Cineteca Nacional, Cinépolis

 
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