Los protagonistas de Casi treinta defienden su juventud a punta de borracheras o ligues de fin de semana, incapaces de aceptar mayores responsabilidades laborales o una relación de pareja mínimamente estables, por ejemplo. La ópera prima de Alejandro Sugich López Arias narra la historia de ocho amigos a punto de cumplir treinta años, que antes de cruzar esa línea se plantean una última oportunidad para cambiar sus vidas. El filme se centra en Emilio (Manuel Balbi), un exitoso ejecutivo originario de Sonora que vive en el Distrito Federal. Él está por contraer matrimonio con una de sus compañeras de trabajo —después de abandonar a Cristina (Eiza González)—. Pero a pesar de su exitosa carrera y su cercano casamiento, siente que algo no encaja en su vida. En el fondo, su verdadera vocación es la literatura. La invitación a la boda de su mejor amigo en Ciudad Obregón le permitirá viajar a su lugar natal y reencontrarse con sus camaradas de toda la vida. Entre fiestas y salidas a la playa, los amigos tomarán conciencia de que ninguno ha hecho algo determinante para ser mejores personas. Una celebración que termina en tragedia los orillará a tomar las decisiones que venían posponiendo.
Bajo el slogan “Y a ti, ¿qué te detiene?”, Casi treinta se anuncia como una comedia sobre el proceso de madurar, pero a causa de su guión poco sólido, el filme termina convirtiéndose en un melodrama bastante pobre en todos los aspectos—dirección, actuación, técnicos—, saturada de clichés con escasos pasajes de acción y la alelada relación entre Balbi y González, dos personajes totalmente disparatados y patanes que actúan sin pensar, como casi todos los integrantes de la película. Una historia con una trama manida e insustancial.
VSM (@SofiaSanmarin)