Película: El triángulo de la tristeza - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Triangle of Sadness
El triángulo de la tristeza
 
Suecia, Francia, Reino Unido, Alemania, México, Turquía, Grecia, Estados Unidos, Dinamarca, Suiza
2022
 
Director:
Ruben Östlund
 
Con:
Charlbi Dean, Harris Dickinson, Woody Harrelson, Dolly De Leon, Zlatko Buric, Vicky Berlin, Jean-Christophe Folly
 
Guión:
Ruben Östlund
 
Fotografía:
Fredrik Wenzel
 
Edición:
Mikel Cee Karlsson, Ruben Östlund
 
Duración:
147 min.
 

 
El triángulo de la tristeza
Publicado el 23 - Feb - 2023
 
 
Ahogado en su vistosidad, el filme termina pareciendo ser un chiste autocomplaciente, incluso perezoso, por varios lapsos simplemente bien contado. - ENFILME.COM
 
 
 
por Alfonso Flores-Durón y Martínez

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En el ¿banal? mundo de la moda se mueven Carl (Harris Dickinson) y Yaya (Charlbi Dean). Él más como modelo, con mediano éxito (en un casting le señalan el “triángulo de la tristeza” que se le marca por fruncir el seño, arriba de las dos cejas); ella, también modelo, pero como influencer, una celebridad. Su relación, empero, atraviesa por un bache, pues Carl quiere desacoplarla de los arreglos convencionales de la sociedad, pues desea que sea verdaderamente equitativa, en todos sentidos, empezando por el económico, particularmente considerando que es Yaya quien gana más dinero de los dos. Ella, durante una cándida charla para remendar sus diferencias, reconoce su cinismo y capacidad manipuladora. 

Intentando calmar las aguas (valga la expresión en este caso), Yaya y Carl se embarcan en un crucero de súper lujo, a bordo de un exclusivo yate al que ella es invitada de forma gratuita con tal de que “instagramée” hasta el menor detalle de su experiencia. Ahí encuentran todo tipo de especímenes a los que les sobra tanto el dinero como el hastío existencial (desvergonzados oligarcas rusos que venden, literalmente, mierda -fertilizantes-; pareja de dóciles ancianos británicos vueltos multimillonarios, orgullosamente, gracias a la industria armamentista; herederos de fortunas; y distintos niveles de empleados que, desde luego, ocupan muy diferentes tipos de áreas de descanso dentro de las entrañas del barco; los de mayor jerarquía -obviamente los de más agradable apariencia física- sueñan con poder ser parte de los opulentos huéspedes, algún día). Entre los viajeros se entablan diálogos y se desdoblan situaciones que oscilan de lo cómico a lo futil y, constantemente, estacionándose en lo de plano embarazoso. El Capitán del barco (Woody Harrelson), un comunista de viejo cuño, ni siquiera se ha dignado a salir de su camarote, pues ha estado indispuesto (presumiblemente por consagrar sus empeños a la ingestión etílica inmoderada). Por lo demás, salvo por algunas minucias (un miembro de la tripulación es despedido y retirado del yate después de que Carl lo acusara, como reacción a un arranque de celos, de pasearse sin camisa y fumar en áreas vedadas para hacerlo), la experiencia va, eh, viento en popa, pese a que el barco es, en realidad, de motor. Hasta que como señal ominosa, tras un suave motín perpetrado por una de las ultramillonarias que, excedida de champagne, obliga a toda la tripulación -sin distingos- (en un acto que considera emancipador y en realidad resulta humillante) a arrojarse al mar vía un tobogán, desciende la noche en que el Capitán finalmente presidirá la cena de honor. 

Y, entonces sí, todo se va a la chingada; bueno, se verifica el primer golpe de timón rumbo a ese poco atractivo destino turístico. Los convidados son recibidos con champagne (o la bebida de preferencia) mientras saludan al Capitán, su anfitrión y, a partir de entonces, los excesos se destapan con el alcohol fluyendo a raudales al tiempo que el mar, caprichosamente tempestuoso, se agita sin misericordia zarandeando el barco y, en él, a sus ocupantes, sin distingos, de forma democrática. Las oscilaciones y trepidaciones inclinan la superfice de la embarcación provocando mareos que, mezclados con la bebida y la comida ingeridas, desembocan en cascadas de vómitos, primero; de mierda, después, dentro de un turbulento ambiente que enfatiza la ridiculez de un espectáculo, además, caricaturizado. A la mañana siguiente, un explosivo acontecimiento de dimensiones aún más irrevocables que las de la noche previa, coloca a varios protagonistas, los más afortunados, en otro escenario que pone en perspectiva más aguda tanto el valor de sus vidas, como la aparente inevitabilidad, a fin de cuentas (y como en chiste antiguo) de plantear los arreglos comunitarios con base en jerarquías, de acuerdo al contexto específico que cada caso exige. 

El cine de Ruben Östlund se ha consolidado como uno que cuestiona los valores, costumbres, gustos, tendencias e instituciones que fungen como pilares de los acuerdos sobre los que se sostiene la sociedad actual. Su recurso fundamenteal para hacerlo, es situar a sus personajes, una y otra vez, enfrentando dilemas morales que sacuden sus convicciones aparentemente más sólidas. En Triangle of Sadness no quiere dejar títere con cabeza y se lanza, desbocado, a montar una crítica feroz, por momentos chistosa (la competencia de aforismos entre el Capitán y el oligarca ruso, ahogados de borrachos, uno citando a Marx y el otro a Reagan o Thatcher), muy  sardónica, a casi todo: la frivolidad del mundo de la moda, los ricos, los roles de género, las redes sociales, el feminismo, el patriarcado, el capitalismo, el socialismo y, sí, también a los pobres; pero sobre todo, por supuesto, a una burguesía sin encanto alguno, más bien vulgar, anodina, cínica, hipócrita y, en buena medida, incluso despreciable. Pero pese al afilado tono satírico, a ciertas observaciones punzantes y al uso que hace de algunas ingeniosas metáforas visuales, Östlund cae repetidamente en obviedades, utiliza símbolos ya gastados (los juegos con la mierda podrán causar gracia, pero soy ya como pastelazos escatológicos) y alarga innecesariamente la trama hasta el grado de casi asfixiarla, apenas salvado por su oficio y, claro, su indiscutible talento. La trama sufre en el vaivén marítimo y, mucho más, en el nuevo filme que inicia después, en tierra firme, donde además se vuelve derivativo. Varios de los temas que despliega no acaban de amarrar, abundan las situaciones que no cuajan del todo, y queda la impresión de que Triangle of Sadness, ahogado en su vistosidad, termina pareciendo ser un chiste autocomplaciente, incluso perezoso, por varios lapsos simplemente bien contado. Definitivamente Östlund evita el naufragio, pero a un autor de su tamaño (Force Majeure; The Square) se le debe exigir mucho más que internarse en un Triángulo de las Bermudas discursivo (que deviene amoroso) y terminar ofreciendo solo una triste deformación de lo que pudo ser.

 

*Triangle of Sadness ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2022.

**El 29 de agosto de 2022 falleció Charlbi Dean de una enfermedad repentina.

@SirPonFDyM

Consulta los horarios en: Cineteca Nacional, Cine Tonalá

 

 
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