Después de varios años de no verlos, Heriberto (Humberto Busto), un introvertido, ingenuo y amable hombre, toma su automóvil –un antiguo modelo ’82– y se dirige a la zona centro de la Ciudad de México para recoger a Trujillo (Cristian Magaloni), un excompañero de la primaria. Entre bromas y la recapitulación de sus vidas, los dos emprenden un trayecto hacia el sur de la ciudad con la intención de llegar a una reunión en la que se encontrarán con otro viejo conocido (Fernando Alvarez Rebeil). Sin embargo, antes deben hacer una escala y pasar por Flor (Verónica Toussaint), quien también estudió en el mismo colegio. Lo que se supone sería una agradable velada, paulatinamente se transforma en una atmósfera de incomodidades, recriminaciones y abusos.
Filmada en su totalidad con un iPhone 5s y con la ayuda de lentes anamórficos y otras aplicaciones para tener un vasto rango de posibilidades cinematográficas (por ejemplo, el cambio de enfoque y la relación de aspecto del marco, aunque éstas no son aprovechadas como sí lo hizo Sean Beaker en Tangerine), Oso polar (2017) es una road-movie audaz en su concepto, pero con muy poco rigor estético. El uso del dispositivo móvil y las referencias a las nociones de ‘multipantalla’ de Gilles Lipovetsky –para evidenciar la presencia de lo hipervisual en la época actual– se supeditan a la narrativa para abordar el tema del crecimiento del individuo y cómo éste cree que su forma de pensar ha madurado y cambiado con el paso de los años, pero en el fondo, ese adulto de 35 o 40 años mantiene algunas conductas y actitudes de aquel niño que cursaba la primaria. Aunque el tema del bullying está presente a lo largo del relato, el director mexicano, Marcelo Tobar (Asteroide, 2014), no cae en el habitual maniqueísmo para separar a las víctimas de los victimarios; de alguna manera, los personajes –al igual que nosotros, los espectadores– han pisado las dos caras de la moneda.
Fecha de estreno en México: 10 de noviembre, 2017.
Consulta horarios en: Cinépolis, Cineteca Nacional