El oficial de policía, Alex Murphy (Joel Kinnaman), sufre un atentado contra su vida después de que se entromete en un caso de la mafia. Su cuerpo queda tan dañado que es necesario reemplazar gran parte de éste con piezas mecánicas. Pero el procedimiento que le realizan no es para nada normal. El empresario, Raymond Sellars (Michael Keaton), posee la compañía de robótica militar más avanzada, y planea que sus creaciones sean utilizadas no sólo en zonas de guerra sino que también sean consumidas al interior del país. Pero un senador ha lanzado una ley contra el uso de robots en la fuerza policial porque no son capaces de desarrollar una conciencia y, por lo tanto, tampoco una moral. Así que Sellars pide al Doctor Dennett Norton (Gary Oldman) que a partir de sus prótesis cree a un ser con conciencia humana y cuerpo robótico. Al despertar, el oficial Alex Murphy se verá transformado en RoboCop.
En comparación con la cinta original, se nota una gran mejoría en los efectos visuales, una perspectiva diferente de las armas, como los droides de batalla, además de que el caos y la anarquía que reinaban en las primeras cintas, se expanden hacia una visión de un país que no sólo se cuestiona sobre su política interna, que ve ahora un mundo que lo conflictua sobre su política exterior y cómo ésta influye en los acontecimientos políticos propios. Hay un mayor dilema existencial dentro del hombre que debe asumirse más maquina que humano; sin embargo, la historia se torna acaramelada al darle mayor centralidad a la familia del detective y eliminar a su antigua compañera, Anne Lewis. Planeada originalmente para ser dirigida por Darren Aronofsky, la producción de esta cinta tuvo que ser retrasada en varias ocasiones e, incluso, estuvo a punto de ser cancelada. Ante la incertidumbre, Aronofsky abandonó el proyecto y en 2011 se anunció al brasileño José Padilha (Tropa de elite, 2007) como el nuevo hombre detrás del timón.
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