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Kate (Emily Blunt) es una joven y bella agente del FBI, que trabaja en el área de recuperación de víctimas de secuestro. Durante una misión a una casa en Arizona, perteneciente a narcotraficantes, en la que descubren una colección de cadáveres, una poderosa explosión deja a Kate doblemente aturdida: por el impacto físico y el entendimiento pleno de la inmisericordia de los narcos. Aprovechando su desconcierto, superiores en la corporación le proponen integrarse a un grupo perteneciente a la Seguridad Interna de los Estados Unidos; así podría conocer a los culpables de la masacre que atestiguó. Kate acepta y se integra a un equipo comandado por Matt (Josh Brolin), un oficial cínico y fanfarrón y Alejandro (Benicio del Toro), un asesor reservado y enigmático. A Kate, desde el principio, le dan mala espina estos hombres y, peor aún, los objetivos y la rectitud con que se planea la encomienda a la que ha sido asignada, que tiene que ver con acciones en la frontera con México para detener a un prominente narcotraficante. A su pesar, pronto descubrirá que la máxima de Maquiavelo (“el fin justifica los medios”) es la regla de oro de la política norteamericana, incluso cuando ésta se despliega en territorio ajeno. Una maraña de intenciones escondidas, vicios en los propósitos, torceduras de la ley e, incluso, tormentos personales involucrados dejarán a Kate acorralada; su conciencia en todo momento entra en conflicto con lo que le es vendido como su ‘deber patriótico’.
A Denis Villeneuve, es evidente, le gusta inspeccionar historias que exigen ser revisadas desde muy diversas ópticas para sólo así poder ser comprendidas en toda su complejidad. El mundo que le gusta retratar no sólo no está dividido en negros y blancos, buenos y malos, sino que cada versión del gris (cada motivación humana) cambia de tonalidad según el ángulo desde el que recibe la luz. Metido ya de lleno en Hollywood, Villeneuve busca proyectos que matrimonien las dosis de sobresaltos que exige el espectador al que corteja la taquilla, con el planteamiento de situaciones intrincadas que laberínticamente se enredan exigiendo la toma de postura de sus personajes frente a dilemas morales que parecen no tener cuadratura y terminan rebasándolos. En Sicario, además de repasar la ambigüedad ética con que el gobierno norteamericano aborda el delicado problema del narco en colaboración (complicidad, más bien, con la carga negativa que conlleva el término) con el corrupto gobierno mexicano, difumina (en varios episodios) con fría inteligencia la de por sí borrosa línea que separa las pasiones individuales de las responsabilidades institucionales en procesos tan delicados como el del combate al crimen organizado, confusión de la que se aprovechan otras que también son personas y que pertenecen al mismo cuerpo gubernamental al que todos pertenecen, obedecen. ¿Quién gana en todo este embrollo? ¿Cuál es la verdadera victoria? Con tanto dinero de por medio, entre tanta contradicción y caos (reflejado incluso en el hecho de que la auténtica protagonista de la historia no lo es del título del filme, en pos del misterio con que todo se desdobla), Villeneuve deja sentadas esas preguntas que, si bien no alcanzan la profundidad de las que nos restregó en Indencies (2010), tampoco admiten una respuesta a la ligera. Mientras tanto, vuelve a dejar constancia de un oficio que le permite desplegar un thriller con solvencia, gracia y mucha energía, sin descuidar las motivaciones internas de sus personajes.
AFD (@SirPon)
Fecha de estreno en México: noviembre 6, 2015.