Aprovechando el reciente anuncio de los nominados a los Premios de la Academia en su 89ª edición, el British Film Institute hace una revisión histórica para recordar algunas de las películas que en su momento fueron nominadas en la categoría de Mejor película, pero que en la actualidad han sido olvidadas.
Alibi
Dir. Roland West, 1929.
Chick Williams desea vengarse de quien lo envió a prisión, así cuando recupera su libertad retorna a su antigua banda para planear el crimen. Invita a la hija de un policía al cine y mientras están en plena función se escabulle, comete el asesinato, regresando con la chica y convirtiéndola en su coartada. El tiempo no ha sido amable con el estilo educado, aunque Chester Morris fue nominado como mejor actor por su actuación. El director Roland West se destacó por sus efectos visuales experimentales y le sacó provecho al decorado de sombras expresionistas de William Cameron Menzies, también nominado.

Smilin’ Through
Dir. Sidney Franklin, 1932.
John ha llevado una vida solitaria durante treinta años desde la muerte de Moonyeen Clara. Pero ahora Owens, un amigo cercano, insiste en que cuide de su sobrina, Kathleen, huérfana desde que sus padres se perdieron en el mar. Los años pasan, y la niña Kathleen se convierte en una bella joven que es la viva imagen de Moonyeen... Lujosa producción del famoso productor Irving Thalberg, en persona, para mayor gloria de su esposa, la ya en aquel momento "star" del estudio Norma Shearer.
One Night of Love
Dir. Victor Schertzinger, 1934.
Mary quiere convertirse en cantante de ópera y empieza a recibir clases del maestro Guilio Monteverdi. Poco a poco ambos comienzan a enamorarse. A pesar de ganar el primer Oscar a la mejor música y ganar nominaciones para Grace Moore y el director Victor Schertzinger, este filme ligero sobre una aspirante a diva seducida por su exigente entrenador vocal no ha sido recordado, quizá, por su mediana mediocridad que ahora es demasiado evidente.
One Foot in Heaven
Dir. Irving Rapper, 1941.
Un pastor protestante y su esposa crían a una familia a través de años de desafíos en la parroquia de un pequeño pueblo. La razón del éxito de este drama fue la combinación de la acogedora domesticidad y el sentimentalismo espiritual. Fredric March es excelente en su desempeño, pero su mensaje moral ha tenido menos participantes en épocas más seculares y consumistas.
Wake Island
Dir. John Farrow, 1942.
En 1941, un heroico grupo de soldados norteamericanos instalados en una base de abastecimiento de una isla del Pacífico rechaza los constantes ataques de las tropas enemigas. Dentro del grupo destaca la camaradería y la lealtad de los soldados Joe Doyle y Smocksie Randall, así como el talante comprensivo del comandante Caton. El filme bélico de John Farrow es uno de los primeros ejemplos de cómo la Academia se interesó en una serie de filmes patriotas que exaltaban el valor y sacrificio de los combatientes.
Decision before Dawn
Dir. Anatole Litvak, 1951.
Un prisionero de guerra alemán es enviado de regreso a su país, acompañado por un oficial norteamericano, para cumplir una arriesgada misión de espionaje. Además de su significado sociopolítico innegable, este trabajo –filmado en un estilo documental en medio de los escombros de la posguerra– es un tratado serio sobre la moralidad del patriotismo.
Fanny
Dir. Joshua Logan, 1961.
Fanny (Leslie Caron), una atractiva muchacha, es abandonada por Marius, un joven marinero deseoso de conocer mundo que ignora que ella está embarazada. La chica, empujada por las circunstancias, acaba casándose con un hombre cuarenta años mayor que ella. Algunos años después, Marius regresa. Se basa en la obra homónima de Broadway, que, a su vez, se inspira en la última parte de una trilogía de Marcel Pagnol. Obtuvo 5 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película, aunque no se llevó ningún premio.
America, America
Dir. Elia Kazan, 1963.
Stavros es un joven griego cuya única obsesión es llegar a los Estados Unidos de América. El primer paso será ir a Constantinopla para conseguir las 110 libras turcas que necesita para comprar el pasaje, toda una fortuna para un chico como él. Dada la situación actual de la crisis migratoria mundial, es sorprendente que la película más personal de Elia Kazan no sea mucho más conocida.
A Thousand Clowns
Dir. Herb Gardner, 1965.
Cansado de convencionalismos y ataduras, Murray Burns, iconoclasta escritor, deja su empleo como guionista de un programa infantil y se refugia en su apartamento donde convive con su sobrino Nick, de nueve años. Hace siete que su hermana se marchó y dejó al niño con él. Sin oficio ni beneficio, los servicios sociales deciden encargarse de Nick y una pareja de asistentes sociales, Sandra y Albert, se personan en casa de Murray. Surge entre él y Sandra una especial relación. Albert, estricto profesional, aconseja a su compañera dejar el caso y prosigue con las diligencias para buscar otro hogar al niño. Sandra convencerá a Murray de que busque un empleo para conservar a su sobrino.
Sounder
Dir. Martin Ritt, 1972.
La primera película en tener a sus dos estrellas afroamericanas nominadas a los Oscar debería ser más conocida. Pero esta historia sobre la crisis que vive una familia negra de granjeros en la época de la Gran Depresión, fue tachada de vender el sentimentalismo liberal condescendiente al describir cómo el joven (Kevin Hooks) aprende el valor de una educación mientras ayuda a la madre (Cicely Tyson) a sobrevivir a las vicisitudes después de que su esposo (Paul Winfield) es condenado a un año de trabajo duro por robar comida. Las buenas intenciones son evidentes, pero impiden la autenticidad.
Fuente: British Film Institute