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5 lecciones de cine a partir de la obra de Chantal Akerman
Publicado el 17 - Nov - 2015
 
 
La intuición, la inspiración, el tiempo y la independencia; elementos fundamentales en el cine de Chantal Akerman. - ENFILME.COM
 
 
 

Directores como Todd Haynes, Sally Potter y Michael Haneke han señalado a Chantal Akerman (1950-2015) como una gran influencia en su obra. El crítico estadounidense, J. Hoberman, en su momento la comparó con Godard y Rainer Werner Fassbinder, al señalar que Akerman “es posiblemente la directora europea más importante de su generación”. Desde el principio de su carrera, Akerman decidió explorar los modos en que la violencia irrumpe y estalla dentro de la esfera de lo cotidiano. Su primera película, Saute Ma Ville (1968), consiste en 13 minutos filmados en blanco y negro al interior de su departamento; una mujer que decide aislarse del mundo exterior para resguardarse en su espacio íntimo para plantear el caos interno de la protagonista y un cruel desenlace.

Elementos como la angustia y la alienación impregnan las películas de Akerman; ella trató de liberarse de las narrativas lineales y las explicaciones fáciles y directas, tanto en sus ensayos cinematográficos como en su trabajo documental. Hija de padres judíos, el trauma generacional del Holocausto fue un tema persistente, aunque tratado de manera muy sutil, casi por debajo de la superficie. En las últimas décadas, ella volvió a explorar su propia identidad y sus orígenes judíos. Su última película, No Home Movie (2015), estrenada este año en el Festival de Cine de Locarno, capturó largas conversaciones entre la cineasta y su madre enferma, Natalia, sobreviviente de Auschwitz, que murió en 2014. El filme retrata la incapacidad de una anciana para hablar de aquellas traumáticas experiencias en el campo de exterminio; en una entrevista para The Times, Akerman expresó: “Creo que si hubiera conocido los resultados, no me hubiera atrevido a hacer esta película”.

Durante su larga trayectoria, Akerman exploró el concepto de “variación” en sus formas audiovisuales preferidas, desde sus primeros cortos de finales de 1960 y la inmersión en la escena vanguardista de Nueva York de los años setenta, a través de una narrativa audaz que significaba todo un reto para el espectador. Además de explorar el terreno de la ficción desde una propuesta metareflexiva y autorreferencial, Akerman incursionó constantemente en el terreno del documental y diversificó sus propuestas audiovisuales cuando, a partir de la década de 1990, comenzó a trabajar en instalaciones al interior de museos y galerías.

Para recordar las contribuciones de Chantal Akerman, el sitio No Film School propone 5 lecciones a partir de su vasta trayectoria:

 

1. A veces, la intuición –no el intelecto– hace mejores películas

Akerman fue muy franca sobre cómo su proceso no era uno que estaba previsto, lleno fórmulas o basado en el intelecto. Ella ha explicado con gran detalle cómo tomaba sus decisiones, cómo ejecutaba las ediciones basándose en su propia intuición y la sincronización interna. De hecho, Akerman tenía dificultades para responder aquellas preguntas que indagaban sobre su proceso creativo y enfoque: “¿Cómo se puede explicar un sentimiento”, decía la cineasta, “simplemente tengo que confiar en mí, nada más eso, confiar”:

Cuando hago el corte, siento y digo: “Aquí”. Sin mayores razones ni explicaciones; quizá es un sinsentido, pero así lo hago, sólo sintiendo. Siento que es el tiempo adecuado para cada toma, pero esto no atraviesa ningún motivo racional. No puedo explicar por qué es lo correcto, pero sé que lo es.

En varias ocasiones, Akerman declaró que a ella le gusta “sentir” a la persona que hizo la película. “Eso es una verdadera teoría”, dice, “un enfoque formulista de cine no provoca ningún sentimiento”. Imaginar que las películas fueron hechas por una máquina mediante una serie de fórmulas, decisiones intelectualizadas, implicaban replicaciones y repetciones que podrían verse en miles de películas, pero cuando en un filme se siente “la mano y el corazón” del director, entonces se trata de una propuesta única.

 

2. No eres demasiado joven para hacer una película

Cuando hablamos de prodigios del cine y jóvenes realizadores, inmediatamente se piensa en Orson Welles, que a los 25 años realizó su magnum opus, Citizen Kane. Sin embargo, Akerman tenía 24 años cuando elaboró su innovadora Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), un filme que no sólo desafió las convenciones narrativas y técnicas, sino que las abordó con una experiencia y elegancia inusual en los jóvenes artistas. La película retrata a una ama de casa en tiempo real a lo largo de más de tres horas mientras se prepara la comida, hace las tareas del hogar, y recibe a sus clientes que le pagan por tener relaciones sexuales. En esta película, la repetición minimalista se acumula en silencio para desembocar en un traumático clímax.

 

3. El marco es un espejo

Si tenemos en cuenta que el cine es la representación del tiempo y el espacio, entonces no se puede hablar de ello sin hablar de las contribuciones de Akerman a la forma de esta manifestación artística. En la siguiente entrevista, ella describe la experiencia de los prolongados planos de Jeanne Dielman, y la importancia de la mirada que, en muchas ocasiones puede despertar incomodidad en los espectadores debido a la larga duración de la toma. En este sentido, el tiempo es una pieza fundamental en el proceso de identificación; si el espectador es paciente y sumerge su mirada al interior del cuadro, el filme funciona como un espejo, donde el público puede verse a sí mismo lidiando con sus propias batallas personales. Si sus películas son difíciles de ver, no se debe a fallas técnicas o narrativas en su cine, sino a las grietas emocionales que comienzan a desprenderse dentro de nosotros mismos.

 

4. Nadie nace para ser un director de cine; nacimos para ser inspirados

A los 15, Akerman decidió que quería ser directora de cine después de ver de Pierrot le fou (1965) de Jean-Luc Godard. Según ella, “el cine da vida al potencial artístico del cine, debido a que el cine recuerda su primer amor, la literatura”.

Recuerdo haber visto una sola toma de Jules et Jim y pensé: “Hay algo en esa toma que tiene un efecto en mí”.  Y más tarde, ese mismo año, vi Pierrot le fou y dije: “Eso es todo. Quiero hacer películas como esas”. Cuando tenía 22, sentí que me estaba tardando para hacer cine. Pero me di cuenta de que no importa si la inspiración te golpea a los 15, 22 o 99 años.

 

5. La independencia, un elemento clave en el cine

Después de pasar tres meses estudiando cine en el Institut National Supérieur des Arts du Spectacle et des Techniques de Diffusion, en Bélgica, Akerman decidió darse de baja de la escuela para comenzar a hacer películas. Ella fue una gran defensora de los cineastas que aprenden mediante la práctica, durante la vida cotidiana y no al interior de un salón de clases. Y no sólo fue una desertora de la escuela de cine, ella era un cineasta independiente. Akerman detalla las complicaciones que tenía para obtener recursos y realizar películas fuera del sistema de los estudios; la cineasta comparte algunas experiencias, incluyendo el robo de dinero mientras trabajaba en un cine porno gay para financiar sus películas.

LFG (@luisfer_crimi)

Fuente: No Film School

 
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