#59Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional: Imperdibles - ENFILME.COM
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#59Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional: Imperdibles
Publicado el 17 - Nov - 2015
 
 
Todas tienen lo suyo, pero ¿cuáles son las imperdibles de la #59Muestra? - ENFILME.COM
 
 
 

Del 6 al 23 de noviembre de 2015

Como cada año, presentamos una lista de imperdibles de la 59 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.

Las elegidas

Dir. David Pablos,  México/Francia, 2015.

-Aún no ha sido valorada-

 

Mustang: belleza salvaje

Mustang, Dir. Deniz Gamze Ergüven, Turquía/Francia/Qatar, 2015.

-Aún no ha sido valorada-

 

Saint Laurent

Dir. Bertrand Bonello,  Francia/Bélgica, 2014.

★★1/2

En Saint Laurent (2014), el realizador francés, Bertrand Bonello, propone el repaso de la vida del famoso diseñador de moda, Yves Saint Laurent, a lo largo de una década que abarca finales de los sesenta y gran parte de los años setenta. El filme se centra en el diseñador francés (Gaspard Ulliel), en sus fragilidades hedonistas, decadentes y autodestructivas. Al tratarse de una biopic no autorizada por el amante y socio de Yves, Pierre Bergé, Bonello intenta desacralizar a su objeto de representación para aproximarse a él desde una mirada fría y distante, pero que en varios momentos parece caer embelesado ante el estado de intoxicación entumecida de Yves. El filme no muestra la lucha del hombre para llegar a donde llegó, pero en cambio, Bonello pretende abordar los traumas internos del personaje desde un complejo cuestionamiento: ¿Qué hacer después de haber llegado a la cúspide? La predilección de Yves por la bebida, los medicamentos, las drogas y las relaciones turbias y peligrosas con otros hombres, especialmente con Jacques (Louis Garrel), conforman el tejido de un talentoso personaje, cuyo éxito temprano lo conduce a una vida de aburrimiento y depresión. En ese tortuoso y retorcido trayecto, Yves es ayudado por las costureras de su taller, su fiel y devoto compañero de toda la vida (Jérémie Renier), las modelos que rápidamente se convierten en sus musas, Loulou (Léa Seydoux) y Betty (Aymeline Valade). El diseño de las vestimentas y la confección de las prendas llena de movimientos y colores la pantalla durante gran parte del filme; un recurso que busca deleitar la pupila del espectador, pero que, al prolongarse, causa cierto letargo en aquel sector del público poco interesado en el mundo de la moda y sus texturas superficiales

LFG (@luisfer_crimi)

 

Carneros

Hrútar, Dir. Grímur Hákonarson, Islandia/Dinamarca, 2015.

★★★★

En los extensos prados de Islandia, habita Gummi (Sigurður Sigurjónsson), un solitario criador de ovejas que siente un enorme cariño y afecto por su rebaño. A varios metros de distancia, vive su vecino y hermano mayor, Kiddi (Theodor Júlíusson), quien comparte su fascinación por los carneros y tiene su propio establo para cuidarlos; sin embargo, ambos llevan cuarenta años sin dirigirse la palabra. Cuando un brote de tembladera –una enfermedad incurable que daña el cerebro y la médula espinal de las ovejas– condena la masacre de los rebaños, los hermanos deben esforzarse por hacer un frente común y buscar la manera de salvar a sus animales. Los atractivos paisajes de la isla de fuego y hielo conforman el escenario donde, lo que comienza como una excéntrica comedia sobre la cría de ovejas –incluido un concurso de belleza de carneros– se convierte en un relato áspero sobre la rivalidad familiar y los celos entre hermanos. El filme es una sutil representación de la soledad humana y las dificultades de los individuos para crear conexiones, incluso con sus propios hermanos. El director, Grímur Hákonarson (A Pure Heart, 2012), con su ojo vigilante, captura la actividad de aquellos pueblos remotos que conforman un microcosmos rural donde los hombres sacrifican todo por su ganado. A pesar del semblante estoico de los protagonistas –hombres barbudos que recuerdan a los temibles vikingos–, los personajes poseen, muy en su interior, un afecto por el otro, y buscan sanar sus heridas internas. Sin decorar su filme mediante una contemplación pasiva de los bellos escenarios, Hákonarson enmarca los rostros en primeros planos para aproximarse los ejercicios de reflexión interna que llevan a cabo los personajes, y recurre a los planos abiertos para insertar momentos de simpatía e ingenio irónico que viven en su cotidianidad los personajes. Las melodías elegiacas de la banda sonora se integran congruentemente a las inclemencias del clima que se vive en lo alto de las montañas, una zona gélida que contrasta con el calor humano que desean recuperar los hermanos de Carneros.

LFG (@luisfer_crimi)

 

Nuestra pequeña hermana

Umimachi Diary, Dir. Hirokazu Koreeda, Japón, 2015.

★★★1/2

Basado en la novela gráfica de Akimi Yoshida, Umimachi Diary (2015), el más reciente filme del realizador japonés, Hirokazu Koreeda, narra la historia de tres hermanas (Sachi, Yoshino y Chika) que viven juntas en Kamakura. El sentido del deber y la lealtad las motiva a asistir al funeral de su padre, que las abandonó 15 años atrás. Ahí conocen a su media hermana, Suzu, una pequeña de 13 años. Por mutuo acuerdo, las hermanas le dan la bienvenida a la nueva integrante de la familia. El filme destaca porque se atreve a mostrar un tema que muchas veces, en el cine de autor, es denostado y poco abordado: la ternura. Umimachi Diary es una propuesta honesta, llena de afecto y que no necesita esconderse en la esfera de las ambigüedades para retratar las dinámicas de la dulzura y cariño familiar que se desprende en las cuatro hermanas. Una vez más, el foco de la película gira en torno a las relaciones familiares, piedra angular en varios de los relatos de Koreeda como Nobody Knows (2004), Still Walking (2008) y Like Father, Like Son (2013); en este caso, el filme cuestiona la figura de los padres ausentes y la manera en que existe una degradación de la crianza de los hijos. El director evita caer en terrenos ásperos y opta por la complacencia como el hilo conductor de la trama; sin embargo destaca la naturalidad de su mirada que desemboca en un filme armónico donde se percibe un pequeño dolor que brilla cuando se plantea la manera en que el ser humano necesita del afecto familiar. 

LFG (@luisfer_crimi)

 

Murieron por encima de sus posibilidades

Dir. Isaki Lacuesta, España, 2014.

★★1/2

Europa lleva varios años empantanada en una severa crisis económica que ha afectado, principalmente, a los países que fueron más irresponsables en el manejo de sus finanzas. De entre ellos, destaca el caso de España: después de progresar y modernizarse, creyó e hizo creer (sus gobernantes, claro) a sus ciudadanos que, incluso sin tener capacidad adquisitiva, era posible gastar, comprar y endeudarse sin freno. La gente lo puso en práctica y el país lleva años asfixiado por el desempleo, la falta de crecimiento y el caos social. Murieron por encima de sus posibilidades es un nítido intento por canalizar toda la frustración e impotencia que los realizadores (como voceros de una vasta capa de la sociedad) sienten ante lo dramática e incorregible que parece ser la situación de su país (y de otros muchos más).

En el filme la acción no se sitúa precisamente en España sino en un lugar indeterminado que, eh, claramente es España. A partir de una serie de viñetas cómicas, Isaki Lacuesta (un director previamente más emparentado con el documental) intenta armar una válvula de escape a todo ese resentimiento e ira contenidos a través del humor negro, muy al estilo de lo que hizo Damián Szifrón en Relatos salvajes (2014). En cada episodio un hombre es llevado por otro (u otra, por el sistema en conjunto) a exceder el grado de tolerancia y juicio para el que su humanidad está capacitada, y su explosión (cada una de ellas, incluso una no voluntaria, sino hija de la torpeza) desembocan en el confinamiento de todos los nuevos criminales en un manicomio desde donde intentarán montar un plan de venganza contra las cabezas visibles y simbólicas del capitalismo atroz e inmisericorde, culpable de todos los males del mundo. El director describe su filme como “una comedia punk” pero, aunque intenta ser corrosivo, su humor es repetidamente soso, bobalicón, por lo general carente del ritmo que las secuencias exigían e incluso ingenuo; y su abordaje de la sátira lo hace desde una interpretación entre inocente y simplista de la realidad, por lo que punk no es, y lo cómico no termina de cuajar pese a lo atractivo del concepto, lo ingenioso de algunas ideas aisladas y de las buenas intenciones de los creadores; mismas de las que, por cierto, está lleno el infierno.

AFD (@SirPon)


 

IMPERDIBLE: Mi Madre

Mia Madre, Dir. Nanni Moretti, Italia/Francia, 2015.

★★★★1/2

Margherita (Margherita Buy), una consagrada directora de cine, atraviesa por todas las crisis posibles: acaba de separarse de su pareja, el protagonista de la película que está filmando es un dolor de cabeza, su hija adolescente a su vez se tambalea por duros senderos de la adolescencia que su progenitora no imagina y, lo peor de todo, su madre, la abuela, está muriendo en el hospital. El italiano Nanni Moretti (que además de dirigir, actúa como el hermano de Margherita) da una estocada sobre lo inevitable que es la vida y lo poco preparados que estamos para la muerte de quienes amamos. El golpe lo da el director con gracia, mezclando humor con cotidianidad con sueños con recuerdos con culpa con cuartos de hospital con caos en el set de filmación con frustraciones con momentos de amor, es decir, inserta un fragmento de la vida en el cine. Margherita quisiera que el mundo se pausara frente a la enfermedad que tiene a su madre postrada en una cama de hospital, pero la vida sigue, el sol continúa saliendo todos los días, sus ambiciones permanecen aunque ya no las entienda bien del todo, al igual que su carácter mandón y poco tolerante. Es la pulsión de vida que no se avergüenza frente a la muerte ni al dolor ajeno aunque quisiéramos que así fuera. Mia madre es la madre de todos, es la madre que se irá dejándonos desolados frente al monstruo en el que decidimos convertirnos cuando, al rebelarnos contra lo que habíamos sido siempre no hicimos más que repetirnos.

SOR (@SofOchoa)

 

IMPERDIBLE: El club

Dir. Pablo Larraín, Chile, 2015.

★★★★1/2

Pablo Larraín lleva varios años demostrando ser uno de los realizadores latinoamericanos más talentosos de la actualidad; es más, eliminando ‘latinoamericanos’, la sentencia es igualmente verdadera. Después del grado de redondez alcanzado en sus filmes sobre la época pinochetista, Tony Manero (2008) y Post Mortem (2010) (auténticas piezas autorales con fondo y forma idiosincrásicos e integrados en armonía), No (2010), que cerró lo que se puede considerar una trilogía, fue una película que pese a sus innegables virtudes, fue un proyecto más ligero, complaciente, un guiño a Hollywood y la forma en que ahí hacen películas. El club (2015) es un retorno a lo que, parece, mejor sabe hacer: cine incisivo, que revisa situaciones complejas en las que intervienen personalidades que también lo son. Y desde la forma visual que lo ataja, declara que no habrá concesiones, ni linduras para con el público; y, sin embargo, ha facturado un filme que visualmente es muy atractivo pero, más importante, que maneja los tiempos narrativos con maestría y el despliegue de una trama llena de espinas con el mayor celo, madurez y severidad.

Cuatro sacerdotes entrados en años, entre ellos el Padre Vidal (Alfredo Castro, piedra angular de los filmes de Larraín) habitan una casa en La Boca, una permanentemente gris costa chilena. Con ellos vive la Hermana Mónica (Antonia Zegers, hasta hace poco esposa de Larraín), quien cuida de ellos, pero también de que observen su penitencia. Los cinco están ‘retirados’. Cada uno carga con un pasado que lo carcome. Todos buscan redención desde la obediencia, aunque un poco de flexibilidad ayuda. Hacen oración, pero también beben (uno más que los otros) y encuentran particular satisfacción en el entrenamiento de un galgo, al que ponen a competir, apuestas de por medio. Larraín se toma su tiempo (y el nuestro) para desvelar qué es lo que nos está contando, cuáles son los temas que irá explorando. Al principio nada es claro; todo ambiguo y nebuloso. Visualmente lo acentúa Larraín no sólo utilizando una paleta de colores grisácea, como el cielo desteñido que se impone sobre el mar, sino que utiliza un campo de visión apretado e incluso favorece los cuadros dominados por la penumbra y una especie de bruma que dificulta la visión en secciones del plano. Con gran destreza narrativa, paulatinamente va descubriendo rasgos personales, vicios, misterios, y cuando llega otro sacerdote a este exilio, y su pasado pederasta lo alcanza, se desata una tragedia que exige la presencia del Padre García (Marcelo Alonso), experto en resolver crisis. El joven religioso intentará resolver el enigma en el que parecen estar todos los habitantes de la casa involucrados, confrontándolos con sus espinosos pasados e imponiéndoles disciplina mientras, les advierte, para cuidar los intereses de la Iglesia, tendrá que cerrar esa casa. Las resistencias que enfrentará se irán agudizando al tiempo que su fe es puesta a prueba y su compromiso con la Iglesia desafiado. En esta magnífica historia contada en tono de fino thriller, Larraín es sumamente cuidadoso en no satanizar a nadie; elige (junto con sus coescritores, Guillermo Calderón y Daniel Villalobos), forjar personajes tridimensionales, víctimas de sus propios defectos, atrapados entre la divinidad a la que aspiran y la humanidad imperfecta que padecen, dentro de una institución en ocasiones atrapada en sus propias vacilaciones. Habrá ojos que quieran ver sentencias, pero las almas sosegadas lo que encontrarán en este formidable filme son, en realidad, serios cuestionamientos.

AFD (@SirPon)

 

Eisenstein en Guanajuato

Eisenstein in Guanajuato, Dir. Peter Greenaway, México/Holanda, 2015.

★★1/2

Eisenstein en Guanajuato o Einsenstein se revela sexualmente o los 10 días que sacudieron a Einsenstein, se vende como la anécdota sobre los 10 días que pasó el director soviético, Sergei Einsenstein, en Guanajuato, intentando filmar ¡Que viva México!, pero se entiende mejor si se le ve como la historia de un extranjero reprimido y extravagante que, sintiéndose cómodo y seducido por los usos y costumbres mexicanos, encuentra la atmósfera ideal para, a sus 33 años, abrirse a su guía, un profesor mestizo, y terminar aceptando físicamente su homosexualidad. Peter Greenaway crea una historia de amor, pasión y seducción entre dos hombres, pero también entre un hombre y un país. México lo acoge con los brazos abiertos y todas las comodidades dispuestas, tal como un país malinchista abraza a los europeos. Como acostumbra, el director mecla formatos, pietaje original de Eisenstein con pietaje elaborado con la intención de verse viejo, con filmación en Guanajuato, que es la prevalece a lo largo del filme. La ambientación de los años treinta está dada por el vestuario y las locaciones, los hermosos edificios coloniales guanajuatenses, pero cuando hay tomas abiertas de la ciudad, no se molesta en borrar los rastros de la modernidad, los cableados, los letreros de las tiendas, los tinacos. La película es tan desordenada –en sus aspiraciones, en su factura– que es difícil saber si esto fue una estrategia o solo falta de presupuesto o interés.

SOR (@SofOchoa)

 

Las montañas deben partir

Shan he gu ren, Dir.: Jia Zhang-ke, China/Francia/Japón, 2015.

-Aún no ha sido valorada-

 

3 corazones

3 coeurs, Dir.: Benoît Jacquot, Bélgica/Francia/Alemania, 2014.

-Aún no ha sido valorada-

 

45 años

45 Years, Dir. Andrew Haigh, Reino Unido, 2015.

-Aún no ha sido valorada-

 

IMPERDIBLE: Una paloma reflexiona sobre la existencia desde la rama de un árbol

En duva satt på en gren och funderade på tillvaron, Dir. Roy Andersson, Alemania/Suecia/Noruega/Francia, 2014.

★★★★1/2

 El filme mismo, mediante una leyenda, avisa al inicio que se trata de la tercera parte de una trilogía sobre la existencia humana. Las dos primeras partes, Songs From the Second Floor (2000), una obra maestra; y You, the Living (2007), seguían el distintivo estilo que el sueco Roy Andersson, su director, había concebido previamente en su cortometraje, World of Glory (1992): una colección de viñetas que parecen pinturas con vida, algunas interconectadas, que se desarrollan de manera individual y van avanzando paralelamente; en su evolución, con gracia y sutileza, van complementando el mundo que Andersson retrata: uno dominado por el absurdo en el que predominan el egoísmo, la falta de solidaridad, el desprecio por el otro y el propio sinsentido del que están colmados la mayoría de los instantes de la mayoría de los días que conforman la vida; cada cuadro, imbuido de mucho humor, pero del seco, del escandinavo. Todo lo anterior lo representa, formalmente, a partir de planos fijos (jamás, ni de chiste –valga la expresión en Andersson– mueve la cámara), el diseño de arte refleja un minimalismo muy sueco, no de Ikea, sí de protestantismo ascético, dominado por colores verde pardo y grises, con personajes embobados, aturdidos, como autómatas, algunos (los más afectados, avejentados o desahuciados, los muertos en vida) con remanentes de pintura blanca desustanciada, que no logran comunicarse, ni entenderse, ni encontrarse en este mundo hostil. Un hombre muere de un ataque intentando descorchar una botella de vino; otro, que ya ha pagado sus alimentos en un comedor de buffette muere y como herencia deja un plato de camarones y una cerveza; mientras una anciana, a punto de morir, quiere irse a la siguiente vida aferrada a su bolsa (con dinero y joyas), provocando un doble pesar en sus ya viejos hijos; esto, como preámbulo al deambular de dos desencantados vendedores de ridículas piezas para entretener, solitarios, patéticos, que van cargando con su frustración, melancolía e impotencia ante un mundo que ha cambiado sin que ellos se hayan percatado en qué momento ocurrió, y en su errar se cruzan, chocan o se espejean con otras figuras igual o más desamparadas. 

Mientras Peter Greenaway lleva años proclamando la muerte del cine, intentando convencernos de que su naturaleza es multimedia y solo así sobrevivirá, Roy Andersson ha labrado un estilo desde la sobriedad, el corrosivo ingenio y una extravagante capacidad para observar elementos tragicómicos en cada instante de la vida. Con Una paloma reflexiona sobre la existencia desde la rama de un árbol cierra un amplio ciclo de 12 años en los que ha pulido un discurso, una voz propia en el cine, una mirada, una postura sobre, sí, la existencia. Quizá por momentos parezca que este formato en forma de sketches cómicos podría estarse desgastando, con el peligro de convertirse en fórmula; algunos gags han ido perdiendo fuerza. Pero es más cierto que este filme se presenta como la consolidación de una propuesta que, dentro de la colección de planos fijos, oxigena las posibilidades expresivas del medio que mejor refleja la condición humana: el cine. 


 

Steve Jobs

Dir. Danny Boyle, Estados Unidos, 2015.

★★★★

Como en The Social Network –el retrato prematuro que David Fincher hizo del amo de Facebook, Mark Zuckerberg– en Steve Jobs, el guion, escrito en ambos casos por Aaron Sorkin, tiene un papel protagónico. En tres actos, todos tras bambalinas, todos antes de la presentación crucial de alguna de las computadoras de Steve Jobs (1984: la primera Macintosh; 1988: el carísimo cubo NeXT, de la compañía que en ese entonces fundó Jobs; 1998, la desktop que comenzaría la revolución de Apple, la iMac), se intenta dar respuesta al genio de Jobs. ¿Cómo es que él, precisamente él, y no Steve Wozniak o alguno de sus colaboradores, encabezó la conquista de Apple? Cada uno de los personajes sabe qué decir y cómo decirlo para que suene sarcástico, genial, punzante, determinante y definitorio. Esto le da un dinamismo a este thriller geek necesario para mantener la adrenalina fluyendo en un territorio, el de la computación, que podría ser muy árido narrativamente hablando. Pero esta impostada agilidad verbal despoja de verosimilitud a los hechos, como también lo hace el que los momentos cruciales en la vida de Jobs se concentren en estos tres episodios detrás de cámaras. Su vida se vuelve tan teatral como la de Birdman. Como suele suceder, pues, la principal virtud de la película es su mayor defecto. Al decidir alejarse de la realidad, se apuesta por el espectáculo que Danny Boyle sabe presentar con excelencia. Saca provecho de los escenarios, los hace lucir grandilocuentes incluso cuando solo son cuartos viejos, las actuaciones son puntuales, la música acelera el corazón. Pero se sacrifica la realidad, los momentos donde hay encrucijadas morales son revisados como pasado, desde la tranquilidad del éxito inminente. No hay momento alguno en que podamos olvidar que Steve Jobs es el Steve Jobs que hoy se cita en cualquier oficina de Silicon Valley. Es un retrato en tono épico de una figura en formación. 

SOR (@SofOchoa)

 

Para mayores informes consulta el sitio oficial de la 59 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional.

 

LFG (@luisfer_crimi)

Fuente: Cineteca Nacional

 
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