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CINE Y ARTE. La presencia de la muerte en el arte medieval y su influencia en ‘El séptimo sello’ de Ingmar Bergman
Publicado el 24 - Jun - 2016
 
 
La representación de la muerte en el arte medieval y su presencia en 'El séptimo sello' de Ingmar Bergman. - ENFILME.COM
 
 
 
por Luis Fernando Galván

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El séptimo sello (1957) se centra en un caballero medieval, Antonius Block (Max Von Sydow), que, en compañía de su escudero Jons (Gunnar Björnstrand), regresa a casa después de participar en Las Cruzadas para encontrar un mundo desintegrado bajo las garras de una terrible plaga. Antonius se reúne con la propia Muerte (Bengt Ekerot) y sostienen una partida de ajedrez, donde su alma forma parte de la apuesta. A medida que el juego avanza, la cruda realidad de un mundo invadido por la enfermedad y donde el fervor religioso es moneda corriente, la ausencia de Dios se hace evidente. Ingmar Bergman formula ese pesado cuestionamiento que todo el mundo probablemente se ha preguntado en algún momento: ¿Existe Dios? Tomando en cuenta la referencia bíblica que se desprende directamente del título, la película lanza cuestionamientos y configura una atmósfera de angustia y desesperación en torno al día del juicio final. Cuando Antonius decide retar a la Muerte al juego de ajedrez, sabe que es muy probable que perderá –y por lo tanto morirá–, pero la partida significa un breve respiro para que el caballero medieval tenga un par de horas más y así poder cuestionar los misterios de la existencia que le rodean. Algunos, como su escudero son agnósticos; otros, como los jugadores errantes (incluyendo Bibi Andersson), son creyentes.

El séptimo sello, Dir. Ingmar Bergman, 1957.

Para realizar este filme existencial, el realizador sueco estudió detalladamente las dinámicas cotidianas y las tradiciones de la Edad Media, específicamente los ambientes que se vivían en el norte de Europa durante el siglo XIV. Para configurar algunas de las imágenes más representativas de El séptimo sello, Bergman se inspiró directamente en varias piezas de arte medieval. El gusto por estas manifestaciones artísticas comenzó desde su infancia; así lo recuerda Bergman:

Como niño, a veces tenía permitido acompañar a mi padre cuando él viajaba a predicar en las pequeñas iglesias rurales en los alrededores de Estocolmo. [...] Mientras que el Padre predicaba en el púlpito, yo dedicaba mi atención y mi interés al misterioso mundo de la iglesia de los arcos bajos, los gruesos muros, el olor de la eternidad, la luz del sol que temblaba por encima de la vegetación más extraña de las pinturas medievales y figuras talladas en el techo y en las paredes. Había de todo lo que la imaginación de uno podría desear: ángeles, santos, profetas, dragones, demonios, seres humanos. Había animales muy aterradores: serpientes en el paraíso, Balaam, la ballena de Jonás, el águila de la Revelación. [...] En una trozo de madera estaba sentada la Muerte, jugando al ajedrez con los cruzados. Agarrando la rama de un árbol, estaba un hombre desnudo con los ojos fijos, mientras que por debajo del pie aparecía la Muerte acechando el contenido de su corazón. A través de suaves colinas la Muerte dirigió el baile final hacia las tierras oscuras.

-Birgitta Steene, Focus on The Seventh Seal. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1972.

En un principio, la película fue originalmente titulada El caballero y la muerte, y no es casualidad que este título recuerde el famoso El caballero, la muerte y el diablo (1513) de Alberto Durero. El grabado representa el estado de la virtud moral. El caballero debe montar con firmeza a través de un desfiladero oscuro, donde la Muerte cabalga un caballo pálido, mientras sostiene un reloj de arena como un recordatorio de la brevedad de la vida, y es seguido muy de cerca por un diablo que tiene hocico de cerdo. Como la encarnación de la virtud moral, el caballero, sin distracciones y fiel a su misión, sigue estoico en su camino.

 

El séptimo sello, Dir. Ingmar Bergman, 1957.

Alberto Durero, El caballero, la muerte y el diablo, 1513.

La Muerte llega a la Tierra para llevarse al caballero, pero éste, para posponer su muerte, le sugiere jugar una partida de ajedrez. Bergman y el cinefotógrafo, Gunnar Fischer, enmarcan la escena en una imagen que muestra a los dos sentados a ambos lados del tablero de ajedrez con un fondo que muestra la fusión –y separación- del mar y el cielo; se trata de un fondo atemporal que sugiere la universalidad de la situación: la cercanía con la muerte, la mortalidad del hombre.

 

El séptimo sello, Dir. Ingmar Bergman, 1957.

Esta secuencia está inspirada en una pintura mural elaborada por el artista medieval, Albert Målare (también conocido como Albertus Pictor), en 1485, que representa a la muerte en un juego de ajedrez. Arriba de los personajes hay una banderola –ahora ilegible– que tenía el texto “Jak spelar tik mat” (Jaque mate), obviamente las palabras son pronunciadas por la muerte al mismo tiempo que hace su movimiento final. El mural muestra al hombre como un joven noble junto a la Muerte como un esqueleto, es decir, la forma en que el hombre se encontrará a sí mismo inmediatamente después de que termine el juego. Las visualizaciones de dos etapas en la vida del hombre se confrontan frontalmente para dirigirse al espectador de manera directa y, por lo tanto, reflejan la voluntad del espectador a vivir, aunque su destino sea morir. En la película los dos jugadores de ajedrez se ven desde el lado; nos enfrentamos claramente con dos jugadores que luchan para vencer el uno al otro; aun así la lucha, como sabemos, está condenada de antemano: el rostro vivo del caballero será condenado a convertirse en un cráneo.

Albert Målare, La muerte jugando al ajedrez, 1485. Mural en la Iglesia de Täby, Diócesis de Estocolmo, Suecia.

Cerca del final de la película, la Muerte busca a seis de los personajes que forman parte del relato: el caballero, su esposa y su escudero, el herrero y su esposa, y una joven. En una de las imágenes más conocidas de Bergman, ellos son vistos en un bajo ángulo de un amplio plano abierto que, tomados de las manos encima de una colina, comienzan una danza en una larga fila y son guiados por la Muerte con su guadaña. Las figuras humanas se mueven como pequeñas criaturas en la zona fronteriza metafísica entre el cielo y la tierra. Como siluetas, los seis han sido privados de su individualidad viva para ser transformados en representantes muertos de la humanidad.

 

El séptimo sello, Dir. Ingmar Bergman, 1957.

La Edad Media fue una época de epidemias terribles que había matado a un gran número de personas. Una de las más grandes fue la epidemia de la peste en 1348, que aniquiló a dos tercios de la población de Europa. La gente pensaba constantemente en la inminencia de la muerte y la brevedad de la vida. La percepción de la muerte como la gran portadora de la guadaña que termina con las vidas de las personas data de aquella época. Pero también son concebidas múltiples ideas de la muerte materializadas en manifestaciones artísticas; dentro de esta rica iconografía de la muerte, la pintoresca danza fue constantemente repetida en varias regiones de Europa.

Janez iz Kastva, La danza de la muerte, 1490. Fresco gótico de la Iglesia de la Santa Trinidad en Hrastovlje, Eslovenia.

Elmelunde Master, El rey y el obispo en la danza de la muerte, 1500. Fresco de la Iglesia Nørre Alslev en Falster, Dinamarca.

Vincent de Kastav, La danza de la muerte, 1474. Fresco de la Iglesia de Santa María en Beram, Croacia.

 

TEXTOS CONSULTADOS:

Focus on The Seventh Seal, escrito por Birgitta Steene (1972).

- The Passion of Ingmar Bergman, escrito por Frank Gado (1986).

- Medieval Art in The Seventh Seal, escrito por Emma Robinson en "Cinema Scandinavia" (2014).

 
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