Ganadores de la 7ª edición del Costa Rica Festival Internacional de Cine #7CRFIC
El baile de la gacela
Dir. Iván Porras Meléndez, Costa Rica / México, 2018
★★★½
Después de guardar un minuto de silencio por uno de los miembros que acaba de fallecer, los Crepúsculos Dorados –un grupo de adultos mayores que se reúnen todos los domingos a bailar- comienzan su encuentro semanal. Eugenio (Marco Antonio Calvo Coronado) se abre paso entre los danzantes para bailar con Carmen (Vicky Montero), pero poco antes de que llegue a ella, otro hombre la saca a bailar. Por la decepción en su rostro, sabemos que no es el primer intento del hombre por acercarse a ella. Carmen busca ganar el primer lugar en una competencia de baile, pero su pareja decide renunciar. Eugenio toma esta oportunidad para bailar con ella, pero a medida que los ensayos avanzan, comprende que es necesario un compromiso mucho mayor con la danza que el simple hecho de querer salir con la mujer con la que baila. Para alcanzar el premio anhelado, Daniel (Patricio Arenas) -el coreógrafo-, los ayudará, llevándolos a salones donde diferentes ritmos se marcan y la fusión de los cuerpos crea una agradable armonía alrededor de la música.
En su primer largometraje Iván Porras consigue mostrar una faceta distinta en los adultos mayores, donde recintos de encuentro se convierten en un cultivo de nuevas propuestas e ideologías que ellos están dispuestos a realizar, rompiendo con ello la idea que se tiene sobre que los adultos mayores no están dispuestos al cambio. Con esta reinvindicación, el cineasta logra romper con fobias pero también deja ver grandes ápices de olvido, familias que se han alejado de ellos –con excepción de Marina (María José Callejas), la nieta de Eugenio- y que solo llegan a aparecer el día del funeral. El baile de la gacela tiene una precisión cómica que se enlaza con el desarrollo de personajes tan distintos y tan entrañables que la involucración con el filme es casi obligatoria.
EL (@elislimon)
Temblores
Dir. Jayro Bustamante, Francia / Guatemala / Luxemburgo, 2019
★★★★
El tráfico en la ciudad de Guatemala hace que Pablo (Juan Pablo Olyslager) llegue tarde a su casa. Al entrar finalmente a ella, encuentra a toda su familia esperándolo. Las miradas inquisidoras hacen que el hombre se oculte en su habitación. Un miembro de la servidumbre localiza las llaves y Eva (Mara Martínez), su hermana, entra para hablar con él. Le pregunta si en algún momento alguien lo tocó o si cuando eran niños le pasó algo. Pablo no responde, sin embargo la tierra comienza a vibrar y los habitantes de esa casa salen. Su madre, Cristina (Magnolia Morales), atribuye el temblor a una pena divina que Dios ha mandado para castigar a su hijo. Pablo no la escucha, sube a la camioneta y se dirige a buscar a sus hijos en la casa de la asistente doméstica. Los hijos abrazan al padre, pero Isa (Diane Bathen), su esposa, los arrebata de sus manos y le pide que los deje en paz. Ante el conflicto, Pablo va con Francisco (Mauricio Armas Zebadúa), su pareja, quien le consigue un departamento y lo apoya ante la ruptura con su familia. Sin embargo, Isa, le impide ver a sus hijos e incluso informa en su trabajo de su “conducta inapropiada”, lo que provoca su despido inminente. Francisco se convierte en su sostén emocional, pero no es suficiente, la ansiedad por todo aquello que perdió obliga a Pablo a reconsiderar insertarse en la comunidad que había dejado sin importar si con ello hace a un lado su identidad.
Temblores es un cuestionamiento sobre lo que el amor realmente significa. ¿Acaso es más importante la felicidad de otros que la propia? Y de ser así, ¿quién elige que la felicidad de alguien está por encima de la del otro? A partir de esta serie de preguntas, Jayro Bustamante muestra los obstáculos a los que se enfrenta un hombre de cuarenta años que ha vivido en una mentira idílica evitando la confrontación tanto de la familia como de la sociedad, ambos, nucleos intolerantes al cambio. Aunado a eso, el director también pone de manifiesto los cánones religiosos que fungen como un ancla extra que se cimienta en la vida del hombre y que no le permite una expresión completa de su identidad. Tanto ellos como la familia de Pablo, hace lo cree que es correcto por “amor” a él, pero esta suerte de amor enreversado que lo nulifica se contrapone con la idea libertaria que tiene Francisco, donde el amor crece apartir del reconocimiento de la propia identidad. Con la pulcritud que ya había demostrado desde su primer largometraje –Ixcanul (2015)-, Bustamante concibe personajes ricos en complejidad que brindan de amplios matices su segunda obra.
EL (@elislimon)
Blind Spot
Dir. Tuva Novotny, Noruega, 2018
★★★★
Tea (Nora Mathea Øien) termina su práctica de handball en un colegio de Oslo. Entra a los vestidores y se cambia. Camina por los pasillos con su amiga hablando de una imagen graciosa que acaba de encontrar en internet. Salen de la escuela y conversan -sobre las chicas populares, las tareas, la ropa- mientras se dirigen a sus hogares. Tea entra al departamento después de subir varios pisos y saluda a su madre, Maria (Pia Tjelta), que le pide que se prepare algo para cenar mientras ella acuesta a su hijo menor. Tea cena y ve la televisión, entra a su recámara y hace su tarea. Cuando María se ha asegurado de que su hijo se encuentre dormido, se dirige a la habitación de la chica, pero no hay ningún rastro de ella.
A partir de un plano secuencia de casi 100 minutos -que cuenta con un sinnúmero de locaciones-, Tuva Novotny consigue -con su primer película-, crear un ambiente de sofocante tensión que poco a poco devela aspectos que en un principio son dados por hecho pero que, al contrario, son los que dan el peso a la trama y a las decisiones de los personajes. Al igual que Russian Ark (2002), Blind Spot fue rodada sin ningún corte, destacando la proeza técnica que sólo les llevó tres intentos de filmación. El peso del filme cae en la excepcional interpretación de Tjelta, quien encarna la angustia de una madre que no consigue entender lo que está sucediendo a su alrededor.
EL (@elislimon)