Eisenstein y el difícil camino por América - ENFILME.COM
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Eisenstein y el difícil camino por América
Publicado el 21 - Nov - 2013
 
 
Proyectos fallidos en Estados Unidos, conflictos en Hollywood, interés en México y amistades con Charlie Chaplin, Upton Sinclair y Diego Rivera fueron algunas de las vivencias del soviético Sergei Eisenstein en E.U.A. y México. - ENFILME.COM
 
 
 

En 1929, el realizador soviético Sergei Eisenstein viajó con el fotógrafo Eduard Tisse por varias ciudades europeas. Berlín, Zúrich, Londres y París fueron algunos de los lugares que visitaron en búsqueda de oportunidades para realizar proyectos cinematográficos. En la capital francesa, el director de El acorazado Potemkin (1925) firmó un contrato con una productora norteamericana para realizar un filme en Hollywood. Aunque el gobierno soviético no estaba de acuerdo con la decisión del cineasta, la llegada del cine sonoro en 1927 motivó el interés de varias naciones en aprender sobre el desarrollo de los sistemas sonoros aplicados al cine, por lo que aprobaron la decisión de Eisenstein.

El plan original consistía en que el realizador ruso trabajaría seis meses en Hollywood, regresaría a su país para trabajar seis meses en un proyecto sonoro, y después volvería a E.U.A. para terminar el trabajo con la productora que lo había contratado. Antes de llegar a Hollywood, Eisenstein, durante 1930, pasó algunos días visitando ciudades como Nueva York, Chicago y Boston. En estos recorridos hizo lo posible por conocer y encontrarse con algunos de sus ‘héroes’: D.W. Griffith, King Vidor y Charlie Chaplin. Este último se convirtió en uno de sus grandes amigos, y no sólo platicaban de cine o compartían sus ideales políticos, sino que también se daban tiempo para jugar tenis.

Sergei Eisenstein y Charlie Chaplin jugando tenis en 1930.

Ya en Hollywood, Eisenstein propuso realizar Sutter’s Gold –adaptación de la novela homónima de Blaise Cendrars–, pero al estudio no le gustó el mensaje anticapitalista que buscaba el director ruso, así que rechazaron el proyecto. Su siguiente idea fue una versión de An American Tragedy de Theodore Dreiser. Eisenstein conoció a este autor en Rusia y se enamoró del libro: un historia trágica sobre un pobre hombre joven, cuya obsesión por pertenecer a una clase social más alta lo lleva a una completa destrucción. La compañía le dio el visto bueno para que comenzara a escribir el guión, sin embargo, surgieron nuevos roces debido a que Eisenstein insistía en usar gente normal (no actores), mientras que el estudio ponía como condición utilizar actores profesionales (estrellas del sistema). Además, una vez que el cineasta europeo presentó el guión, los productores se negaron a filmar aquello pues en lugar de ver la historia del joven vieron una perspectiva global de la injusticia social, cosa que no les agrado y terminaron rechazando el guión. Además de esas complicaciones, Frank Pease –que en aquel entonces era presidente del Instituto de Técnicos de Hollywood– inició una intensa campaña anticomunista en contra de Eisenstein. El estudio decidió cancelar  su contrato.

Eisenstein, que debía regresar a su país para poner en práctica las técnicas sonoras aprendidas en Hollywood, estaba con las manos vacías, y aunque en sus diarios nunca precisa el motivo por el cual decidió filmar una película en México, el deseaba conocer el país: "El Día de Muertos me condujo a México", dijo en alguna ocasión.

O posiblemente, fue la relación que mantuvo con Diego Rivera cuando el muralista mexicano ofreció una plática en Moscú en 1927: conversaron sobre el arte revolucionario y también contemplaron la posibilidad de realizar algo juntos en México. También, sostuvo varias pláticas con Robert Flaherty, quien en 1928 planeaba un proyecto al sur de E.U.A. titulado  Nanook del desierto, el documentalista norteamericano conoció México y le relató sus experiencias a Eisenstein, quien además, había leído en 1930 Idols Behind Altars –libro de la antropóloga e historiadora Anita Brenner sobre las cualidades de lo prehispánico que permitieron el florecimiento cultural mexicano a partir del movimiento revolucionario de 1910–. Una vez que se decidió, Eisenstein acudió con su amigo Chaplin en busca del financiamiento, éste lo contacto con el escritor Upton Sinclair, quien en un texto titulado Thunder Over Mexico escribió:

Mi esposa y yo conocimos a Eisenstein, y escuchamos su historia. Su propuesta es realizar un profundo viaje a la primitiva vida mexicana. Dice que puede realizar el proyecto en un lapso de tres a cuatro meses. Su premisa es “el filme será no-político; un filme político no podría hacerse en México y no podría ser exhibido en E.U.A.”. Después, señaló: “Yo le daré esta película a aquel que ponga el dinero. Lo único que quiero es el privilegio de hacerla”.

En diciembre de 1930, patrocinado por Sinclair, Eisenstein llegó a México para comenzar a capturar imágenes. A pesar de la afinidad superficial, el escritor estadounidense socialista y el director soviético tuvieron varios problemas y diferencias. El escritor, aunque valiente en sus esfuerzos políticos, era más convencional en su estética; un estilo que se aferró a las formas narrativas tradicionales, y en su vida diaria era ordenado y conservador. Eisenstein era impulsivo, liberal y poco práctico en sus asuntos cotidianos. La colaboración entre ambos, y sobre todo, con dinero de por medio, termino siendo un desastre que afectó a los dos artistas.

Finalmente ¡Que viva México! fue un proyecto inconcluso; el material original nunca fue montado por Eisenstein, y fue en la década de 1970 cuando Grigori Aleksandrov, a partir de los esbozos de Eisenstein, realizó un montaje aproximándose a lo que planteaba en un origen el realizador ruso.

Grigori Aleksandrov, Charlie Chaplin, Paulette Godard y Sergei Eisenstein en California.

 

LFG (@luisfer_crimi)

Fuente: CineScene

 
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