Entrevista: Juan Carlos Rulfo y Natalia Gil Torner hablan sobre ‘Carrière, 250 metros’ - ENFILME.COM
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Entrevista: Juan Carlos Rulfo y Natalia Gil Torner hablan sobre ‘Carrière, 250 metros’
Publicado el 02 - Oct - 2015
 
 
Los cineastas mexicanos comparten sus motivaciones para realizar un filme sobre Jean-Claude Carrière. - ENFILME.COM
 
 
 
por Luis Fernando Galván

Con motivo del estreno de Carrière, 250 metros (2011), un documental inspirado en el intelecto, la imaginación y sensibilidad del renombrado guionista francés, Jean-Claude Carrière –uno de los más cercanos colaboradores de Luis Buñuel, y que también trabajó con Volker Schlöndorff, Philip Kaufman, Peter Brook y Milos Forman, entre otros–, sostuvimos una conversación vía telefónica con los cineastas mexicanos, Juan Carlos Rulfo (En el hoyo, 2006; Los que se quedan, 2008) y Natalia Gil Torner (Tibet, un pueblo en el exilio, 2001; Llorando la hermosa vida, 2008), director y codirectora del filme, respectivamente. 

Ambos nos hablaron sobre cómo conocieron a Jean-Claude Carrière y cuáles fueron las motivaciones para desarrollar un filme sobre él; también ahondaron en el proceso de producción, en los mayores retos que implicó filmar en varios países como Francia, México, Estado Unidos, España, India e Irán; en la compleja tarea de edición y en sus respectivos roles de dirección.  Durante la plática surgieron temas como la memoria, los recuerdos y los vínculos que Carrière ha creado con personas y espacios a lo largo de su vida; la necesidad de viajar para descubrir y conocer, la importancia de los “lugares entrañables” (aquellos que Buñuel describía como contenedores de gratas y felices experiencias) y la observación como elemento clave en el proceso creativo del escritor.

 

Entrevista con Natalia Gil Torner

¿Cómo conociste a Jean-Claude Carrière y cómo concebiste la idea de hacer un documental sobre él?

Lo conocí hace más de 15 años en la India. Yo estaba haciendo un libro de fotografía sobre México y la India, y estaba buscando un escritor para que nos hiciera el texto porque Octavio Paz acababa de morir. Entonces, un amigo y yo hablamos de Jean-Claude; la verdad es que yo sabía poco de él. Mi amigo me dijo: “Mira Natalia, este hombre conoce la India como muy poca gente porque pasó 11 años escribiendo el Majabhárata, la obra de teatro, con Peter Brook. De ahí lo busqué, luego me reuní con él en París. Quedamos de vernos ahí, él escribió el texto para el libro de fotografía, y a raíz de eso nos hicimos muy buenos amigos y empezamos a colaborar en otros proyectos: hicimos un guión de ficción sobre la vida de una mujer en el siglo XIX. Y un día que estábamos en su casa de París, después de muchos años, me dijo que si le podía ayudar para hacer un documental sobre sus memorias. Se me ocurrió la idea de hacer un viaje a los siete lugares más importantes y fundacionales de su vida para que desde ahí le escribiera una carta a sus dos hijas: Kiara, que en aquel entonces tenía 8 años, e Iris, que en aquel momento tenía 47. Le gustó la idea y me dijo que si lograba levantar el proyecto lo empezaríamos lo más pronto posible. Vine a México, me reuní con Simón Bross, Alex García, Fernando y Billy Rovzar y les fascino; a los tres meses regresé con Jean-Claude para avisarle que sí lo haríamos.

¿Cómo elegiste a los colaboradores. Cómo fue, por ejemplo, que pensaste en Juan Carlos Rulfo?

En realidad yo pensaba dirigirlo sola, pero me dio un poco de miedo porque es una enorme responsabilidad. Me gustaba mucho el trabajo de Juan Carlos Rulfo; sentí que era una persona honesta y sensible, y sí fue como un volado porque no lo conocía, pero sí me gustaba su trabajo.

¿Cómo fue el trabajo con él? ¿Cómo decidieron las funciones de cada uno?

Francamente codirigir es muy difícil porque es como escribir un libro a cuatro manos. No fue fácil; de hecho la película cambió de nombre. Originalmente se llamaba 7 cartas, pero hubo una coyuntura donde decidimos cambiarle el nombre, pero porque nuestras visiones eran diferentes. A final de cuentas todo se desarrolló muy bien, pero no volvería a codirigir una película porque es muy complicado.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades y retos que se presentaron durante la realización del proyecto?

Por parte de Jean-Claude todo fue muy fácil; él es un ser muy sencillo, profundo y evolucionado. En términos de producción, el mayor reto era filmar en las calles, en Nueva York, por ejemplo. Había que pedir muchos permisos, teníamos que reunirnos con mucha gente, y yo me embaracé muy cerca del final de la filmación, y en ese sentido no me fue cómodo trabajar en un proyecto todo terreno en esa situación.

Hace algunos años, elaboraste un proyecto fotográfico con Graciela Iturbide, Sebastiao Salgado y Raghu Rai con la intención de crear vínculos y mostrar las similitudes entre India y México. ¿Encontraste en Jean-Claude Carrière la figura ideal para continuar explorando la cercanía cultural que ciudades distantes pueden llegar a tener entre sí?

Sí. Jean-Claude es una persona interesada en viajar y en ser un buen viajero. Entonces la profundidad con la que él ha logrado vincularse con países como la India o México es muy difícil encontrarla en otras personas; Jean-Claude vivió casi 11 años en la India, estuvo durante 20 años colaborando con Luis Buñuel y viniendo cada año a México. Creo que más que la vinculación o los paralelos, lo más interesante es la profundidad de las reflexiones de una persona que sabe observar y ser viajero. Y creo que de alguna manera, el viajero es capaz de mimetizarse con los lugares: observa y contempla en demasía. Siempre es un placer estar con él en viajes. Hemos estado juntos en India, en México, en el mundo maya, por ejemplo, en España cuando estuvimos en el rodaje de la película de Milos Forman, Los fantasmas de Goya, con Javier Bardem y Natalie Portman. Hay una parte de Jean Claude que se refiere al asombro por todo aquello que ve; puede estar en una mezquita o afuera con los mendigos, pero siempre observando, profundizando en la manera de contar historias.

En un momento del filme, Carrière cita a Luis Buñuel para hablar de los “lugares entrañables” como aquellos espacios que contienen los más gratos recuerdos. A nivel personal, ¿tú tienes algún “lugar entrañable”?

Para mí un parte aguas radical en mi vida fue Dharamsala, un pueblito al norte de la India, que es el lugar donde vive el Dalái Lama. Ahí he ido muchas veces durante 20 años. Ese lugar para mí es como visitar el otro lado del mundo, debido al contacto con los tibetanos; es un espacio donde me he sentido a salvo y donde la parte creativa se coloca, más que en la cabeza, en el corazón y me sirvió para poner en claro muchos pensamientos que muchas veces se nos olvidan cuando estamos inmersos en el mundo occidental.

¿En qué estás trabajando actualmente?

Voy a producir una película que está escribiendo mi esposo; él es un escritor y actor israelí que se llama Sammi Samir –participó en Ágora de Alejandro Amenábar-. El proyecto lo estoy trabajando con él y Daniel Gruener; lo queremos coproducir con el gobierno jordano y Jean-Claude. Es una historia que se sitúa hace 10 siglos sobre un alquimista árabe que está cansado del mundo y de los seres humanos. En el filme queremos plantear la grandeza del mundo árabe, esa grandeza que hoy en día parece estar vetada por culpa del horror del extremismo. También estoy rescatando un guión que ya tenemos terminado Jean-Claude y yo que se llama La serena, es una historia de ficción sobre una mujer del siglo XIX y el vínculo histórico entre México y Oriente.

 

Entrevista con Juan Carlos Rulfo

¿Cómo te involucraste en el proyecto?

Básicamente fue con una llamada que recibí de Natalia, que quería platicarme del proyecto. Éste sonaba muy ambicioso y seductor, porque muchos, quizá, habíamos escuchado el nombre de este señor, pero lo conocíamos muy poco, aunque Natalia ya tenía una amistad de muchos años con él. Después de una cita con Simón Bross –productor de la película- él me insistió en que me uniera al proyecto. Entonces conocí a Jean-Claude, para ver si ambos nos sentíamos cómodos, y al ver que esto ocurrió, decidí unirme al proyecto. Todo se desarrollo en un entorno muy amable, y el proyecto llegó justo en un momento donde yo necesitaba mucha retroalimentación. Estar con él fue como una masterclass de cine, de creatividad.

Las anécdotas, los recuerdos, las visitas de Carrière mostradas en el documental me recordaron la estructura de “Mi último suspiro” de Luis Buñuel. ¿Cómo es que decidieron hacer un documental sobre Carrière escrito hasta cierto punto, por él mismo? ¿Cómo intervino su papel de guionista en el armado y la filmación de la película?

Él en un principio lo que no quería es que el documental se convirtiera en eso. No quería generar esa comparación, pero inevitablemente el se estaba sumergiendo nuevamente en los temas de la memoria, con todas aquellas anécdotas que lo inspiraban en la vida y no dejaba de ser emotivo que cada vez que viajábamos a algún lugar se le movía el tapete. Él viaja mucho, sigue moviéndose por todo el mundo, pero al estar consciente de que los seguíamos con una cámara mientras él recordaba lugares y anécdotas, claro que se sentía conmovido. Esa atmósfera, y el estar a flor de piel, brinda una especie de nostalgia e inevitabilidad que da la vida. Él ya es una persona mayor que le cuesta trabajo caminar y que recuerda cómo fue su vida en ese punto, por supuesto que es fuerte. La gran ventaja es que lo tenemos en vida. Lo que sí es que de “último suspiro” no tiene nada; él tiene mucha energía, es un personaje sumamente vital que tiene muchas historias por contar y está nervioso por todo lo que todavía quiere hacer, sigue siendo un hombre muy activo, sin agotarse ni destruirse.

En la película da la impresión de que, como con cualquier vida, solo estamos viendo un fragmento de una larga, intensa y rica vida. ¿Cómo decidieron qué dejar dentro y fuera? ¿Cómo fue dada la estructura?

Aquí tengo que mencionar la participación de la editora, Valentina Leduc. Ella posee un gran talento y una gran virtud de poder seleccionar con muy buena objetividad las imágenes y también las palabras. Fue un proceso muy complejo porque al momento de colocar la voz en off de Jean-Claude con alguna imagen era peligroso, no cualquier texto podría estar ahí. Tenemos muchas horas de grabaciones de la voz de Jean-Claude leyendo sus cartas –que por cierto son mucho más extensas de lo que se muestran en la película–, pero la gran decisión de escoger qué fragmentos era bastante complejo. La selección de textos debía ayudar a que las imágenes influyeran muy suavemente en la narrativa del filme.

Tomando en cuenta tus películas anteriores, me da la impresión que has estado interesado en la fuerte conexión que existe entre las personas y los espacios que habitan y construyen. ¿A qué crees que se deba que Jean-Claude Carrière tenga la capacidad de crear fuertes vínculos con tantas ciudades y, a veces, tan distintas entre ellas mismas?

Creo que se debe a la gran curiosidad que él tiene. Los buenos contadores de historias siempre están buscando en el mundo qué historias contar. Y él es un contador de historias muy profesional. Y eso es algo que deliberadamente buscamos plasmar en la película: no se trataba de hablar de filosofía de vida, sino de cómo se crean las historias. No es una película que quiera plantear verdades sobre el amor, la vida o la muerte, sino que más bien es sobre cómo en el viaje de la vida puedes abrir los ojos para caminar, para llenarte de fuerza. El filme busca que el espectador comprenda lo que le ocurre a un escritor, a un contador de historias. Jean-Claude viaja mucho porque, a lo largo de la vida, ha creado vínculos muy fuertes con gente de todo el mundo; es polifacético en la amplia cantidad de personas y ciudades que conoce. Además de que es un hombre que siempre está interesado en conocer más y más no sólo sobre su propia disciplina.

¿Hasta qué punto el cine documental es una escritura que sirve para crear nuevas historias o recuperar historias del pasado?

Bueno, yo no lo llamaría cine documental, sino cine en general. El cine tiene la gran virtud de viajar en el tiempo, en el no-tiempo y en el espacio. Aunque realmente no hay tiempo, el espacio es lo que importa; el espacio puede ser aquel o el de más allá sin detenerte en una temporalidad y esa es la gran magia del cine. Puedes hacer lo que quieras; puedes viajar, puedes decidir qué esconder, qué contar, puedes moverte, puede no haber tiempo y que todo ocurra simultáneamente. Puedes inventar el tiempo e invitar al espectador a que te acompañe; las virtudes del “corte a” que tiene el cine son fantásticas. Aunque también es muy importante que el creador, escritor, guionista o director conozca de dónde provienen sus historias.

En un momento del filme, Carrière cita a Luis Buñuel para hablar de los “lugares entrañables” como aquellos espacios que contienen los más gratos recuerdos. A nivel personal, ¿tú tienes algún “lugar entrañable”?

Por supuesto. Además, esa es una declaración, una provocación de Carrière para decirnos a todos que debemos tener esos espacios entrañables porque de lo contrario no tendremos raíces. Nosotros estamos todo el tiempo tratando de echar raíces. Tratamos de echar raíces o no, pero tenemos que ser conscientes de si de verdad lo estamos haciendo. Lo que hace Jean-Claude es, de alguna manera, provocarnos esas cuestiones. Por ejemplo, yo tengo mi casa, mi pasado, como algo que es entrañable: tengo el rincón donde yo crecí, los paisajes que veía desde pequeño. Hay cosas que sé que tengo que volver a ver cada cierto tiempo para sentir que pertenezco a algún lugar. El sentido de pertenencia es algo indispensable, aunque hay muchas personas en el mundo que no lo tienen. Por ejemplo, en la película aparece la esposa de Jean-Claude, una mujer iraní a la que sacaron de su casa, le quitaron su tierra, le quitaron todo y ahora vive en Francia con él. Ella no puede volver a su país, bueno, sí puede regresar, pero sin reclamar aquello que le perteneció a su familia. Ella perdió la casa donde nació; Jean-Claude, en el filme, sabe que nació debajo de determinada ventana y que algún día lo enterrarán a 250 metros de donde nació. Esa claridad es de la que estoy hablando. Muy pocos tenemos esa claridad para saber donde empezamos y donde vamos a acabar porque lo que importa es reinar este centro, el centro que está entre estos dos lugares. Son como dos límites que ya tienes muy claro; es muy curioso tener la certidumbre de saber donde vas a terminar.

Después de convivir tanto y tan intensamente con Carrière, ¿cómo cambió tu visión de él? ¿Qué vínculos se despertaron entre ambos?

La verdad nunca me imaginé cómo sería él. Sí pensé que podría ser una persona de difícil acceso porque más de una vez escuché que se referían a él como una persona mítica. Esa sensación, de dar por hecho que uno está muy separado de los grandes cineastas o escritores y que nunca vas a estar con ellos, es un poco fea, pero cuando tienes la posibilidad de acercarte y ver que sí existen como personas de carne y hueso, que sufren, viven y sienten, que se enferman y que se angustian, pues es un alivio y más cuando descubres que se trata de una persona amable. Porque imagínate un intelectual, francés, de 70 años, cineasta, pues puede ser una serie de sinónimos para alguien bastante difícil y muy poco accesible. Y en él ocurrió todo lo contrario, todas esas imágenes se cayeron cuando lo conocí y más cuando lo traté.

¿En qué estás trabajando actualmente?

Se trata de un nuevo largometraje documental que tiene que ver con el futuro que, de alguna manera, está sustentado en la experiencia de Carrière. Es el camino obligado después de haber hecho está película; ahora yo estoy buscando en esos lugares entrañables, personajes que pertenecen a esos espacios. Es como seguir las huellas de alguien [Carrière] que me enseñó muchas cosas. Es un largometraje que finalmente tiene que ver con la infancia, con el niño que llevamos dentro y la búsqueda de sus juguetes, por decirlo de alguna manera. Sigo en planes de edición, con algunas dudas y confusiones, es decir, aún sigue incompleto, pero me mantiene inspirado.

'Carrière, 250 metros' estrena el 2 de octubre en la cartelera de México.

 
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