#FICG29 día 1: Gabrielle, de Louise Archambault, inaugura el festival - ENFILME.COM
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#FICG29 día 1: Gabrielle, de Louise Archambault, inaugura el festival
Publicado el 22 - Mar - 2014
 
 
Jim Sheridan, La última estación y Gabrielle, en el día 1 del FICG. - ENFILME.COM
 
 
 

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La última estación

Catalina Vergara y Cristian Soto, Chile, 2013.

Compitiendo en la Sección Oficial de Documental Iberoamericano se proyectó La última estación, codirigido por Catalina Vergara y Cristian Soto, de Chile. Qué fortuna haberlo visto, particularmente siendo el primer trabajo que vemos en ésta, la 29a. edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Desde los primeros planos del filme se aprecia el tono, la sensibilidad, las intenciones, la orientación de las reflexiones. Catalina y Cristian meten su cámara en varias casas para ancianos que, más que haber sido dejados por sus familias, en realidad son “botados”, como uno de los abuelos distingue. La mayoría de los viejos parecen no entender bien a bien qué hacen ahí, por qué es que los días, que cada vez les escasean más, tendrán que transcurrir en un abandono comunitario, sobrellevando lo que parece tornarse en el incómodo hábito de seguir vivos. Aunque dentro de su reclusión, del tedio en que se convierte ese duelo a matar o morir con el tiempo, los ancianos se aferran a cualquier cosa con tal de seguir viviendo. Sólo Dios sabe qué es lo que guardan sus cabezas, porque muy poco dicen. Recuerdos, quizá rencores, ideas que imaginan, afanes mínimos, y es evidente, todos comparten el anhelo de ser visitados, de vencer al olvido. Desgraciadamente, es ésa una batalla que tienen perdida. Les queda el refugio del sueño, que los descansa y que los protege de la triste realidad que cargan en sus débiles y frágiles figuras, y del letárgico tiempo que a pesar de agotarse parece expandir sus segundos para hacer más cruel el desenlace. Vergara y Soto están ahí, cerca, muy cerca de ellos, mientras la muerte se convierte en una enfermedad contagiosa, pero siempre evitan ser intrusivos; los acompañan, registran el agotamiento de sus miradas, el temblor de sus manos, el peso de su desesperanza, pero también la fe de que Dios, pronto, le tiene reservado algo mejor. Un viejo, con el don de la palabra y de la evocación, funge como locutor de una estación de radio que escuchan sus contemporáneos. Y sirve como hilo conductor a la historia. Con una vieja grabadora guarda sonidos en paisajes de postal (el rugido del mar, el soplido del viento en a la alta montaña, el canto de aves en un nebuloso lago –retratado en un hermoso tracking shot que parece salido de Angelopoulos) que comparte con sus oyentes, invitándolos a imaginar, a reflexionar, a recordar. Quizá sólo queda la espera en la vida de estos desdichados seres, pero este hermoso documental intuye un diálogo interno que los nutre y dignifica el cierre de su ciclo.

AFD (@SirPon)

 

Inauguración

Como cada año, la ceremonia de inauguración dedicó su espacio a rendir homenajes y entregar reconocimientos por largas trayectorias en el cine. En esta ocasión, se rindió homenaje póstumo a  Sara García. Las actrices Elpidia Carrillo y María Victoria recibieron sus respectivos Mayahueles de Plata en honor a sus carreras como actrices. El dublinés Jim Sheridan (My Left Food, 1988; In the Name of the Father, 1993), quien marcó los inicios de la carrera de Daniel Day-Lewis, también recibió su galardón. El evento estuvo marcado por la confusión derivada sobre todo por los traspiés de los traductores simultáneos y por la festiva personalidad de Louise Archambault, la directora del filme abridor del festival, Gabrielle, quien feliz de la coincidencias de que el nombre del traductor, Gabriel Martín, coincidiera con el de sus dos protagonistas, deleitada con sus esfuerzos por pronunciar GuadalaJARA, y ante los evidentes tropiezos del traductor, no hacía sino reír y hacer reír al público.

 

Gabrielle

Louise Archambault, Canadá, 2013 

La película inaugural fue una decisión acertada: Gabrielle, de la franco canadiense, Louise Archambault, es una comedia romántica clásica, dulce, que además de postrar sonrisas en los espectadores, permite que se admire –al menos desde México– las posibilidades y libertades que personas con algún retraso mental tienen en la provincia invitada de honor de este año del festival, Québec. Además,  la música (alegre y con sustancia social), es su columna vertebral, pues los dos protagonistas, ambos con discapacidad intelectual, Gabrielle (quien tanto en la realidad como en la película tiene el síndrome Williams, Gabrielle Marion-Rivard) y Martin (Alexandre Landry) se enamoran en un coro que se prepara para un gran concierto en el que acompañarán al famoso cantante quebequense (también real), Robert Charlebois. La relación de estos dos talentosos cantantes está marcada por el dilema al que se enfrentan sus madres sobre el respeto a su libertad –en específico, a su libertad para tener relaciones sexuales–, frente a la aprehensión derivada de su necesidad de protegerlos. Gabrielle tiene que lidiar y encontrar resolución a su desventaja intelectual y a su amor.

SOR (@SofOchoa)

 

 
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