La verdadera historia detrás de ‘Marguerite’ y ‘Florence Foster Jenkins’ - ENFILME.COM
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La verdadera historia detrás de ‘Marguerite’ y ‘Florence Foster Jenkins’
Publicado el 21 - Jun - 2016
 
 
Conoce la fascinante historia de ímpetu y la voz atroz de Florence Foster Jenkins. - ENFILME.COM
 
 
 
por Luis Fernando Galván

Conoce más verdaderas historias que inspiraron al cine

Dos filmes distintos (uno dirigido por Xavier Giannoli; el otro, por Stephen Frears) recuerdan la fascinante historia de ímpetu y la voz atroz de Florence Foster Jenkins, una mujer perteneciente a la alta sociedad estadounidense que en 1944 cantó en el Carnegie Hall “rompiéndole” los tímpanos a los asistentes con sus interpretaciones chirriantes de algunas destacadas arias como La venganza del infierno hierve en mi corazón (Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen), perteneciente a la ópera La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart.

En Marguerite (2015), Giannoli se inspira en la figura de Foster Jenkins para situar su relato en la ciudad de París en la década de 1920 y retratar a una mujer adinerada (Catherine Frot) que adora la música y la ópera, y se presenta regularmente frente a su círculo de amigos, pero nadie se atreve a decirle que canta espantoso. Por su parte, el cineasta inglés, Stephen Frears, elabora una biopic de Jenkins, protagonizada por Meryl Streep, para narrar cómo Florence heredó una fortuna de su padre para cumplir su sueño de estudiar ópera para convertirse en soprano, a pesar de su falta de talento.

Marguerite, Dir. Xavier Giannoli, 2015.

Giannoli y Frears se enfrentaron a las mismas preguntas centrales en torno a la figura de Jenkins: ¿Cómo describir a una mala cantante sin hacer que el público abandone la sala? ¿Cómo hacer una comedia que no se burle de su protagonista engañada por la crueldad y la poca honestidad de aquellos que viven a su alrededor? Las respuestas se encuentran en la sinceridad y la valentía de esta mujer. A continuación te presentamos la verdadera historia detrás de Marguerite y Florence Foster Jenkins.

 

Florence Foster Jenkins, Dir. Stephen Frears, 2016. 

 

Una voz poco privilegiada

Florence Foster Jenkins nació en Pennsylvania en 1868; desde muy pequeña tomó clases de música, pero de joven decidió abandonar su casa porque su padre se negó a pagarle sus estudios profesionales de ópera señalando que su voz no era agradable y jamás permitiría que ella cantara en público. Ahora, muchos podrían decir que el padre tenía toda la razón, pero, a veces, los que creemos que son los perdedores de la historia terminan triunfando. Cuando finalmente heredó dinero de su padre, después de algunos años difíciles en la enseñanza de la música, Florence construyó un círculo de admiradores a partir de los considerandos que dio para recaudar dinero en muchos eventos de caridad. Ella era la responsable de 12 clubes de mujeres y financió la creación del Club Verdi, institución que recaudaba dinero para apoyar a los jóvenes músicos y artistas.

Florence Foster Jenkins (1868-1944).

Casada con un rico industrial norteamericano, Florence se instaló en la sociedad de clase alta de Nueva York en 1912; “Madame” Jenkins obtuvo el divorcio ese mismo año, y el acuerdo resultante fue suficiente para que Jenkins viviera cómodamente y continuara apoyando los eventos para recaudar fondos de caridad, incluyendo galas nocturnas como “La bola de las alondras de plata”, que consistían en pequeñas presentaciones artísticas y de modelaje que al final concluían con una muestra de su canto. La gente de la alta sociedad asistía a los recitales de Jenkis y pacientemente soportaban la molestia auditiva; otros reían disimuladamente; y unos más le aplaudían hipócritamente. Ella era consciente de estas situaciones, pero tenía una visión miope y maravillosa respecto a la vida;  su extrema ingenuidad era capaz de bloquear las ofensas y las burlas.

La soprano estadounidense, Gina Pinnera (izquierda), recibe una medalla de oro del Club de Verdi, que Florence (derecha) fundó.

En 1938, Jenkins logró realizar unas grabaciones en el estudio Melotone en Nueva York, pero el material resultante sólo se distribuyó de forma privada a las amistades de la cantante. A los 76 años, Jenkins finalmente logró su sueño de actuar en el Carnegie Hall el 25 de octubre de 1944, pero esto puedo haber sido contraproducente, ya que existe el rumor de que aquí descubrió lo que verdaderamente pensaba su público acerca de su creación musical. Jenkins se desplomó y murió un mes después. Sus últimas palabras supuestamente fueron “debió de haber sido el pollo a la crema”.

Aria de Adele de la ópera El murciélago (Die Fledermaus) de Johann Strauss.

 

La pasión por la música

Su extraordinaria historia ha mantenido durante mucho tiempo una fascinación para los escritores, directores y músicos. Obras basadas en la vida de Florence incluyen las puestas en escena estadounidenses Precious Few y Souvenir, que se desarrollaron en Broadway; Goddess of Song, del dramaturgo sudafricano, Charles J Fourie; Viva La Diva, que se presentó en el Edinburgh Fringe; y Glorious!, de Peter Quilterwhich, que se estrenó en 2005 en el West End de Londres y fue nominado para el premio Olivier a la Mejor Comedia (desde entonces ha sido traducido a 27 idiomas y se ha presentado en más de 40 países en todo el mundo, tal es el carácter internacional de su apelación).

Este año se publicará la primera biografía completa de Foster Jenkins, escrita por Darryl W. Bullock, cuyo blog sobre música mala, inevitablemente, lo condujo a la figura de Florence.

La mayoría de la gente probablemente fue a verla con el fin de burlarse, pero es claro que muchas de esas personas quedaron cautivadas por su encanto y alegría que ponía de manifiesto en sus presentaciones. Florence amaba la música, y quería que los demás también se enamoraran de esta expresión artística. Ella era absolutamente sincera y muy buena persona: se dice que ella nunca tuvo una mala palabra o insulto hacia los demás. Muchos genuinamente la querían.

Eso es importante a destacar: su simpatía y su absoluta y auténtica pasión por la música que cantaba. “La idea de encontrar alegría en lo que estás haciendo es algo que todo el mundo puede entender”, dice Meryl Streep. La historia de Florence, por lo tanto, plantea cuestiones que deben resonar en cualquier persona que haya trabajado duro para hacer algo que verdaderamente ama; que haya intentado alguna vez convertirse a sí mismo en algo mejor, independientemente del nivel de talento que se tenga.

Florence durante uno de los recitales de 1937 frente a sus amigos.

Florence, como lo indica el ensayista e investigador musical Clemency Burton-Hill, es lo contrario de, por ejemplo, el talento de Susan Boyle. Basta recordar la audición de Boyle para Britain’s Got Talent; el público se rió burlonamente cuando ella anunció que tenía el sueño de cantar, mientras que los jueces tuvieron que sofocar la risa del público. Ella abrió la boca, asombró a todos, y su disco se convirtió en uno de los más populares de 2009. Pero la historia de Florence es sobre la confianza en sí mismo. Bullock señala:

Se trata de la idea de que cualquier persona puede alcanzar sus objetivos, siempre que crean en sí mismos. Obviamente ayudó que ella era enormemente rica, pero eso no lo es todo. Ella se sumergió completamente en su arte desde una edad muy joven: para ella la música era una vocación, no es algo que haya hecho por la fama. Al igual que todos los verdaderos artistas, se vio obligada a practicar su arte. Por supuesto, las personas se rieron de esta señora vieja y ridícula, de sus trajes ridículos y su terrible canto; en estos casos, el espectador puede llegar a sentir diversión por lo que el artista está ofreciendo o siente repulsión por la ineptitud del que está en el escenario. Con Florence, la mayoría de la gente ve la manera en que ella disfrutaba lo que hacía, y no la miseria de la representación en sí misma.

Bullock explica que la audiencia de Florencia por lo general se dividía entre las personas que verdaderamente se preocupaban por ella y le perdonaron sus excentricidades, las personas que asistieron para reírse de ella y otros que trataron el asunto como una especie de absurdo y pervertido cabaret.

La mayoría de sus actuaciones fueron entregados a “las audiencias del perdón”, es decir, sus amigos y músicos que ella patrocinó. La gente asistía para divertirse, pero no de manera rencorosa, al contrario, muchos de ellos estaban agradecidos con Florence. El espectáculo del Carnegie Hall fue su única actuación dirigida al público abierto y ocurrió en un momento (1944, en medio de la guerra) cuando la gente estaba desesperada por una risa y una distracción de los horrores de la vida real.

La realidad de su terrible voz se mantuvo en secreto durante décadas, hasta que decidió actuar en el Carnegie Hall y fue ampliamente ridiculizada por el público asistente.

 

Inspiración para el artista

Incluso aquellos que nunca escucharon a Florence en vivo están agradecidos por su legado, quizá de manera inesperada e inexplicable. El difunto David Bowie describió el LP homónimo de 1962 como uno de sus discos favoritos de todos los tiempos; lo calificó como “un material legendario que cambió mi vida”.

En última instancia, Florence es una inspiración para aquellos artistas que quieren crear –y crearán– a pesar de las críticas de los otros. Ella sabía lo que quería y sabía cómo conseguirlo. Florence se convirtió en una de las cantantes más famosas de su época y cosechó legiones de seguidores, incluyendo celebridades como Noël Coward. La fama de Florence, sin embargo, no descansaba sobre su talento musical, sino más bien lo contrario. Su asombrosamente mala voz y absoluta incapacidad –aparentemente sin su conocimiento– para interpretar correctamente la convirtieron en una leyenda del trabajo arduo para interpretar amorosamente las joyas de Mozart, Strauss y otros grandes compositores. Ha sido catalogada como “la peor cantante de ópera en el mundo”, pero lo más increíble de todo es que ella luchaba para crear una ilusión –y creer en ella– de que era realmente una gran artista que fue apoyada en gran parte por su segundo marido, St Clair Bayfield, a lo largo de su vida. Le encantaba lo que hacía y ella creía que estaba trayendo un gran placer para sus audiencias que, en cierto modo, la adoraban.

Su historia es del triunfo sobre la vergüenza. En todos estos programas del estilo Pop Idol, los “expertos” en el panel siempre están diciendo cosas como “sigue tu sueño”, pero en algún lugar en el pequeño rincón de su cabeza escuchan voces de aficionados que jamás lograrán convertirse en profesionales. A diferencia de muchos aspirantes, a Florence nunca le importó la crítica externa. Ella tenía lo necesario: voluntad, resistencia y confianza en sí misma para triunfar, incluso cuando éste logro llega 60 años después de su muerte con dos filmes que le rinden homenaje y reconocimiento.

Florence Foster Jenkins: A World of Her Own (2007) es un documental de Donald Collup que cuenta la trágica historia de vida de Florence Foster Jenkins, una mujer que, a pesar de la enfermedad y la ignorancia, se convirtió en un icono de las artes escénicas del siglo XX.  

 

TEXTOS CONSULTADOS:

- Souvenir: A Fantasia on the Life of Florence Foster Jenkins, escrito por Stephen Temperley (2006).

- The World's Worst Records: Volume One: An Arcade of Audio Atrocity, escrito por Darryl W. Bullock (2013).

- A History of the Oratorio: Vol. 4: The Oratorio in the Nineteenth and Twentieth Centuries, escrito por Howard E. Smither (2000).

 

OTRAS FUENTES:

- Biografía y discografía de Florence Foster Jenkins, por Dave Lewis en AllMusic.

- Meryl Streep Describes Her “Heartbreakingly Funny” Next Film Character, en Vanity Fair.

- Why Florence Foster Jenkis was the world’s worst singer, por Clemency Burton-Hill en BBC.

- Florence Foster Jenkins: How the world's worst singer sold out Carnegie Hall, por Clarisse Loughrey en The Independent.

 
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