Principios de la década de 1990: un momento en el que Quentin Tarantino, con la cara fresca pero ansioso, fue al Instituto Sundance para elaborar un guion en el que estaba trabajando, titulado Reservoir Dogs.
Como lo hacen en el Instituto, Tarantino se asoció con algunos cineastas más consumados, quienes, por supuesto, leyeron su trabajo, escucharon su discurso y le dieron notas. En esa ocasión, el joven director se asoció con Terry Gilliam. Y a partir de ahí, los dos entablaron una amistad increíble, con Gilliam recibiendo “miles de gracias” cuando la película fue terminada.
En dos entrevistas separadas, escuchamos a los dos lados de este encuentro entre los dos cineastas altamente influyentes en el cine actual. Como describe Tarantino, en una entrevista de 2012, Gilliam le dio “el mejor consejo”.
Le pregunté: “Mira, todas tus películas tienen un aspecto muy específico ... tienes una visión, tus películas tienen una visión, y esa visión específica está en todas tus películas, ¿cómo lo haces?”.
Él dijo: “Bueno, Quentin, no tienes que conjurar tu visión. Lo que tienes que hacer es saber cuál es tu visión y luego tienes que contratar personas realmente talentosas. Y es su trabajo el que debe crear tu visión”.
Cuando Gilliam explica la reunión, en otra entrevista, el cineasta repasa cómo le atrapó este talento “extraordinario” que vio en Tarantino y cómo las otras personas elegidas para ayudar a ser mentores del joven director simplemente “no lo entendieron”.
Ambas entrevistas merecen atención, mientras escuchas cómo un cineasta legendario pudo ayudar a darle forma a otro director.
Trad. EnFilme
Fuente: The Playlist