En 1816, Mary Shelley comenzó a escribir lo que se convertiría en su primera novela, Frankenstein o el moderno Prometeo. Ella estaba de vacaciones en el interior de una casa en Villa Diodati, Suiza, cuando, durante un sueño, la idea de un personaje monstruoso le llegó a su mente.
En 1965, el cineasta sueco, Ingmar Bergman, comenzó a escribir el guión de lo que se convertiría en su vigésima séptima película, Persona (1966). Él estaba en una cama en un hospital padeciendo una grave fiebre cuando imaginó el montaje de apertura de su filme.
Las imágenes de la secuencia inicial de Persona están asociadas a las obsesiones personales y artísticas de Bergman respecto al cine, la vida, la muerte, la religión y la sexualidad. Por momentos, la secuencia podría hacernos pensar en algún filme de terror. Es, probablemente, una coincidencia que algunas imágenes de Persona -referentes a cuerpos sin vida bajo sábanas blancas- nos recuerdan al monstruo de Frankenstein antes de su reanimación. Bergman nos muestra cómo la vida se respira en imágenes fijas por un proyector de películas, al igual que un rayo le da vida a la criatura. Persona recurre a la iconografía de terror (esqueletos, arañas, vísceras) que también está presente en las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de la novela de Mary Shelley.
Todas estas similitudes y coincidencias hacen pensar que, entre otras cosas, quizá Bergman estaba canalizando el Victor Frankenstein que está en el interior de todo cineasta, pues una película también puede verse como materia muerta que, mediante la luz y la obsesión del creador, se vuelve materia viva.
A continuación puedes apreciar estas similitudes en Persona versus Frankenstein, un video editado por Filmscalpel:
LFG (@luisfer_crimi)
Fuente: Filmscalpel