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Rafael Yglesias: ¿Por qué trabajé con Polanski?
Publicado el 11 - Feb - 2014
 
 
El guionista norteamericano, Rafael Yglesias, que sufrió abuso sexual cuando tenía 8 años, trabajó al lado de Roman Polanski en Death and the Maiden, y habla sobre las declaraciones de Dylan Farrow y Woody Allen. - ENFILME.COM
 
 
 

A raíz de las acusaciones de Dylan Farrow en contra de Woody Allen, y la respuesta del director como un intento por desmentir a su hija, el novelista y guionista Rafael Yglesias –nacido en 1954 en Nueva York, EE.UU.– publicó, para Slant Magazine, un artículo titulado ¿Por qué trabajé con Polanski? (Why I Worked With Roman Polanski) donde comparte su experiencia de haber sufrido abuso sexual a los 8 años y, a pesar de ello, trabajar con un violador. Además, define su postura respecto al caso Dylan-Allen tomando como punto de partida la cruel y amarga experiencia que vivió de niño.

A continuación te mostramos la traducción del texto:

¿Por qué trabajé con Roman Polanski?

Sufrí abuso sexual cuando era un niño de 8 años, escribí un guión para Roman Polanski, y he decidido creerle a Dylan Farrow.

Trabajé para un hombre que violó a una niña de 13 años de edad. Sabía que él la había violado, todo el mundo lo sabía, y estaba ansioso por conseguir el trabajo. No dudé, a pesar de que yo había sido abusado sexualmente cuando tenía 8 años de edad. No me detuve a pensar que todavía estaba luchando, 30 años después, contra las complicaciones que se desprendieron cuando un adulto seductor interfirió, de forma permanente, con mi desarrollo sexual.

Roman Polanski fue, y es, uno de los pocos directores que han hecho películas que merecen ser llamadas grandes obras de arte. En 1992, Warner Brothers me pidió que adaptara la obra de Ariel Dorfman, Death and the Maiden, para que Polanski la dirigiera. La obra trata sobre una mujer que ha sido violada y torturada. Paulina, la heroína, captura al hombre que ella cree la violó y torturó. El hombre secuestrado lo niega con vehemencia, y el drama, al menos en la superficie, se trata de si ella está en lo cierto y si lo matará. Cobré menos dinero –que otros trabajos que se ofrecen– con tal de escribir esta adaptación para Polanski. Era una oportunidad demasiado gratificante para mis aspiraciones artísticas como escritor, y una negativa honesta y recta resultaba muy vaga en cuanto a los beneficios para la sociedad.

Asalto sexual, violación de menores, acoso sexual y abuso sexual son términos clínicos y legales que me irritan como escritor, porque son vagos y engañan al oyente. Yo solía decir, cuando una parte de mí todavía estaba avergonzada de lo que me habían hecho, que había sido “molestado” por el hombre que juega hábilmente con mi pene de 8 años de edad, lo pone en su boca, luego sus labios los coloca sobre los míos y trata de introducir y empujar su lengua lo más profundo que puede, analmente no me violó. Supuse que si decía que había abusado sexualmente de mí o que me había violado, los demás entenderían que me había sodomizado, incrementando mis sentimientos de humillación. En vez de describir lo que me había hecho, elegí “acoso” con la esperanza de transmitir lo que me había sucedido.

Por supuesto que no fue así. Para que los oyentes pudieran apreciar y comprender lo que había sufrido, tenía que correr el riesgo de que se alteraran y salieran corriendo del recinto. Necesitaba ser claro y particular en todos los detalles para que, cuando dijera que me habían violado, entendieran lo que verdaderamente eso significa. No fui forzado físicamente ni brutalmente violado. De hecho –y esto es lo que más profundamente me avergüenza– mi pene reaccionó con placer cuando fue ingeniosamente acariciado por un adulto. 20 años después comprendí, en realidad, lo que aquel hombre me había hecho: él había provocado que, permanentemente, yo asociara esa primera experiencia de placer sexual con una sexualidad donde yo no tenía ni voz ni voto. Y eso, creo, es el verdadero significado de la violación.

Naturalmente, cuando leí por primera vez la carta de Dylan Farrow alegando que Woody Allen abusó sexualmente de ella, pensé que estaba cometiendo un error al no haber escrito exactamente lo sucedido. Ese es un error práctico porque los detractores pueden, y así lo hicieron, señalar que los investigadores no encontraron evidencias físicas del abuso sexual. Yo sufrí abuso sexual, pero no hay evidencias físicas.

También pensé que estaba cometiendo un error de credibilidad. Woody Allen es uno de los mejores directores del mundo. Es especialmente querido por mi generación, una generación que es sentimental sobre la importancia del cine y está muy orgulloso de las películas de Woody Allen, muchas de ellas, de las mejores que se producen en América. Para las personas que han tenido la suerte de no haber sido utilizados y abusados sexualmente cuando eran niños, hay un mundo de diferencia entre convocar una imagen de un querido artista abriendo las piernas de una niña de 7 años de edad, y empujando su pene en el ano o la vagina de la menor, en comparación con la visualización de un hombre inteligente, encantador y seductor acariciando las nalgas o la vagina de un niña. De cualquier manera, Dylan Farrow sufrió abuso sexual, pero centrándose en lo que ella experimentó con claridad y en detalle afectaría a cómo se perciben sus acusaciones y sería más justo para los acusados. Sólo aquellos que lo han experimentado pueden entender fácilmente cómo un hombre, en una posición de autoridad, a quien el niño quiere agradar, puede incrementar después de un periodo de tiempo el deseo del niño de los abrazos para acurrucarse en la cama, el roce de sus pezones, las nalgas, los genitales sin una demarcación de lo que eso significa cuando uno tiene 7 años de edad. Bajo los dominios casi absolutos de los adultos sobre los niños, incluso la penetración no requiere la violencia física que implica la palabra ‘abuso’.

Una niñera, supuestamente, declaró que Dylan a los 7 años tuvo que ser engatusada durante algunos días para hablar de los abusos. Yo era un año mayor cuando sufrí abuso. Nunca le dije a nadie lo que había sucedido. Me hubiera mortificado si alguien hubiera insistido en que yo platicara sobre lo sucedido. Ni siquiera tenía el vocabulario para hacerlo, y habría hecho todo lo posible para negarlo. Unas semanas después del suceso, el mismo hombre, empleando su seductora e insinuante técnica, molestó a un amigo mío enfrente de mí, y luego me molestó delante de él. Mi amigo y yo nunca hablamos de lo que había pasado entre ellos. El hombre que abusó de mí no era un familiar, no era un padrastro o madrastra, no era un padre adoptivo, no fue un sacerdote, tampoco un profesor. Él no tenía una posición de autoridad sobre mí. Yo tenía un amigo que presuntamente me habría respaldado. Sin embargo, nunca pensé en decirle a nadie, y mucho menos a mis padres. Si me hubieran confrontado, habría reaccionado como un culpable y traté de ocultarlo. Apenas conocía a ese hombre, pero era un adulto, y yo le creí cuando me dijo que me gustaba lo que estaba haciendo y de alguna manera me había invitado a hacerlo.

Algunos se han aprovechado del hecho de que los investigadores y psiquiatras en algún momento declararon que Dylan estaba trastornada. Unos meses después de que sufrí el abuso, quemé mi habitación. El apartamento de mis padres fue destrozado por los bomberos que intentaron controlar el fuego. Dos años después de que mi amigo y yo fuimos agredidos, nos dejamos de hablar. A los 14, yo bebía, fumaba hierba y hash, y me perdí casí medio año del octavo grado. A los 15 abandoné la escuela y escapé de casa. Si usted me hubiera preguntado en aquel momento si mi comportamiento tenía algo que ver con el abuso sexual, me hubiera enfurecido. Cualquier persona observándome habría dicho que estaba trastornado. Estaba trastornado. Me habían robado la capacidad de conocer mis propios deseos, de confiar que alguien, que me había mostrado afecto, no me conduciría al lugar donde no quería ir. Tenía la carga de un secreto que me negué a considerar importante y que yo temía que alguien se enterara.

¿Considero posible que, como afirma Woody Allen, una vengativa Mia Farrow engatusó y sedujo a una pequeña que quería complacer a su madre haciendo falsas acusaciones? Sí. También es fácil para mí creer que un genio egocéntrico decida que su amor hacia un niño debe expresarse sexualmente. Ambas posturas podrían ser verdades al mismo tiempo. ¿Creo que es posible que a lo largo de los años Dylan Farrow ha creado falsos recuerdos y cree en ellos, ya que admitirlos como mentiras resultaría sumamente devastador? Sí, pero menos que en las otras posibilidades. Hoy, Dylan voluntariamente, como adulto, puede ser atacada y humillada por un hombre tan reconocido y por sus millones de fans. Para Dylan, el hecho de mentir ahora, ya no tiene nada que ver con un asunto de padres vengativos y sus hijos, ya no busca satisfacer a su vengativa madre con sus declaraciones. Para ella, el hecho de mentir como adulto, tendría que ver con que ha perdido el contacto y la noción de la realidad.

Veinte años después, volví a sufrir de abuso, tenía 28, la misma edad que Dylan tiene ahora. Mi vida se había, a través de un esfuerzo considerable, estabilizado. Tenía una próspera carrera, estaba casado, y era padre de familia. Tenía todos los motivos para ser feliz. No lo estaba. Le dije a mi esposa lo que me había sucedido. Ya se lo había platicado a algunos de mis amigos más cercanos. No sabía lo que había pasado con el hombre que abusó de mí hasta que hice un esfuerzo por averiguarlo –en este sentido, hasta hoy, me avergüenzo de mi pasividad–. El hombre que abusó de mí no era famoso. No tengo que leer constantemente sobre sus proyectos y sus éxitos. No he tenido que soportar que cada persona con talento que he admirado estuviera ansiosos por trabajar con él. No hubo documentales laudatorios que ignoraron mi destino en sus manos. No tengo que verlo al momento de recibir premios en cadena nacional. Y, sin embargo, 20 años después he sido abusado por los recuerdos de lo que me pasó, mi resentimiento y el dolor me llegaron de golpe. En mi caso, es imposible que me hayan implantado estos recuerdos.

Cuando finalmente fui con una terapeuta, se lo platique. Ella no se detuvo en los detalles, tampoco intentó descubrir si había algún recuerdo que no pudiera recordar conscientemente. Se concentró en animarme a entender que ningún niño de 8 años es responsable de las acciones de un adulto. En mis 40 años, cuando le dije a mis padres lo que había sucedido, no pidieron detalles para convencerse ni insistieron en los efectos. Tampoco mi esposa o mis amigos. La gente se sentía triste por mí, sólo querían que me sintiera mejor, no les importaba hablar del suceso, pero manifestaban, en voz alta, su repulsión y lástima –y la profunda incomprensión de cómo un adulto podía comportarse así–. Les gustaba usar palabras como ‘monstruo’ para describirlo. No puedo evitar preguntarme si me habrían creído tan fácilmente y lo hubieran condenado tan ferozmente si él, también, hubiera sido el autor de muchas de sus películas favoritas.

No soy experto en el tema del abuso infantil. No soy fiscal ni tampoco juez. No he escuchado toda la evidencia que necesitaría para sentirme legalmente confiado de emitir este juicio: Creo que Woody Allen, por lo menos, se comportó de una manera que era manipuladora y seductora hacia Dylan Farrow y la tocó de una manera que yo considero que es un abuso sexual. ¿A quién le importa lo que pienso al respecto? A nadie. Y así debe de ser. Woody Allen no está bajo ninguna amenaza legal o financiera. El plazo de prescripción se ha agotado. Sus películas se seguirán realizando, serán vistas y premiadas. Mi elección entre la probabilidad de que, a sus 28 años, Dylan Farrow es una víctima profundamente perturbada y atacada por falsos recuerdos que fueron implantados por una mujer vengativa, o que es una víctima de un hombre narcisista incapaz de controlar su deseo por seducir y acosar a una niña y que esos actos no tienen consecuencias reales. Elijo creer en Dylan Farrow.

Sin embargo, no comparto la postura de Dylan de extender la responsabilidad a aquellos que han trabajado con Woody Allen. Actores, escritores y productores no son policías, jueces o jurados. En el ámbito del trabajo, los escritores, actores, productores y directores deben ser considerados responsables únicamente por su calidad y las ideas que plasman en sus obras.

La primera vez que hablé con Roman Polanski sobre la adaptación de Death and the Maiden, le dije que la escribiría únicamente si podríamos hacer dos alteraciones significativas. En la obra, Paulina nunca dice exactamente lo que se hizo con ella y nunca es capaz de demostrarle a su marido que ha identificado plena y correctamente a su violador. Le pedí a Polanski que Paulina platicara con su marido precisamente sobre lo que le había pasado, dando detalles sobre su violación. “Por supuesto. Ella debe decir lo que le hicieron”, dijo Polanski. El segundo cambio que quería hacer era escribir una confesión final y veraz final por parte del violador, lo que confirmaría que Paulina lo había identificado correctamente. La obra original había sido elogiada por su ambigüedad en este sentido. Le dije a Polanski que había pensado que si dejábamos que el violador escapara, la ambigüedad le quitaría sentido a su misericordia. Además, dije “eso es una trampa”. El violador y la protagonista saben la verdad –¿por qué estamos privados de ella?–. “Por supuesto”, dijo Polanski. “No decirle a la audiencia si es o no es culpable es una mierda”. Trabajar con un violador no es lo mismo que perdonar la violación.

De cualquier manera, estoy totalmente de acuerdo con Dylan Farrow que no debo honrar los logros de vida de un hombre simplemente porque disfruto sus películas. Por sí mismo, Woody Allen no es un ejemplo de una vida admirable, incluso cuando se trata del contenido temático de sus películas. “El corazón quiere lo que quiere”, está acostumbrado a decir. Como todos los que han sido violados, agredidos sexualmente, abusados y “fastidiados”, el deseo del corazón no siempre es admirable.

Rafael Yglesias

 
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