Selección Oficial de Largometraje Mexicano #FICM2015 - ENFILME.COM
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Selección Oficial de Largometraje Mexicano #FICM2015
Publicado el 27 - Oct - 2015
 
 
En este espacio compartiremos nuestras primeras impresiones sobre los 10 largometrajes de la Selección Oficial (Ficción) del FICM 2015. - ENFILME.COM
 
 
 

Día 1 · Día 2 · Día 3 · Día 4 · Día 5 · Día 6 · Día 7

En este espacio compartiremos nuestras primeras impresiones sobre cada uno de los 10 largometrajes que integran la Selección Oficial (Ficción) del 13º Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).

 

Un monstruo de mil cabezas

Dir. Rodrigo Plá, México, 2015.

★★★★

El marido de Sonia (Jana Raluy) está gravemente enfermo de cáncer, pero un nuevo tratamiento experimental puede, en gran medida, contrarrestar los efectos de la quimioterapia para reducir el dolor. No obstante, el seguro médico considera que el hombre no es candidato viable para someterse al costoso programa; Sonia busca desesperadamente alguna manera de convencer a los responsables de la aseguradora privada para que intercedan en el caso de su esposo. A partir de la novela de Laura Santullo –adaptada por ella misma para la versión cinematográfica–, Un monstruo de mil cabezas (2015), cuarto largometraje del cineasta mexicano, Rodrigo Plá (La zona, 2007; La demora, 2012), retrata la ajetreada y desgastante dinámica de las políticas sociales, donde la burocracia reduce al ser humano a cifras y papeleos, mientras que las corporaciones privadas sacan provecho de las inversiones de sus clientes sin responderles en los momentos de crisis y emergencia. La parte medular del filme recae en la actuación convincente e impetuosa de Jana Raluy; la actriz mexicana evita caer en la histeria, e interpreta su papel con una furia pragmática, pero sin que su personaje pierda su humanidad. El relato hace recordar una situación kafkiana donde un inocente está envuelto en un laberinto burocrático, y Plá adopta una puesta en escena claustrofóbica donde los personajes son arrinconados en los interiores, contenidos en una esfera emocional que en cualquier momento puede estallar. Todos –personajes y público– somos testigos potenciales; todos conformamos ese monstruo de mil cabezas, una sociedad indiferente ante la vulnerabilidad del otro.

LFG (@luisfer_crimi)

 

 

Sopladora de hojas

Dir. Alejandro Iglesias Mendizábal, México, 2015.

★★½

Después de un partido de futbol, Lucas (Fabrizio Santini), Emilio (Paco Rueda) y Rubén (Alejandro Guerrero) caminan por las calles de la zona sur de la Ciudad de México rumbo a sus respectivas casas. En el trayecto se percatan de la presencia de una ambulancia que les recuerda a Martín, el portero de su equipo que recientemente falleció en un accidente automovilístico. Los tres adolescentes se organizan para ir al funeral de Martín, pero su visión infantil y relajada de la vida los conduce a  buscar unas llaves perdidas en el parque, situación que retrasa sus planes para darle el último adiós a su amigo. La sopladora de hojas (2015), primer largometraje de ficción de Alejandro Iglesias Mendizábal, es una propuesta desenfadada que, sin caer en una apología del ocio, retrata la amistad de tres adolescentes que se regocijan en su inmadurez y su poca capacidad para asumir responsabilidades y tomar decisiones. El filme permite vislumbrar los miedos, los deseos reprimidos y la apatía de los adolescentes, pero la fragilidad y la superficialidad con la que son retratados estos temas desembocan en un relato divertido y despreocupado, pero poco introspectivo.

LFG (@luisfer_crimi)

 

Los herederos

Dir. Jorge Hernández Aldana, México, 2015.

★★★

La primera secuencia de Los herederos nos muestra a Coyo (Máximo Hollander), un joven de 15 años que, a bordo de su patineta y en compañía de su perro, transita las calles de un fraccionamiento de clase alta (al parecer ubicado en Condado de Sayavedra). El chico irradia alegría y tranquilidad, y pronto lo vemos con su gentil padre que le enseña a manejar y con su cariñosa madre (Úrsula Pruneda), siempre al pendiente de él. Sin embargo, afuera de esa burbuja que busca resolver cualquier dificultad con el dinero, habitan jóvenes como Ruco (Sebastián Aguirre), un adolescente prepotente que ve en la violencia una posibilidad de divertimento. Al igual que lo hizo Michel Franco en Después de Lucía (2012), Jorge Hernández Aldana se inmiscuye en la dinámica libertina de los adolescentes –aquellos chicos y chicas deseosos de fiestas, alcohol, drogas y sexo–; se molestan unos a otros y practican constantemente el bullying, pero ante el aburrimiento deciden explorar más allá de su círculo social involucrándose en una serie de juegos violentos que adquieren mayor riesgo cuando ponen sobre la mesa el uso de las armas. Los herederos es un agudo comentario social hacia la ceguera y permisividad de aquellos padres que tienen todos los recursos económicos necesarios para que sus hijos, a pesar de sus malas decisiones y acciones, no asuman las responsabilidades y castigos de sus actos.

LFG (@luisfer_crimi)

 

El placer es mío

Dir. Elisa Miller, México, 2015.

★★★

Rita (Edwarda Gurrola) y Mateo (Fausto Alzati) deciden trasladarse a una casa de campo en medio del bosque ubicada en Huitzilac, Morelos. El aislamiento, el contacto con la naturaleza y la idea de crear una especie de granja y sembradío autosustentable son las ilusiones que ambos tienen, pero la pareja de treintañeros no comparte la posibilidad de tener un hijo y formar una familia. El sexo se convierte en una vía de entretenimiento y curación para evitar caer en discusiones y riñas, pero las grietas de su relación se manifiestan e incrementan cuando llega Alexis (Camila Sodi), la prima de Mateo, una despreocupada joven que en apariencia luce risueña y amable, pero en el fondo es egoísta e hipócrita. Si en su cortometraje, Ver llover (2006), Elisa Miller elaboró un emotivo relato sobre la inocencia y el primer paso del crecimiento de un par de adolescentes que se percibían ligeros y llenos de ilusiones, ahora, en su segundo largometraje de ficción, El placer es mío, la cineasta mexicana se centra en dos personajes que plenamente viven la edad adulta, pero con miedos y traumas de cómo afrontar el futuro. Aunque el filme –al involucrarse en la dinámica cotidiana de una pareja– posee un tono repetitivo y monótono, el estudio de los personajes destaca por la manera en que la cámara enmarca la pesadez corporal de los personajes; da la impresión que en la fortaleza física de ellos se acumula una enorme cantidad de deseos lascivos que si no son liberados pueden desencadenar en actos violentos.

LFG (@luisfer_crimi)

 

 

Yo

Dir. Matías Meyer, México/Suiza/Canadá/Holanda, 2015.

★★½

Basado en un cuento del premio Nobel de Literatura, Jean-Marie Le Clézio, el tercer largometraje de Matías Meyer (Wadley, 2008), titulado Yo (2015), es el retrato de un joven de 15 años que físicamente aparenta mayor edad, pero, a pesar de su corpulencia y fortaleza física, sigue siendo un niño inocente, inmaduro, tierno y astuto. Yo (Raúl Silva) vive en un pueblo de Aculco (Estado de México) con su madre (Elizabeth Mendoza), que atiende un restaurante ubicado a un costado de una transitada carretera; mientras ella prepara los platillos, él le ayuda a matar a los pollos para que sean cocinados. El joven comienza una cercana relación de amistad con una niña de 11 años llamada Elena, a quien invita de paseo por el bosque para disfrutar el lago y la naturaleza que tienen a su alcance. La atmósfera idílica de este vínculo contrasta con el ambiente incierto de un karaoke nocturno, lugar en el que Yo descubre el placer corporal asociado a lo erótico y la sexualidad. Al igual que en Los últimos cristeros (2011), Meyer le otorga preponderancia al espacio natural para que se convierta en un personaje más que se fusiona con los anhelos, sueños y miedos de un protagonista que, aparentemente, vive estancado en una especie de eterna infancia y perpetuo ocio. Meyer establece una clara diferencia entre las dos etapas (la inocencia del niño contra la perversidad del adulto) que vive Yo para evidenciar la evolución de su personaje y no confundir al espectador, pero se muestra temeroso al momento de ejercer un juicio sobre él y no le brinda las herramientas para que Yo sea capaz de tomar sus propias decisiones en ese aparente tránsito hacia la edad adulta. Nuevamente, el director recurre a actores no profesionales, y las expresiones y modos de pronunciar de éstos, por momentos, lucen falsos, inverosímiles y al borde de lo ridículo, restándole contundencia al discurso del filme.

LFG (@luisfer_crimi)

 

Te prometo anarquía

Dir. Julio Hernández Cordón, México/Alemania, 2015.

★★★★

El más reciente filme de Julio Hernández Cordón (Gasolina, 2008; Las marimbas del infierno, 2010) narra la historia de Miguel (Diego Calva) y Johnny (Eduardo Martínez), dos jóvenes que desde la infancia han forjado una intensa relación de amistad y amor. Además de transitar por las calles de la Ciudad de México en patineta y convivir con otros “skaters”, los jóvenes están involucrados en un turbio y clandestino negocio de venta de sangre. Ambos contactan a un paramédico llamado Gabriel (Gabriel Casanova) para que –como ellos lo dicen– los ordeñe y les extraiga la leche roja a cambio de dinero. En una ambiciosa maniobra, Miguel involucra a varios de sus amigos y conocidos para que participen en una enorme transacción de sangre, sin embargo, cuando se percatan que están lidiando con un peligroso grupo criminal, la situación se sale de control y la tragedia es inevitable. Uno de los elementos presentes en la reciente Mad Max: Fury Road (Dir. George Miller, 2015) es el prisionero utilizado como una bolsa del líquido vital que alimenta al criminal. La premisa de Hernández Cordón recuerda el filme de George Miller, pero más que una alusión perteneciente a un discurso postapocalíptico de ciencia ficción, el director alude al tema del tráfico de personas desde una óptica macabra que hace inevitable pensar en el violento contexto que se vive en gran parte del país, donde si las autoridades y el crimen organizado se han sumido en una guerra, entonces se vuelve verosímil que haya grupos interesados en transfusiones sanguíneas y órganos humanos. El director muestra una hábil mano para mezclar algunos códigos del cine noir con el realismo del documental y aproximarse al estilo de vida cotidiano de los skaters; jóvenes que toman los espacios de manera subversiva y que hacen uso de los espacios abiertos que cumplen con las condiciones de suelo y desniveles necesarios para desarrollar su actividad. Hernández Cordón explora de manera dramática y realista los sentimientos de culpa y la intimidad de los dos protagonistas, interpretados de manera eficaz por los dos actores no profesionales que nunca abandonan las intenciones y motivaciones de los personajes.

LFG (@luisfer_crimi)

 

Mientras la prisión exista

Dir. Nicolás Gutiérrez Wenhammar, México/España, 2015.

★★½

El filme se centra en Jan (Joan Florescu), un migrante rumano asentado en Barcelona que colabora con una banda de estafadores que actúan en La Rambla para engañar a los transeúntes y turistas. Una noche, Jan conoce a Mariela (Nuria Florensa), una joven española que trabaja en un farmacia y que desea abandonar su país; el joven la ayudará a cumplir su objetivo, pero antes debe deslindarse de la organización criminal a la que pertenece. La ópera prima del joven director mexicano, Nicolás Gutiérrez Wenhammar, es una propuesta estilística arriesgada; desde el inicio se plantea una declaración de principios visuales que permean a lo largo del filme. Wenhammar recurre a los planos dorsales o semisubjetivos donde vemos las acciones como si estuviéramos detrás del personaje. Al ocultar el rostro y sólo apreciar las nucas y espaldas de los protagonistas, el autor busca contener las emociones y encerrar sus reacciones, pero nosotros como espectadores también nos sentimos aprisionados al no poder apreciar sus gestos, miradas y expresiones faciales que podrían ayudarnos a sentir empatía. En este sentido, aunque hay una sugestiva propuesta en la forma, ésta no ayuda a que el contenido resalte y sólo crea una barrera entre las preocupaciones de los protagonistas y la audiencia. Además de la presencia de algunos insertos documentales –donde aparecen una prostituta, un jefe de policía, un doctor y una trabajadora de farmacia hablando sobre su profesión–, destaca la presencia de la música; el “Adagio en G menor” (del compositor barroco Tomaso Albinoni) acompaña el ritmo semilento del relato y la cadencia pausada de los protagonistas que deambulan en las calles y callejones nocturnos de una especie de laberinto de la que no pueden escapar. 

LFG (@luisfer_crimi)

 

Almacenados

Dir. Jack Zagha Kababie, México, 2015.

★★★

Un lunes por la mañana, el joven Nin (Hoze Meléndez) asiste a su primer día de trabajo en uno de los almacenes de Salvaleón, una empresa dedicada a la fabricación y venta de astas y mástiles de aluminio. Ahí, él recibirá durante una semana la capacitación para hacerse cargo de la bodega, debido a que Lino (José Carlos Ruiz), hasta ese momento el responsable del enorme almacén, está a punto de jubilarse. En sus largometrajes anteriores, Jack Zagha Kababie (Adiós mundo cruel, 2010; En el último trago, 2014) pretendía crear momentos de solemnidad en tramas plagadas de un humor variopinto que oscilaba desde la ironía muy fina hasta el chiste obvio y simplón. Sin embargo, ahora, en Almacenados (2015), las dosis de humor son controladas, no caen en la exageración y ayudan a que la crítica social que se plantea adquiera mayor fuerza. Esto se debe también a que el guionista del filme es el dramaturgo español, David Desola, que se encargó de adaptar su exitosa obra de teatro en el terreno del cine. La palabra “almacenados” hace referencia al sitio para resguardar cosas y también a los dos personajes que invierten mucho tiempo al interior de esta bodega, sin embargo, también estamos ante un comentario incisivo sobre la vida laboral de aquellas personas que han sido tomadas como mercancía, sumergidas en un almacén y que, cuando llega el día de su jubilación, siguen sin ser tomados en cuenta como leales trabajadores, pero también es un cuestionamiento hacia aquellos que se asumen como responsables trabajadores cuando simplemente su labor es hacerse tontos mientras pasan las ocho horas de su jornada laboral. Gran parte del humor se desprende de la brecha generacional que existe entre Nin y Lino, en sus modos de pensar y en las absurdas percepciones que tienen sobre el significado del trabajo, la responsabilidad y el tiempo libre.

LFG (@luisfer_crimi)

 

La casa más grande del mundo

Dir. Ana V. Bojórquez y Lucía Carreras, México/Guatemala, 2015.

★★★ ½

Filmada en la Sierra de los Cuchumatanes, una cordillera que se encuentra en Guatemala, La casa más grande del mundo (2015) narra las peripecias de Rocío (Gloria López), una niña que, cuando su madre embarazada (Myriam Bravo) comienza a tener contracciones prematuras, debe hacerse cargo del rebaño y conducir a las ovejas a lo largo de las escarpadas montañas. Aunque es muy joven para asumir tal responsabilidad, Rocío la ejecuta con entereza y entusiasmo. No obstante, cuando ella tiene que buscar un pequeño cordero que le falta, el resto de los borregos se aleja, y ella debe confrontar sus más grandes temores. La realizadora guatemalteca, Ana V. Bojórquez, y la guionista mexicana, Lucía Carreras (Nos vemos papá, 2011), codirigen este relato intimista sobre el crecimiento de una niña que rápidamente se convierte en la responsable del cuidado del patrimonio familiar. El filme es una dulce fábula con un ritmo semilento que, mediante la presencia de personajes femeninos, revela las condiciones reales que se viven en la zona indígena de Huehuetenango: la ausencia masculina debido a la migración. A nivel visual, la fotografía de Álvaro Rodríguez captura la intensa neblina y las espesas nubes descansando entre las montañas para configurar una atmósfera mística que revela el miedo de la niña asociado a la presencia de un largo puente.

LFG (@luisfer_crimi

 

Bictor Ugo

Dir. Carlos Clausell y Joseph María Bendicho, México/España, 2015.

★½

La escena de apertura del filme danés Reconstruction (Christoffer Boe, 2003) consistía en un elegante y sofisticado mago que hacía flotar un cigarro con sus dos manos; el intrigante acto llamaba la atención del espectador para descubrir el filme y para conocer más sobre aquel mago. En Bictor Ugo (2015) la dinámica funciona al revés; el protagonista, Ugo (Hugo Hermo), es un fracasado ilusionista, un malhumorado hombre que, drogado y borracho, ejecuta grotescos trucos de magia con cigarros. El repudio que causa este personaje se debe a sus irritables actitudes y modos bruscos de acercarse a la gente; él no conoce la sutileza ni el refinamiento, tampoco el sentido de compromiso y el respeto. Durante varias noches seguimos los paseos de Ugo por las calles de Barcelona, somos testigos de sus encuentros y desencuentros. Joseph María Bendicho –que trabajó con Alejandro González Iñárritu en el scouting de locaciones para Biutiful (2010)– y el pintor mexicano, Carlos Clausell, codirigen este filme que, mediante un recorrido noctámbulo, pretenden elaborar un discurso existencialista que no alcanza las dimensiones filosóficas que ambiciona y sólo se queda en una verborrea que aturde porque no tiene claro a dónde quiere llegar. El trabajo de edición y la colocación de algunas secuencias que poco aportan a la trama evidencian un guión fallido que, quizá, fue trabajado conforme se filmaron las escenas sin una fase de preparación previa.  

LFG (@luisfer_crimi)

 
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