Para evidenciar las distintas partes que conforman el filme, los cineastas recurren al uso de los “signos de puntuación”. El corte permite transitar de un plano a otro, pero muy pronto, desde sus orígenes, el cine comenzó a experimentar otras formas de pasar de un plano al siguiente. Algunas de esas estrategias son denominadas fundido en negro y fundido en blanco. El primero es el más antiguo y consiste en imitar el proceso que realizamos cuando cerramos los ojos, el cerebro sigue funcionando, los abrimos y tenemos nuevamente la imagen; se trata, pues, de un oscurecimiento de la pantalla seguido de una apertura que permite el inicio de una nueva fase, de un nuevo enunciado audiovisual. Muchas veces es utilizado para dar la sensación de que ha transcurrido un largo periodo de tiempo en el relato. Por su parte, el fundido en blanco consiste en intensificar la luz del plano para que éste llegue al punto máximo hasta que la pantalla queda cubierta en su totalidad de color blanco.
El fundido en negro es una marca de tiempo; una especie de punto final, un recurso que indica el final de una fase para dar paso a una nueva. El fundido en blanco es capaz de crear un sentido de ambigüedad, puede significar muchas cosas; podría ser el final, pero también podría indicar la esperanza e iluminación que se ha alcanzado, incluso puede llegar a representar la felicidad del personaje. Sin embargo, también es la tristeza y la desesperanza, la desesperación y la euforia.
El editor, Jacob T. Swinney, recopiló fragmentos de filmes que emplean el fundido en blanco en el supercut Fade to White, para evidenciar la variedad de propósitos que implica el uso de este recurso:
Fade to White from Jacob T. Swinney on Vimeo.
LFG (@luisfer_crimi)
Fuente: Jacob T. Swinney (Vimeo)