Reseña, crítica Ágora - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Ágora
Ágora
 
España
2009
 
Director:
Alejandro Aménabar
 
Con:
Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac
 
Guión:
Alejandro Amenábar, Mateo Gil
 
Duración:
127 min.
 

 
Ágora
Publicado el 29 - Sep - 2010
 
 
Amenábar, desde el inicio de su carrera, ha buscado sacudir las expectativas y las creencias de sus espectadores, ya sea de manera efectista pero inteligente, a través del suspenso, como en Tesis (1996) o The Others (2001), o removiendo valores más cimentados. - ENFILME.COM
 

Maniqueo estandarte

Por Sofía Ochoa

Un buen cineasta le es fiel al detalle; un artista usa el detalle para aspirar a la verdad. Cualquiera que se haya topado con una sabrá que, al menos al momento de su nacimiento, es sencilla, inútil y perturbadora. Es natural, puesto que nace de una rebelión personal, valga el cliché, contra los cánones establecidos. De ello parece ser consciente Hipatia (Weisz), la astrónoma romana que protagoniza Ágora, versión siglo XXI de la matemática y filósofa neo-platónica que vivió en Alejandría a principios del siglo V y de quien hemos tenido noticia principalmente gracias a los escritos de Sinesio, uno de sus discípulos. Hay pues, dos Hipatias que en Ágora se unen por el espejismo de la megaproducción; una, la histórica que fue asesinada por cuestiones políticas, y otra, la que Alejandro Amenábar hinchó de atributos para usarla –de manera entretenida y atractiva- como estandarte anti religioso.

Amenábar, desde el inicio de su carrera, ha buscado sacudir las expectativas y las creencias de sus espectadores, ya sea de manera efectista pero inteligente, a través del suspenso, como en Tesis (1996) o The Others (2001), o removiendo valores más cimentados. En Mar adentro (2004), por ejemplo, abordó la cuestión que Albert Camus consideraba ser el único problema filosófico realmente importante, el suicidio. Con un personaje que agotó de manera heroica el análisis de la vida y su sentido, desafió indirectamente la postura de la iglesia hasta llegar a su más contradictoria paradoja: quienes se suicidan conocen realmente el sentido de su vida. Cinco años después, con su primera mega producción, un reparto internacional y un guión en inglés, el director español confronta nuevamente el cristianismo.

Ágora, su primer filme biográfico, apoya su argumento en la historia para darle peso a sus ideas. Para ello se enfoca en tres personajes, Hipatia, Orestes (Isaac), prefecto de Alejandría, y Davos (Minghella), esclavo de Hipatia. Intentó unir sus historias a través del amor y devoción que ellos le profesaban a ella; devoción y amor infructuosos pues la filósofa —aunque es interpretada doctrinalmente por Rachel Weisz, una actriz curvilínea y hermosa por demás, y posee atributos con los que las espectadoras que se consideren “modernas” podrían identificarse (es independiente, rebelde, fiel a sus ideales, exitosa, reconocida)— con sus togas de hombre, su rechazo no ya a la maternidad sino al sexo y el desprecio a su naturaleza es todo menos femenina.

Las historias de los tres romanos se entrelazan a nivel público a través de la contienda política que es sobre todo religiosa. Paganos unos, la pensadora y el prefecto, cristiano el otro, el esclavo venido a más, el curso de los acontecimientos los coloca, cada vez más cerca, uno frente al otro. Ella, virtuosa como Amenábar la pinta, resulta más mártir que cualquier santo cristiano. El prefecto se debate entre su amor casto y su posición política, y el esclavo, cristiano, cegado por sus creencias, traiciona y destruye sin poder evitarlo. Quizás la trama, a pesar de sus tintes melodramáticos, era salvable. Pero Amenábar, como si el planeta fuera plano y tuviera sólo dos lados, quiso mostrarnos la otra cara de la moneda, y delinear cristianos, no como en Ben-Hur (1959), piadosos y sentimentales, sino todo lo contrario, egoístas, ambiciosos e ignorantes en el mejor de los casos, déspotas y enemigos del conocimiento en el peor. Y a los paganos, piadosos, sentimentales, cultos y heroicos. Nos dejó pues en un universo maniqueo en el que los buenos se visten de colores y hablan con acento inglés, y los malos (esos bastardos) de negro y con acento de colonizados. Quiso, ya se dijo, que la historia le diera verosimilitud a su filme. Se apoyó, con éxito, en el detalle. La cuidada y supervisada reconstrucción de Alejandría refleja el trabajo de un equipo de primera obsesionado con la autenticidad. Sin embargo, Amenábar obvió que la verosimilitud no está hecha de tablaroca, que la verdad no deriva del lugar común y que la autoridad se pierde.

 
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