Reseña, crítica ALPS: Los suplantadores - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Alps
ALPS: Los suplantadores
 
Grecia
2011
 
Director:
Yorgos Lanthimos
 
Con:
Aggeliki Papoulia, Aris Servetalis, Ariane Labed, Johnny Vekris
 
Guión:
Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou
 
Fotografía:
Christos Voudouris
 
Edición:
Yorgos Mavropsaridis Duración:
93 min.
 

 
ALPS: Los suplantadores
Publicado el 02 - Nov - 2013
 
 
  • En Alps se busca la elaboración de la verdad por medio de la acumulación de los múltiples subuniversos, es decir, mediante los relatos y experiencias particulares de los otros. La idea del simulacro, como la adopción de varios subuniversos, está presente en la obra de Lanthimos.  - ENFILME.COM
  • En Alps se busca la elaboración de la verdad por medio de la acumulación de los múltiples subuniversos, es decir, mediante los relatos y experiencias particulares de los otros. La idea del simulacro, como la adopción de varios subuniversos, está presente en la obra de Lanthimos.  - ENFILME.COM
  • En Alps se busca la elaboración de la verdad por medio de la acumulación de los múltiples subuniversos, es decir, mediante los relatos y experiencias particulares de los otros. La idea del simulacro, como la adopción de varios subuniversos, está presente en la obra de Lanthimos.  - ENFILME.COM
  • En Alps se busca la elaboración de la verdad por medio de la acumulación de los múltiples subuniversos, es decir, mediante los relatos y experiencias particulares de los otros. La idea del simulacro, como la adopción de varios subuniversos, está presente en la obra de Lanthimos.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

Por Luis Fernando Galván (@luisfer_crimi)

Una persona capacitada para dar atención médica –alguien con nociones de primeros auxilios o un paramédico–, al momento de acercarse al paciente o víctima, debe llevar a cabo un cuestionario ordenado y sistematizado conocido como PREDANESMAA. Junto a la exploración que hace el primer respondiente, esta primera evaluación sirve para obtener datos que ayuden a la elaboración de una certera historia clínica que será de gran ayuda al médico que atenderá –en un hospital y con todas las herramientas– al herido o enfermo. Nombre, edad, dolencia principal, antecedentes, medicamentos, alergias y estado de salud son los datos esenciales que arroja el PREDANESMA. Cuando Mary, una chica de 16 años sufre un accidente automovilístico, el chofer de una ambulancia, llamado Mont Blanc (Aris Servetalis) realiza una serie de preguntas a la joven; sin embargo, éstas no tienen el objetivo de realizar un historial médico: “¿Quién es tu actor favorito? ¿Brad Pitt? ¿Johnny Depp?”  La joven –con una severa hemorragia interna, las costillas rotas y a punto de morir– no puede responder el inusual cuestionamiento. Acto seguido, Mont Blanc platica con una enfermera, Monte Rosa (Aggeliki Papoulia), y le proporciona algunos datos de Mary, pero todos ellos innecesarios para la elaboración de una historia clínica: “Juega tenis, debe hacerlo desde hace mucho. Su raqueta es ligera. No tiene hermanos y su actor preferido es Jude Law.” A la mujer no le parece extraño recibir ese tipo de información, y le pregunta sobre el color del cabello de la joven herida. La conversación, insípida e intrascendente ante la muerte del otro, resulta indispensable para que ambos puedan llevar a cabo su actividad clandestina.

Mont Blanc y Monte Rosa, junto con una joven gimnasta (Ariane Labed) y su entrenador  Matterhorn (Johnny Vekris), forman parte de Alps, un colectivo que se encarga de hacerse pasar por aquellos que han muerto para atenuar y suavizar la dura pérdida de los familiares. El nombre, elegido por su líder –Mont Blanc– responde a dos razones: distracción y metáfora. La primera de ellas tiene que ver con el nuevo enfoque de la percepción lingüística y su relación con el mundo, es decir, se elige una palabra que no refiere en ningún momento a la actividad que realizan. La segunda, es que el término se asocia a la superioridad de la cadena montañosa que bien podría sustituir a cualquier otra elevación como el monte Ararat o el McKinley, montañas inferiores a los Alpes. Los cuatro integrantes, y de acuerdo a sus profesiones, logran complementarse para llevar a buen puerto su tarea. El chofer de ambulancia es el encargado de investigar a los muertos: indaga y obtiene los datos primordiales cuando éstos recién sufren el accidente, o se aproxima a los familiares para conseguir la información; la enfermera (por su presencia física en un lugar lleno de enfermos y heridos próximos a la muerte) acecha rápidamente a los familiares para ofrecer sus servicios; la gimnasta, como si se tratara de un entrenamiento deportivo, ensaya constantemente los diálogos (palabras y frases exactas que expresaban las personas a sus seres queridos); y el entrenador –rígido y severo– no deja pasar ningún detalle y trabaja una y otra vez en cada uno de los pormenores para que la interpretación sea fiel a la realidad.

En Alps hay reglas, y Monte Rosa, obsesionada con la joven Mary, buscará romper algunas de ellas para aproximarse a la familia sin consultarlo con el grupo, pues ellos son quienes deciden quién interpreta a quién, y, en este caso, la enfermera le oculta al resto de sus compañeros que ha decidido, por cuenta propia, acechar a los padres de Mary para ofrecerles sus servicios; calza sus tenis deportivos, viste blusa y falda blancas, utiliza una muñequera, porta una raqueta y practica constantemente sus saques. De manera paralela, Monte Rosa mantiene una relación cercana con uno de los clientes que la ha contratado para hacerse pasar por su amante, y aunque el contacto sexual está prohibido, la enfermera cumplirá todos los deseos del hombre. Paulatinamente, la enfermera adquiere protagonismo, y el filme se centra en sus obsesiones e intenciones; una mujer sola hastiada de su vida que busca ser alguien más. Monte Rosa confunde la presencia de su padre con la de un amante, e intenta penetrar a la casa de Mary como verdadera hija de un desdichado matrimonio, e incluso, seduce al novio de la joven para validar y reafirmar su nueva identidad. Por su parte, a los clientes no les basta el recuerdo; la remembranza no es suficiente y requieren algo vívido. Por ello contratan los servicios de Alps. Necesitan la encarnación de sus seres queridos para volver a disfrutarlos y sentirlos, como el hombre que contrata a Monte Rosa para revivir los encuentros sexuales que tenía con su amante –ahora muerta– y le indica las frases que debe decir en pleno acto sexual.

Después del prestigio obtenido con su filme Kynodontas (Diente de perro, 2009) –ganador de Un Certain Regard en Cannes 2009 y nominado al Oscar como Mejor Película Extranjera en 2011– el realizador griego Yorgos Lanthimos recurre nuevamente a su experiencia previa en teatro para conjugarla con su estilo cinematográfico que consiste en encuadres fijos que ‘descabezan’ a sus personajes y enfatizan el espacio. Más por necesidad que por gusto, Lanthimos trabajó durante varios años como director de escena, empleo que le permitió un mayor acercamiento con los actores. El desempeño escénico de éstos y la relación cuerpo-espacio se han convertido en elementos primordiales a lo largo de su filmografía. En Kinetta (2005) utiliza un plano abierto –pero con cámara temblorosa– para retratar a un policía que intenta reconstruir una serie de asesinatos, y para ello requiere la ayuda de una mujer. Al tiempo que él relata lo que, posiblemente, realizó el criminal para agredir a su víctima, la mujer actúa como tal y el policía interpreta al asesino.  Se ejecuta la reconstrucción de los hechos dentro de un escenario llamado Kinetta, un pobre y desconsolado pueblo griego. En Kynodontas, el padre –que ha educado a sus hijos manteniéndolos al margen del entorno social y encerrándolos en su casa– es quien dirige las acciones de sus jóvenes actores haciendo que se comporten como perros, que coloquen sus cuatro extremidades sobre el piso y que de su boca salgan feroces ladridos para que el gato (el animal más peligroso del mundo, según el universo que ha construido el padre) no los ataque. La problemática de la interpretación es explorada con mayor detalle en Alps, donde, a base de repeticiones –tanto de diálogos como de acciones– los integrantes del grupo adquieren la habilidad para interpretar al otro.

La idea del guión surgió a partir de todas aquellas personas que escriben cartas o hablan por teléfono pretendiendo ser alguien más, incluso, alguien que ya ha muerto. Tanto Lanthimos como su guionista, Efthymis Filippou, prefirieron que sus personajes dieran la cara y que se plantaran enfrente de los familiares e interpretaran a sus extintos seres queridos. Aunque no quedan bien definidas las motivaciones del grupo, resulta claro que lo hacen por dinero, pero la ambición deja de ser el motor de sus intenciones, principalmente cuando Monte Rose se le ofrece a la familia de Mary y les explica que las primeras semanas puede hacerlo gratis. Sus intenciones van más allá; busca escapar de su propia existencia para ser alguien más, pero al mismo tiempo, no olvida quien es y defiende su propio espacio. Al darse cuenta que su padre –un anciano viudo– mantiene una relación estrecha con una mujer –también de avanzada edad–, Monte Rosa acude al centro nocturno donde acostumbran bailar para acercarse a la señora; la toma de las manos, y al ritmo de la música comienzan a bailar. Al poco tiempo, pierden el ritmo; no hay sincronía entre la pareja porque la enfermera –celosa y molesta– zarandea y sacude a la anciana. Más que un acto violento, la escena es conducida por un tono de humor absurdo que, también, se refleja en otros momentos como en el segmento inicial del filme donde la gimnasta entrena su rutina con la celestial Carmina Burana de fondo. Lo que ella anhela es ejecutar su acto acompañada de la melodía pop sesentera titulada Popcorn de Gershon Kingsley, a lo que su entrenador le responde que aún no está lista para el pop. La actitud absurda no sólo permea los instantes de humor, sino que es empleada por Lanthimos para cuestionar aquellas convenciones básicas de asociación que se utilizan para relacionarse con el mundo. Lo difícil que resulta darse cuenta y aceptar que las imágenes no son los objetos; así como un mapa orográfico o una fotografía de los Alpes no se aproximan a la verdadera naturaleza de la cadena montañosa. Y sin embargo, se crece con esa idea, recibiendo información y asumiéndola como verdadera. La obvia, pero contundente declaración del pintor belga René Magritte –cuando debajo de una pipa representada colocó la frase “esto no es una pipa” – busca romper la certeza del ‘ser’ de la imagen; ésta ‘no es’, sólo representa el mundo.

Se trata entonces de un simulacro; simulaciones que abundan en Kynodontas, donde las más evidentes son las lingüísticas. El padre, que elabora una ficción para encerrar a su hijos, los educa dotando a las palabras de nuevos significados: la “escopeta” es un hermoso pájaro blanco, el “teléfono” es un salero, y la “vagina” es una enorme lámpara que cuelga del techo. La percepción lingüística del mundo es deformada y como señaló el escritor norteamericano Paul Auster en La invención de la soledad: “el lenguaje no es equivalente a la verdad; es nuestro modo de existir en el mundo”. Mediante el lenguaje, el padre construye un mundo ilusorio y los hijos desean salir de esa especie de caverna para encontrarse con el mundo real. Mientras en este filme se alude a la construcción de un universo mediante la ‘destrucción’ del mundo real, en Alps se busca la elaboración de la verdad por medio de la acumulación de los múltiples subuniversos, es decir, mediante los relatos y experiencias particulares de los otros. La idea del simulacro, como la adopción de varios subuniversos, está presente en la obra de Lanthimos, así como no hace mucho lo evidenció –también en el cine– el francés Leos Carax con su Holy Motors (2012). Pero no se trata exclusivamente de la coexistencia del objeto real y su simulacro (o forma de representarlo y nombrarlo) sino de una hipercapacidad del hombre posmoderno para crear, interpretar, actuar y adherirse a nuevos y múltiples simulacros. Crear perfiles en redes digitales para integrarse a una aldea global responde a una necesidad de interactuar y mostrarse de acuerdo a la conveniencia de cada uno. El habitante de esa aldea global es una especie de ‘escultor’ virtual que moldea digitalmente su apariencia, edificando bellamente una falsa fachada que sólo muestra lo mejor de cada uno. El hombre posmoderno crea varios personajes, asume diversos roles y está dispuesto a interpretarlos –sobre un nuevo escenario– hasta el final del acto.

 
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