Reseña, crítica Bala mordida - ENFILME.COM
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FICHA TÉCNICA
Bala mordida
Bala mordida
 
México
2009
 
Director:
Diego Muñoz
 
Con:
Miguel Rodarte, Damián Alcazar, Octavio Castro, Alexander Dahm, Mariana Gajá
 
Guión:
Diego Muñoz
 
Duración:
113 min.
 

 
Bala mordida
Publicado el 27 - May - 2011
 
 
El recorrido que hace el director Diego Muñoz para entender y desentrañar las relaciones de complicidad entre delincuentes y policías, de afuera hacia dentro, es atascado y profundo. - ENFILME.COM
 

Por Sofía Ochoa (@sofochoa)

Una toma aérea del contaminadísimo valle de la Ciudad de México establece la primera tesis de Bala mordida (2009): esa capa tóxica que cubre de ocres el paisaje es sólo la epidermis que muestra síntomas de una enfermedad cuyo diagnóstico no queremos escuchar, pues intuimos que el cuerpo está desahuciado. El recorrido que hace el director Diego Muñoz para entender y desentrañar las relaciones de complicidad entre delincuentes y policías, de afuera hacia dentro, es atascado y profundo. Nada en Bala mordida se acerca a la belleza o la nobleza. La cámara está inmersa en las tuberías de un cuerpo ahogado en su propia pus en el que lo más cercano a la poesía es el albur.

Por si no nos quedó claro, Muñoz reafirma su tesis en la segunda secuencia. Dos patrulleros están en una misión ordenada por su Comandante (Alcázar): comprar cocaína al mayoreo para consumir y distribuir. Hernández (Rodarte) va por ella a un taller mecánico en el que un mafioso viejo y cojo de colmillo afilado se la entrega. Antes de llegar, separa una parte del fajo de billetes y se lo esconde. Al darse cuenta de que su pago está mermado, el viejo lo amenaza. Tras cierto forcejeo, lo más que consigue es la pistola del oficial. Hernández se sale con la suya, abandona del lugar y alcanza a sus compañeros. En ese momento, ellos están lidiando con una prostituta de muy mal ver que reclama el pago de su cliente, un taxista. Hernández, envalentonado, golpea a la mujer. Ella sale corriendo y vuelve con varios pandilleros que los atacan sin pensarlo. Recuperan la droga. La mujer le encaja un cuchillo a Hernández en el abdomen atravesando su chaleco antibalas. Al lugar arriba una conductora de televisión para entrevistar al policía herido. Él se victimiza. Y ella, al aire, le da atributos de héroe que el taxista, mintiendo, confirma: “me salvó de un asalto”. Con tres plumazos Hernández pasa de criminal a héroe. Normalmente, en la televisión, los espectadores veríamos la pantomima, no la historia real.

La trama se enfoca en el personaje de Hernández y su ascenso en la policía a chingadazos. Se regodea en la idea arraigada en el imaginario de los defeños de que los oficiales no están ahí para salvaguardar la ley y el orden sino para sacar provecho. Evade la caricatura. Estos hombres tienen conciencia, una historia triste detrás, paupérrimas oportunidades, sienten lealtad hacia sus compañeros pero, más que nada, un deseo caníbal de sobrevivir.

La clave para no ser una más de esas películas mexicanas de denuncia es su verosimilitud y la calidad de su factura. Damián Alcázar da el papel de su vida como Comandante. Muñoz borró los vicios en los que en ocasiones incurre el actor. Es otra vez el malo, pero no es el mismo de siempre. Es autoritario, grosero, macho, vividor, carece de modales, se desenvuelve con una cortina de poder, logra que lo odiemos y le temamos, y, aún así, por momentos podemos verlo como el joven abusado, gracias a su espejo, el joven Hernández interpretado por Rodarte que, guardadas las proporciones, también está como nunca. No es ese narco fofo que no llena ni sus pantalones. Es violento, abusivo y transforma sus debilidades en tácticas de apañe. Se convierte en lo que más teme.

La ciudad de México se ve como la conocen los que caminan por sus calles a pie entre los paraderos y los puestos de comida: corroída, sucia, apestosa, sobrepoblada y desesperada. Incluso las escenas de acción, casi siempre ridículas en el cine mexicano, lucen naturales. Si por momentos lucen ridículos los actores, no es por falta de dirección sino por respeto a su fuente. Muñoz sabe hacerlos ver estúpidamente reales. Las únicas actuaciones impostadas son las de los conductores de noticiarios, una referencia clara a TV Azteca. Bala mordida no muestra nada nuevo bajo el sol. Sólo lo hace con la nitidez que nadie desea.

 
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